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El Ebro en la prensa

Esta mañana me ha saltado a los ojos este titular en la portada de El País:

Llamativo, sí (es lo que se pretende), pero desafortunado. El Ebro no es de la ministra ni del Ministerio.

La manera de redactar el artículo al que remite el titular no ha mejorado esa primera impresión: el periodista hace un uso chapucero del lenguaje y se ve que maneja los conceptos un poco al estilo "mocosuena, mocosuene". Por ejemplo, en la manera de citar el cargo de Francesc Baltasar (que no es "consejero medioambiental" de la Generalitat, sino su consejero de Medio Ambiente, que no es lo mismo), o en la de resumir las declaraciones de la ministra, que, según leo, habló de que se trataba de "aportar agua del cauce del Ebro", cuando en todo caso lo sería de un río de su cuenca.

No me extiendo más, aunque habría para reparar un rato en frases tan lindas como "Baltasar, muñidor del plan [...] tensó una forzada cara de póquer". El periodista reitera la redundancia de su insistencia y a mí es que me agota el cansancio por extenuación.

Ya puestos, hojeo otros periódicos.

En el 20 minutos nos ofrecen consultar "el estado de las cuencas del Ebro en tiempo real". Como si no tuviera suficientes líos de gestión siendo una sola. ¿Qué idea tendrá el redactor de lo que es una cuenca?

Más o menos la misma, supongo, que la que tiene el redactor del Heraldo, o aun el mismísimo presidente de la CHE, de lo que es la meteorología: "Habrá que estar pendientes de la meteorología", se dice que afirmó ayer José Luis Alonso, aunque imagino que de lo que habrá que estar pendientes es de las previsiones meteorológicas, o incluso simplemente de la lluvia, de si arrecia o se para. Porque la meteorología es la ciencia que trata de la atmósfera y de los meteoros, y no me da a mí la impresión de que ni la CHE, ni la prensa, ni los ciudadanos en general estemos demasiado pendientes de ella.

La peculiar forma de redactar el resto del artículo también daría para un rato entretenido. Porque el periodista se refiere al caudal máximo de la avenida, o a su punta, como "la cresta de la avenida", cuando cresta, en el sentido que él pretende darle, sólo la tienen las olas. O porque afirma que "la punta de caudal" llegará a Zaragoza "con una laminación de caudal que alcanzará los 1.325 metros cúbicos por segundo" (aparte de que la palabra "caudal" se dice cinco veces en cinco líneas, intrigada me tiene qué cosa pueda ser una laminación de caudal que alcance semejante cosa, sin dejar de referirse, a todo esto, a una avenida del río a su paso por Zaragoza).

Lo más chocante, de todos modos, es lo de que los efectos de la crecida hayan "empezado a notarse aguas arriba del río, sobre todo a su paso por las localidades de Novillas, Gallur y Pradilla" (aguas arriba de Zaragoza, será; que el Ebro nace en Fontibre, aunque se haga macho en Aragón) y lo de que en el recinto de la Expo se hayan inundado la plaza temática Inspiraciones Acuáticas, la zona del anfiteatro, el aparcamiento VIP y el helipuerto "puesto que son espacios concebidos para inundarse en caso de crecidas del río" (fetén: voy a concebir este espacio para que se inunde y lo voy a llamar aparcamiento VIP; porque, repárese en el detalle, el que concibe los espacios de inundación soy yo, y no el río).

Por último, hete aquí que me encuentro con este titular de El Periódico de Aragón:

"El Ebro se enerva e inunda la huerta..."

Otiá, qué prosopopeya. El Ebro se enerva y, como se afirma acto seguido en el arranque del artículo, ayer "se encabritó" en Aragón. Qué creativo, díscolo, sorprendente, contradictorio, original y abracadabrante es este río nuestro. Casi tanto como nuestros periodistas, que juegan con el lenguaje sin atenerse a sus normas ni aun al sentido de las palabras (mucho me temo que sin tampoco consultar mucho el diccionario), o como el de nuestros políticos, que asombrosamente se asombran de lo que no es más que el régimen natural de los ríos, que crecen cada primavera o cada vez que hay lluvias, y ay de nosotros si no lo hicieran.

¿Que se ha inundado el recinto de la Expo? Pues claro, como que coincide en buena parte con un "espacio concebido para inundarse en caso de crecidas del río". Que el caso se da, porque las crecidas son anuales, cuando no extraordinarias; y ni aun ésas son raras, porque yo "sólo" tengo 42 años y ya me recuerdo bien unas cuantas.

Que San Fernando Lázaro Carreter y la fluviofelicidad nos protejan.

[En la foto, el Ebro, no sé si enervado, encabritado, guardando silencio o socavando algo, durante la crecida de la primavera del año pasado.]

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3 comentarios

Inde -

Ay, Santi, tienes razón. Qué mala leche hay ahí. Voy a ver si dedico el tiempo a cosas más útiles.

Además... ya me gustaría a mí, Mima, tener aunque fuera una pequeña parte de la cultura, la inteligencia y la retranca simpática que tenía aquel hombre sabio. Pero no, hija: va a ser que no.

No tienen por qué pagar los platos rotos los pobres periodistas, que bastante tienen con lo que tienen.

Sorry.
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SantIP -

Dos ideas para los titulares de mañana:
- El Ebro, parafraseando su propia historia, remonta sus caudales.
- El río esparce desdichas.

yo creo que cualquiera puede valer.
Ya veo que dejar de trabajar agudiza la "mala leche".

laMima -

Jajajaj....menos mal que "en faltando" Don Fernando queda Inde para vigilar los buenos usos.....
Besicos
PD No sé que va a ser de mi garage con el Ebro enervado y encabritado. Solo puedo huir.
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