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Lo mejor del verano

Ya lo fue el año pasado con "La monserga humana"; y éste, mejor aún, con la "Crónica de un paseante": las series veraniegas de Roberto Miranda en El Periódico de Aragón son lo mejor.

Cómo me gusta (y cómo envidio) su capacidad para contarnos la realidad cotidiana. Supera al "realismo mágico" de los escritores sudamericanos porque tiene mucha más gracia, un punto socarrón y bienhumorado que les falta a los sesudos autores del otro lado del Atlántico. Roberto está a bien con el mundo y con la gente, está en el mundo y es gente, y no mira las cosas desde una atalaya ni desde una cátedra, ni tampoco a ras de tierra sino aprox. a 1,70 de altura; con unos ojos que saben ver y con soltura y genio para contárnoslo.

Disfruto mucho con los artículos de Roberto cada mañana. Dan ganas de vivir, de disfrutar, de ponerle a todo un punto de humor imprescindible, de destensar, de aparcar neuras y hostias. Él y mis hijos me recuerdan todos los días que no debemos olvidarnos de jugar. Los adultos, con retranca. Yo, que ando hace tiempo a vueltas con el respeto a la Naturaleza y a todo lo que eso significa (incluido, desde luego, el ser humano; y lo digo por el rollo pantanero), me he partido de risa esta mañana cuando he leído:

"Ya anuncian los filósofos que "perdida la Naturaleza, aparece la Ecología", pero uno está seguro de poder contemplar dos horas seguidas un bosque (si no enredan mucho los insectos), mientras que no aguantaría ni cinco minutos a un ecologista (aun con aire acondicionado)".

Y me quité el sombrero cuando, a la vista de uno de los cocodrilos del acuario fluvial, sentenció:

"...está sacado de su contexto. No tiene que buscarse la comida (se la echan) y por ello no cocodrileará (el acecho, la descarga de adrenalina, el ataque implacable a colmillo suelto). Más que un cocodrilo parece un habilitado de las clases pasivas, un convaleciente, un producto subvencionado."

O cuando, frente a tanto montaje apocalíptico que nos están vendiendo sobre "la falta de agua" en el mundo, y tras ver el espectáculo de El hombre vertiente (que, por otra parte, le gustó, y es que debe de estar muy bien; o lo estaba, antes de que se accidentara su actor principal, que espero que se haya recuperado), comentó:

"Suben y bajan unos hombres colgados de arneses en una danza macabra. ¿Por qué van rígidos en rappel y no con unas gomas elásticas, que devolverían a la gente al jolgorio? Cucarachean los actores en un juego de telones cada vez más negro. Antes, los circos se distinguían por su gran colorido."

Pero es mejor leerlo entero, no entresacar frases, porque también, como al cocodrilo del acuario, las sacas de contexto. Y la finura y la gracia, la habilidad para reflejar el mundo, se ven mucho mejor cuando se leen los artículos completos.

Roberto y mis hijos me recuerdan cada día, sí, lo sano que es jugar. Y ver las cosas no con distancia (ni el uno ni los otros se distancian de nada, todo lo contrario) sino libres de cargas inútiles.

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6 comentarios

Entrenomadas -

Mientras que no aguantaría ni cinco minutos a un ecologista (aun con aire acondicionado)".

Demoledor, se me ha caído el café cuando lo leía.


Me lo he encontrado un montón de veces, pero jamas he hablado con él. Ahora cuando lo vea recordaré este disparo brillante. Y me partiré de risa. Más aún hoy que debo comer con dos ecologistas, y ademas son familia. Igual me tiro a la balsa de los cocodrilos, total como ya no cocodrilean.


Besos, Marisancho

M

Inde -

Ah, Roberto, ¡qué bueno el artículo de la Forana, pero QUÉ BUENO!!

Besos almodovarianos.

Inde -

Pues porque somos unos pesaos, José Antonio, porque no nos aguanta ya ni el Potito.

Y porque nos tenemos que tomar la cosa con humor, coño... ¡Venga, desfrunce el ceñoooo!
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José Antonio Domínguez -

No entiendo por qué ese correazo a los ecologistas, Roberto, cuando somos los únicos que nos hemos mojado al ver cómo al río le quitan no el esqueleto, sino el alma.

Roberto -

Gracias, Marisancho. Uno está acostumbrado a las críticas malas, pero ante los elogios se encuentra tan paralizado como la Forana, cuando el chino la sacó de su pabellón el pasado domingo cogida por un tendón raro. Tú sí que captas con fineza y humor lo cotidiano. Un fuerte abrazo

Fernando -

Me encantan los escritos de Roberto!
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