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El relato de Alfonso Salillas, alcalde de Villanueva de Sijena

Yo conocía a las monjas de Sijena muy bien porque me crié allí. Desciendo de familia de canteros, ya mi tatarabuelo vivía en el monasterio, cuya plaza era de los oficios: el hortelano, el carpintero, el portero, el sacristán… Mi familia había estado allí trabajando siempre.

En el monasterio había “cruces enteras”, que eran las monjas nobles, y “medias cruces”, que eran las sirvientas que habían entrado con ellas. Eso era así desde el siglo… buf, no sé. Desde el principio.

El culto en Sijena era público, las monjas abrían todo el año de sol a sol y podía entrar todo el mundo. Formaban parte del pueblo y eran muy queridas. De hecho, en el 36 se les avisó de que estaban subiendo las columnas de los Aguiluchos [los anarquistas que llegaron desde Barcelona] porque las habrían matado; se refugiaron en casas del pueblo, se vistieron con ropas de paisano y así pudieron escapar.

Yo recuerdo que de niño un día me subí a los tejados, y desde entonces la priora me puso una monja para que me cuidara; en cuanto entraba por el monasterio la tenía de niñera. Yo me lo pasaba bomba, con aquella monja. Esa mujer me explicó, que era cruz entera y tenía muchos conocimientos, montones de cosas sobre la vida en el convento, cosas que no están en los libros. Lo mismo que mi padre, que murió en el 98 y siempre decíamos que lo teníamos que grabar, de lo que sabía sobre todo esto.

Las monjas se marcharon en 1970. En aquellos años hubo una actuación del Patrimonio Nacional en el monasterio, y se hizo un acuerdo entre la priora de aquí, la madre general de la Orden en Barcelona y el obispado de Lérida (al que pertenecíamos) para que las monjas se fueran de Sijena. Otras veces que había habido obras se quedaban aquí, en las casas del pueblo, pero esa vez acordaron que se iban a Barcelona mientras les arreglaban su vivienda.

Yo creo que no sabían que el obispo se iba a llevar todo lo que se llevó; pero una vez que ellas estuvieron en Barcelona, viene el obispo de Lérida con dos camiones, carga y se lleva todo. Se lleva incluso las antiguas vajillas de porcelana, las cuberterías, que yo las he visto poner; se llevan enseres personales, todas las vestimentas antiguas de la Orden de San Juan de Jerusalén, el antiguo armonium que no se quemó en la guerra, y hasta un gran belén de plata que ponían para navidad.

Había muchas cosas sin inventariar. Pero de lo que sí estaba inventariado, mi padre hizo un seguimiento cada vez que se enteraba de que hacían exposiciones de arte sacro en Lérida; fuimos haciendo un pequeño catálogo de todo lo que se exponía, porque más no podíamos hacer. Eso le sirvió al obispo Ambrosio Echevarría cuando se hizo el cambio de diócesis, que estuvo en mi casa un par de veces, para contrastar con los datos que ellos tenían, y nosotros les facilitamos todo lo que habíamos ido haciendo.

Aquel hombre tenía mucho interés. Nos enteramos por él –después de un viaje que hizo a Roma, que él lo supo allí– de las ventas que se habían hecho a la Generalitat de todos estos enseres de la Orden. Una se había hecho en los años 80 y Aragón no  tenía las competencias sobre patrimonio, pero sí que había que haber dado cuenta al Ministerio de Cultura, con lo cual es una compra ilegal. Y la segunda fue en los 90, cuando se tenía que haber notificado ya al Gobierno de Aragón, pero todo se hizo en secreto y por tanto también es ilegal.

Yo entré en el Ayuntamiento en junio del 95, y fíjate qué casualidad que en septiembre de ese año pasamos a formar parte de la diócesis de Barbastro. Eso me vino de perlas para poder informar al obispo de todo lo que había aquí, que como te puedes imaginar eran muchas más cosas que de las otras parroquias, y en valor también. Sin embargo, nada de eso está en el inventario de las obras que se tienen que devolver desde Lérida: no hay nada de todo lo que está sin comprar del monasterio, no hay nada de Sijena. Me dijeron, más o menos, que era “mucho tomate” para tratarlo todo de una vez.

Yo lo que veo es que estamos faltos de apoyo por parte de las instituciones. Cuando dice el Gobierno de Aragón que esto es cosa de los obispos… hombre, de los obispos y de alguno más tendrá que ser… Yo veo que se han tomado poco interés. Entiendo que hay unos acuerdos Iglesia-Estado que se deben cumplir. Pero cuando estamos viendo que por parte de Cataluña eso no se cumple, porque ahora mismo ya ves lo que está pasando, creo que desde el Gobierno de Aragón tendrían que reclamar por la vía civil, o al menos cubrirse las espaldas de algún modo, aunque sólo sea para que decir que eso siempre se ha pedido.

Y ya no estoy culpando a este gobierno, es que me da igual, yo llevo ya once años como alcalde y he visto que los sucesivos gobiernos se han preocupado poco por el patrimonio.

Y el caso de las pinturas es tan claro… Ésas tienen el tratamiento de botín de guerra. Se retiraron de aquí en el 36 (aunque luego aún se llevaron más en el 60), las llevaron a restaurar y ya nunca las devolvieron… Vamos a ver, yo creo que el Gobierno de Aragón debería hacer algo, que para eso tiene sus asesores jurídicos. Los frescos son un bien inmueble que no se puede trasladar, y además repito que son botín de guerra: se ve tan claramente que eso debería volver… Ahí no hay base legal, no hacemos más que darle vueltas a todo para que siga el litigio; cuanto más tiempo se pierda, mejor.

Cuando preguntamos qué acciones ha emprendido el Gobierno de Aragón para recuperar el patrimonio de Sijena se nos contesta que “están haciendo todo lo posible”.

Es una pena. Yo sólo digo que imaginemos si la cosa fuera al revés: sería sencillamente impensable. Por favor, cuando está todo tan claro, es que parece que tengamos miedo a tener razón.

Si nosotros, en vez de 500 habitantes, fuéramos un ayuntamiento de 5 ó 6.000, a lo mejor tendríamos dinero suficiente para emprender una acción por la vía civil, que es lo que me gustaría. En marzo hicimos un pleno para decirle al Gobierno aragonés que delegara en nosotros sobre este tema, porque hay un artículo en la Ley de Patrimonio que dice que la Dirección General puede delegar en los ayuntamientos; y viendo que no es capaz de defendernos con lo nuestro, acordamos esto en pleno, dijimos bueno, si vosotros no os veis capaces, delegad en nosotros que buenamente ya veremos cómo nos defendemos, pero desde luego vamos a hacer algo, coger un abogado y pedir lo que tenemos derecho, lo que entendemos que podemos reclamar.

Los que hemos vivido aquí sabemos la evolución que llevó todo aquello. Sabemos también que es mentira lo que una vez dijo Jordi Pujol de que gracias a lo que había pagado la Generalitat a las monjas por los bienes se habían podido construir un convento nuevo en Valldoreix: el dinero para construir aquel convento vino de una manzana entera que tenían las monjas en el barrio de la Bonanova, por Sarriá, y que se la vendieron en los años setenta.

Ángela Opi, la última priora de Sijena, era una mujer de mucho temperamento y duró muy poco en Barcelona; yo creo que se murió del disgusto, de ver cómo las trataban allí, ella que se creía que en el convento nuevo, siendo ella la priora más importante de la Orden, por serlo de la casa madre, iba a tener allí algo que decir…

Yo fui a verlas a Valdoreix varias veces. La primera, poco antes de irme a la mili, en el año 80, porque quería ver a la monja que me cuidaba de niño antes de irme, ella me dio tapetes para casarme, y cosas así. La mujer que nos recibió no nos dejó solos en ningún momento, como nunca lo hizo después, en todas las visitas que les hice: debía de tener miedo de que les dijéramos que todos los bienes de Sijena ya no estaban en Sijena. Porque la monja mía me hacía preguntas, bueno y cómo está el convento, y ponen dineros de Patrimonio, y ponen dineros, a ver cuándo podemos volver… Fíjate tú qué idea, poder volver. Yo le decía y bueno, pues van poniendo. Si le cuento yo a aquella mujer lo que había, la mato allí mismo. La otra hacía de guardián tontamente, porque yo de todos modos no le habría dicho nada.

Fue una putada, qué quieres que te diga. Si el Gobierno de Aragón no hace nada con toda esta historia es que… es que ya es lo último, esto. 

(De la entrevista realizada en Villanueva de Sijena el 15 de octubre de 2005)

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4 comentarios

Inde -

Pues estaremos para unirlas si tú quieres, Alcanadre, pero con el comentario que acabas de hacer aquí, acusando de varias cosas al alcalde, no estás contribuyendo demasiado a ese fin, ¿no te parece?

En el ojo de mi vecino veo una paja...

alcanadre -

Comentario conmovedor. Falta añadir, que el Sr. Salillas, ha impedido una ampliación del convento y no ha hecho nada de nada para que no se caiga el puente románico y ahora nos cuenta una historia a su medida. Pues que bien. Todos los vienes patrimoniales de un pueblo deverían volver a él sea el que sea, pero ante todo adecuar un lugar con todoa seguridad. Y no utilizarlos jamás para desunir pueblos pues las personas estamos para unirlas.
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mamen -

El relato conmovedor..y aterrador por toda la impotencia de un pueblo que no puede hacer nada por recobrar sus bienes. ¿Es posible que en el Aragón del siglo XXI todo ésto quede impune? ¿Y la Justicia? ¿Y Cultura? y.... Claro que si tienen como interlocutoras a unas pobres monjas que están muertas... apaga y vámonos.
Qué pena, penita, pena.

laMima -

"Cruces enteras" y "medias cruces"..que curioso.
Tremendo relato el de este hombre, si, al final casi suena resignado.
Uno tiene que hacer oídos sordos, o dejar que le tomen el pelo para vivir tranquilo claro. "Nos da miedo tener la razón", por supuesto. Es que si lo reconocemos de verdad es para empezar a repartir algo más que bofetadas.
Magnífico de nuevo guapa. Conmovedor.
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