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Otra de niños

Ayer me leí en El País Semanal un artículo titulado "Papá, dame un respiro", escrito por un tal Carl Honoré, que va sobre los padres hiperprotectores que agobian a sus hijos apuntándolos a doscientas actividades extraescolares y forzándoles a que sean los mejores en todo. No se trata, según el artículo, de una tendencia minoritaria; todo lo contrario. Este señor Honoré ha escrito sobre el tema un libro, Bajo presión, y afirma que "El impulso de modelar a los hijos con un celo sobrehumano, la llamada “hiperpaternidad”, evidencia el fracaso del modelo infantil actual".

¡¡¿¿El fracaso del modelo infantil actual??!!

E insiste, el hombre, un poco más adelante:

"Bajo presión explora el porqué del fracaso del modelo infantil actual y ofrece propuestas de todos los rincones del mundo para ayudarnos a encontrar una solución. El libro no es un manual para padres. Mi intención va más lejos: redefinir lo que significa ser niño y padre en el siglo XXI."

Ahí es nada.

Hay alguna otra perla cultivada en el artículo de marras, de las que reproduzco dos:

"Recientemente, un grupo de parlamentarios ingleses advirtió de que hay muchos niños cuyo sueño es crecer para ser hadas, princesas o estrellas de fútbol. La solución que plantearon: aconsejar a los niños de cinco años sobre la profesión que querían ejercer de mayores."

"Además, el exceso de protección de los niños está minando la solidaridad social, ya que cuanto más obsesionadas están las personas con sus propios hijos, menor es el interés por el bienestar de los demás."

No es extraña la publicación de artículos como éste; por lo general, en los medios de comunicación se van alternando los que culpabilizan a los padres por hiperprotectores con los que culpabilizan a los padres por desentenderse de sus hijos. O sea, que si atiendes a tus hijos, mal porque los agobias; y si no, también mal porque pasas de ellos. Mal, en todo caso.

Lo que me da risa son dos cosas: que el artículo clame contra el consumismo, cuando está escrito con la intención de venderte un libro. Y que sea tan malo, lo que invalida las opciones que tendría de conseguir su objetivo.

(Bueno, en realidad lo que más risa me ha dado es lo de los parlamentarios ingleses: resulta que, ahora, el hecho de que los críos quieran ser princesas o futbolistas es un asunto de Estado... ¡que hay que solucionar! Hostiaaaaaa...)

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3 comentarios

Inde -

Sónfor, le veo a usted formando parte del próximo equipo de pedagogos que elabore la próxima reforma del sistema educativo. Me juego una cena.

José Luis: es una pena que lo dejes ahí, porque me encantaría discutir este tema contigo. Lo traigo a menudo a colación porque me preocupa. Y me revientan los mensajes simplones que se nos hacen llegar desde los medios de comunicación. Estoy de acuerdo contigo en lo del modelo de vida actual. Pero la inmediata no es culpar sistemáticamente a los padres, que se hace, ni tampoco a los maestros, que también se hace (si me apuras, incluso más; al menos hasta hace poco)...

Si el problema se ha detectado, si se conoce, si se sabe de sus consecuencias, analicémoslo despacio a ver qué se puede hacer. Pero piquemos alto y no nos cortemos en las responsabilidades. Es fácil culpar a los padres, que no son un ente o un organismo, o un estado que se va a revolver contra la crítica. Es lo mismo que con el agua: ante los problemas existentes, se culpa al ciudadano corriente y se le pide que cierre el grifo mientras se lava los dientes.

No es serio, tío. Me encabrona.
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José Luis -

Hola Inde.

De acuerdo en la exageración de tener por objetivo "redefinir qué significa ser niño y padre en el siglo XXI", o lo de los parlamentarios británicos, pero también de acuerdo con buena parte del mensaje que he creído captar en el resumen del libro.

Desde mi pequeña experiencia y conocimientos, sí creo que la infancia de los niños se está empobreciendo a gran velocidad, pero no por el exceso de protección familiar, sino por el modelo de vida actual en el que los niños han de estar ocupados todo el día, o abandonados a la TV, para facilitar la vida familiar. Me refiero, claro, a la vida en la ciudad. Los padres les ven en el desayuno y en la cena, y ahí entra el sistema a satisfacer cada minuto libre que tiene el niño durante el día.

Hace poco leía en un blog genial sobre la pérdida del derecho a aburrirse por parte del niño. El derecho de pasar una tarde a su marcha con los amigos haciendo nada.

Lo dejo aquí.
Un saludo.
José Luis.

Harry Sonfór -

En realidad sí que es un preocupante problema de estado. Imagine un país en el cual todos los hombres son futbolistas y todas las mujeres son hadas. El estado debería invertir grandes sumas de dinero construyendo campos de fútbol y parques temáticos boscosos y toda la economía se iría al garete contratando los demás servicios a otros países. En todo caso, yo creo que la fórmula perfecta y equilibrada para la educación de un niño consiste en sobreprotegerlo una semana sí y la otra semana no. Una semana se le lleva todos los días a equitación, gimnasia rítmica, catecismo, violín, danza-jazz y esgrima y la otra semana se le da de baja, así durante toda su etapa escolar. Eso lleva al niño a sumirse en una enorme confusión, que es el estado natural del ser humano, y le prepara para sufrir los golpes y flechazos de la insultante fortuna que provoca el estadio adulto.
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