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¡He vuelto!

Bueno, es que estoy hasta nerviosa y todo. ¡Estoy escribiendo desde mi casa, desde mi ordenata... porque tengo de nuevo conexión a internés!

Casi se me hace raro, hacer doble clic desde el iconito de mi escritorio y que, ¡hop!, aparezca San Google todo espitoso. Un clic, mi correo. Un clic, mi blog. Doscientos clics, y doscientos blogs amigos... ¡Qué maravilla!

Menos mal que se avecina un puente festero y tendré algo más de tiempo para recuperar todo lo que me he perdido durante este mes largo desconectada del mundo... Mis Nómadas, mi Sónfor, mi Jubi, mi Antón Castro, mis Escalones, mis Carritos, mi Gavasa, mi Pepe Cerdá, mi Pandeoro, mi Córnea, mi Purnas, mis maestros, mis subversivos varios...

Y LaMima. A ésa no la he dejado mucho de la mano, porque cada vez que tenía oportunidad de poner los dedos sobre un ordenata prestado, de curro o de biblioteca, entraba en su página, para mí tan querida. No quiero hacerles un feo a los demás, que ya me disculparán: pero lo de mi Mima es distinto. Ella es para mí más que una amiga. Y su blog es más que un blog.

Hoy la he visto en la tele. De entre todas las cosas que me habría apetecido contar después de tanto tiempo de posts escasos y de urgencia, hechos de estrangis; de entre todas las historias que habría podido elegir porque se me han quedado en el tintero de un mes intenso y sin embargo casi en silencio, el regalo de LaMima y Ainhoa y Daniel esta tarde en unos breves minutos en la pantalla del televisor han sido el mejor regalo, el mejor tema para volver a escribir.

Como yo estoy algo más familiarizada con el tema de la acondroplasia desde que nació Ainhoa, si hubiera estado en mis manos la mesa de edición a la hora de montar el reportaje de esta tarde estoy segura de que habría salido distinto. No digo que mejor, sí que distinto. Habría incidido más en otras historias que de seguro habrán surgido durante la grabación. Pero el resultado ha sido bueno. Porque ha contribuido, de una manera natural, a presentar a una niña discapacitada en un ambiente y un entorno natural. Nadie, viendo ese reportaje, habrá sentido pena por Ainhoa. Y de eso se trata. De que, como muy bien decía su hermano Daniel, dé igual que la niña que tienes a tu lado sea así o asá. En ese reportaje se ha visto a una niña feliz, espabilada, chandriera, polvorilla, con sus juguetes y su familia, como un niño más.

De hecho, el reportaje se anunciaba (coño si han tardado a sacarlo, por cierto) algo así como (no recuerdo las palabras exactas) "¿Una niña diferente?".

Pues eso.

Me ha encantado la intervención de Daniel. Porque sus palabras, claramente diferentes de lo que habría dicho una persona mayor, han ido a dar en el clavo: se cabrea cuando oye que a su hermana la llaman "pequeñaja" porque eso no está bien. Cada uno es como es y se les tiene que querer igual. Se puede decir más alto, pero no más claro. Bravo, Daniel.

La guinda la ha puesto Julia, mi cría, cuando ha terminado el reportaje. Ha dicho: "¡Pero qué guapa es Ainhoa!".

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7 comentarios

Javier López Clemente -

Eso, eso, yo también quiero ver el reportaje, a ver si esta en You Tube.

Y re bienvenida jajaja

Salu2 córneos.

Harry Sonfór -

Oiga, qué alegría más grande, que llevaba un tiempo que este blog se movía menos que un gato descayola.

unjubilado -

Ya notaba yo que san Google esta mañana iba mas lento, ahora me lo explico.
Me hubiera gustado ver el reportaje, trataré de buscarlo.
Un abrazo.
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laMima -

Querida mía....

Entrenomadas -

Yo estuve todo el día fuera de casa y sin forma de ver el reportaje. Espero verlo en la página web de la tele o de alguna otra manera.
Tengo ganas de ver a Inma, Ainoha y Daniel.

Inde, digiere el atracón de San Google poco a poco, que conozco yo a una que se la tragó la pantalla y aún no ha aparecido.

Besos,

M

Fernando -

besos corazón.

Gabriel -

Bienhallada de nuevo. Será un placer volverte a leer, aunque me cueste... No se la razón pero la letra de tus posts me sale pequeñísima al leerlos desde Google Reader, y solo me pasa contigo. En fin...
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