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El cementerio, el monte y el ejército

Me pregunto por qué la Dirección General de Tráfico no incluye el 31 de octubre y el 1 de noviembre (o incluso el 2 si, como este año, cae en domingo) como días de "operación salida" y "operación retorno": hemos de ser millones los que vivimos en una ciudad pero somos de pueblo y volvemos a casa, como en Navidad, para llevar flores a nuestros muertos. Esta mañana, camino de Tauste, el tráfico era denso, denso; y no hacía falta ser la bruja Lola para adivinar adónde iban muchos de los coches que nos esfarraban*: a través de las ventanillas se les veían los ramos de claveles y gladiolos.

El 1 de noviembre te encuentras con mucha gente a la que habitualmente no ves, te paras un rato a hablar, pero qué majos están los chicos, ya los tienes criadicos, ¿seguís por Zaragoza?... Igual que en Navidad o en fiestas, sólo que en vez de por los bares te coges los capazos en el cementerio, entre lápida y lápida.

Me chocó la secuencia inicial de la película Volver, de Almodóvar, con las mujeres arreglando las lápidas y poniendo flores para Todos los Santos. Era una escena imposible, pese al trasfondo de realismo que retrata una tradición arraigadísima: nadie en su sano juicio va a limpiar las tumbas de sus familiares con el ventarrón que soplaba en aquella escena, menudo trabajo inútil; y en ningún cementerio de pueblo se saca la cantidad de polvo que ellas sacaban, porque las lápidas están cuidadísimas, casi impolutas, y si las hay que cogen telarañas porque la familia ya no se acerca, se las limpian los vecinos, aunque casi no se conozcan, para que no quede tan feo aquello y por respeto.

Eso sí, cuando te encuentras con gente querida, los besos suenan como en esa película, que es como se dan de verdad y como los da Luis Alegre, y no como los de compromiso, que tan bien describió Delibes en Cinco horas con Mario y que es como generalmente se dan ahora.

Es el día menos propicio para llorar a los tuyos. Pero se te queda un nosequé, un murmur por ahí dentro. Así que desde hace pocos años, justo desde que tanto en mi familia como en la de mi marido nos faltan seres muy queridos, optamos, sin confesar objetivos aparentes, por irnos a comer al monte, tomando el camino que parte precisamente desde el cementerio y nos lleva hacia parajes que casi no parecen pertenecer al paisaje de nuestro pueblo.

Nos vamos a Valdecarro. Allí, además de un sitio estupendo, hay una caseta bien arreglada, con fogón y una mesa grande, a disposición del que la quiera usar: sólo hay que pedir la llave en el Ayuntamiento (y dejar todo en condiciones cuando te vas, obviamente). Los críos (disponemos de seis) se lanzan rapidamente al monte a triscar, a coger palos y piedras, a buscar renacuajos y ranas, "a cazar jabalís" (en fin), a estar constantemente a punto de partirse una ceja como mínimo, a dar patadas al balón... mientras los mayores vamos preparando migas y carne.

Sólo hace falta un poco de sol para que el día salga redondo. Y hoy lo hemos tenido.

Tras la cuchipanda, nos hemos ido de excursión hasta la Gabardilla, un caserón antiguo y magnífico, hoy medio en ruinas. Desde bastante antes de llegar se oían estruendos repetidos. "¿Hay tormenta?", preguntaban los chiquillos. "No. Son los militares, que estarán de maniobras".

Justo al lado de la Gabardilla se extienden las alambradas que delimitan el campo de tiro de San Gregorio. Oyendo los bramidos de las armas me he acordado del post de Entrenómadas que explicaba el origen de la fiesta de Halloween, que tiene una raíz tan similar a todas nuestras fiestas de invierno: alejar los malos espíritus de la oscuridad con fuego y con ruido. Pensaba que el ejército español igual es que tiene una tradición de ese estilo, "los pepinazos de Todos los Santos"... pero bah, qué va a ser. Ese ruido nos metía a todos el mal rollo en el cuerpo; más bien parecía que convocaba a los malos espíritus, en lugar de alejarlos.

Aún así, como la alambrada tiene abiertos considerables portillos aquí y allá (los coches se meten en el campo de tiro hasta sabediós dónde, se veían algunos a lo lejos, supongo que serían cazadores), hemos pasado a caminar un poco por allí dentro. No había peligro de ser alcanzados por los pepinos: las maniobras se desarrollaban al otro lado de una colina; pero no hemos avanzado mucho. Aun sabiendo que no corríamos riesgos, los bombazos nos estaban revolviendo el estómago.

El monte de Tauste guarda hermosas sorpresas: caserones medievales, ermitas abandonadas y convertidas en cabañas de pastores; leyendas urbanas (bueno, leyendas rurales) tan naïf que contándolas nos hemos partido de risa, trujales y molinos derruidos, historias de santos patronos aragoneses desbancados por el centralismo castellano (¿sabíais que el patrón de los labradores en Aragón fue siempre San Lamberto, y que lo de San Isidro es "importado"?)... Testimonios de unos modos de vida ya desaparecidos y de los que se podrían contar muchas historias.

En todo caso, quedan para más adelante. Hoy ya me ha salido un post muy largo.

A la luz de las linternas, de los mecheros de gas y del resplandor del fogón; con vinillo, jamón y una empanada (qué ricas las hace mi cuñada Pili, por dios), hemos terminado la tarde. Los críos se querían quedar allí a dormir. Pero su vida, como la de los adultos, es ya urbana (y en este concepto incluyo a los que viven en Tauste). Ese hermoso monte, para nosotros, no es un lugar para vivir. Pero al menos sí que puede ser un lugar para gozar... a pesar de los militares.

*Esfarrar: adelantar. Ya que estamos hablando de mi pueblo, permitidme que incluya una palabra que allí todavía se usa.

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4 comentarios

laMima -

Oye, que yo no me he enterado de nada....¿que ha pasado?

Inde -

Sí lo vimos, sí. Y saqué alguna foto, aunque no se distingue muy bien porque las tomé de lejos. Mi cuñado Pepe nos iba contando, de camino, cómo fue un auténtico milagro que se pusiera a llover, porque ya habían desalojado Castejón y la cosa tenía una pinta verdaderamente fea. Si no llega a ser por aquella lluvia providencial, todas esas "afotos" habrían sido de un paisaje tétrico y desolador.

A ver si nos vemos un rato un domingo de éstos, que os echamos de menos...

Mil besos para todo el "equipo Berna".
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f berna -

Hola Mary, a menos de 1Km tenias el desastre veraniego,por los pelos no se quemo todo lo que enseñas en "los afotos".Como no lo nombras me imagino que no lo visteis, de todas formas mejor. Un beso

laMima -

Me gusta vuestra forma de pasar un día así..un auténtico conjuro.
Menos mal que ayer el tiempo dió tregua (que bonitas fotos, un lugar realmente chulo si) y esas migas con carne seguro que aliviaron más de un mal pensamiento.
Eso está bien, muy requetebien.
Ahora, lo de los pepinazos...aishhh que mal rollo maja, jodías interferencias. No hay forma de justificarlas, no.
Espero que los chuzos que caen hoy les fastidien a ellos también la "fiesta".
Hoy, dia de recoger armarios y echar mantas. De estar en casa....oye, yo de pequeña era como tus hijos ¡mi reino por que esas tierras fuesen, de verdad, mi casa!
Besos mil.
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