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Batallas antiguas como las extintas monjas de Sijena

[Vista del monasterio de Sijena desde el claustro. La foto, de Luis Miguel Avendaño,
viene de la web del Instituto de Estudios Sijenenses.] 

En octubre del 2005 hice un reportaje sobre la situación de los bienes de Sijena para la revista Qriterio. Como aquella revista no se la leía ni el Potito, y ahora se ha vuelto a poner de moda el tema (el mejor resumen, aquí), os doy alguna información complementaria sobre lo que al respecto me dijeron las tres personas que entrevisté: Eduard Carbonell, director (aunque estaba a punto de dejar de serlo) del Museo Nacional de Arte de Cataluña; Jaime Vicente, director general de Patrimonio del Gobierno de Aragón, y Alfonso Salillas, alcalde de Villanueva de Sijena.

Carbonell, que me mostró el amplísimo listado de piezas de Sijena que tenían en el Museo (si bien representa un pequeño porcentaje del total de obras de procedencia aragonesa; situación que hace dudoso el propio nombre del Museo, que dice ser “de Arte de Cataluña” y que, como reconocía hasta Jaime Vicente, debería llamarse “Museo del Arte Aragonés en Cataluña”… pero eso es tema sobre el que abundar en otro momento); bien, pues, decía que Carbonell distinguía dos situaciones: la de las piezas adquiridas y la de las que tenían en depósito, caso este último en el que se encontraban tan sólo las pinturas murales de la Sala Capitular (por cierto, una de las joyas del Museo).

Aclaro que esas pinturas fueron arrancadas durante la guerra, tras haber sido quemado el monasterio por una columna de anarquistas procedente de Barcelona, y llevadas también a Barcelona, donde fueron restauradas (bastante chapuceramente, pero era cosa de la época, por José Gudiol Ricart) y depositadas finalmente en el MNAC.

[Las pinturas de la Sala Capitular, en el aspecto que presentaban en el siglo XIX,
según acuarela de Valentín Carderera] 

[Caín y Abel. Escena de la Sala Capitular fotografiada por Gudiol pocos meses antes del incendio de 1936]

Transcribo unos fragmentos de lo que me dijo Eduard Carbonell:

“Las pinturas son un depósito del año 40, un depósito de la Orden, que sigue siendo la propietaria y está viva en Barcelona, en un convento de la ciudad, donde se instalaron hace ya años [en esto se confunde, porque inicialmente sí se instalaron en la ciudad, pero a finales de los 70 se pasaron a Valldoreix.]

Esto es lo más antiguo. Lo demás es posterior y está todo adquirido, aunque de lo vendido ellas pidieron posteriormente una serie de piezas sin apenas valor artístico, como recuerdos personales o cosa así, y se les devolvió. La mayoría de las piezas ingresaron en los años setenta, que es cuando vinieron aquí las monjas, en forma de depósito; pero luego cambian de forma de ingreso, de depósito a adquisición, a partir de los años 80 y sobre todo en los 90. Las piezas se adquirieron por el Ayuntamiento de Barcelona o ya por el Museo.

Lo único que está en depósito son las pinturas murales, aunque hay un documento firmado por las monjas con la voluntad de darlas, pendiente del obispado, que el obispado entonces es el de aquí, el de Barcelona, porque las monjas ya estaban instaladas aquí. Eso fue más o menos cuando la compra de las últimas piezas. Pero esto no se llevó a efecto, te lo cuento claro, no se finalizó, está así aún. El obispado de Barcelona no se ha pronunciado sobre las pinturas.

Las monjas venían por allá con un abogado, que era del bufete Piqué y Vidal, no sé si te suena, uno muy famoso que ahora está en la cárcel, o por lo menos tuvo problemas; y con una mujer laica, una señora que se llamaba Alcalde, me parece, con unas gafas negras; venían ellos con las dos monjas, la priora y la otra, que eran ya muy mayores. Eso es lo único que está pendiente, las pinturas murales. Lo demás está adquirido todo, por el Ayuntamiento o por el MNAC”.

Le pregunté por las piezas cuya venta estaba denunciada y pendiente del Tribunal Constitucional, pero no me habló de eso. Se limitó a decirme: “Eso es Lérida. Aquí no nos han dicho nada”. Erraba. Quizá pensó que le hablaba de los bienes de las parroquias de la Franja.

[La Virgen María. Imagen fotografiada por Gudiol pocos meses antes del incendio de 1936]

Jaime Vicente también se refirió a estos dos temas. Sobre las piezas que se vendieron en los años 90, dijo que se encontraban en litigio desde 1997:

“Desde el Gobierno de Aragón se intentó ejecutar el derecho de retracto y la Generalitat se opuso; se recurrió al Tribunal Superior de Justicia de Aragón y finalmente la Generalitat interpuso un recurso ante el Constitucional, por conflicto de competencias. Esas últimas adquisiciones están todavía pendientes de que el Constitucional diga si el Gobierno de Aragón es competente para ejercer ese derecho y, en caso de que lo sea, continuar por la vía civil por el TSJA. No sabemos cuándo concluirá ese proceso”.

Acerca de las pinturas de la Sala Capitular, aclaró que eran un depósito de la Comunidad de monjas de Sijena, no de la Orden de San Juan, a la que esa Comunidad pertenecía; y, amén de la consideración sobre que si no se hubieran arrancado y trasladado a Barcelona seguramente se habrían perdido, dijo cosas bien interesantes:

“Las pinturas son parte integrante del edificio y por lo tanto no se pueden separar de él: son Bien de Interés Cultural y por tanto Aragón tiene derecho preferente en el caso de que se procediera a su venta, una venta que no se podría efectuar sin la autorización del Obispado de Barbastro, que es la diócesis a la que pertenece Sijena.

En cualquier caso, la Comunidad de Sijena es propietaria de esos bienes indefinidamente, porque goza de un régimen especial de propiedad que tienen algunos monasterios, que son inseparables: no es la Orden la propietaria, sino la Comunidad del monasterio. Son bienes vinculados directamente al edificio, al Real Monasterio de Sijena.

Quedan dos hermanas, me parece, de esa Comunidad, que están en Barcelona; pero ese traslado de hermanas no quiere decir que pasen a depender del obispo de Barcelona, sino que el monasterio, sus bienes y la Comunidad como tal siguen dependiendo del Obispado de Barbastro.

En cualquier caso, aunque la Comunidad dejara de tener miembros, si fallecieran las hermanas, no se extingue hasta pasados 120 años, desde la última persona que profesa en esa Comunidad de Sijena; y después pasan los bienes al obispado. Por lo tanto, de esas piezas que están ahora en depósito en el MNAC, la Comunidad podría disponer el levantamiento de ese depósito y por lo tanto el retorno de las piezas a Sijena; pero tendría que ser una decisión de ellas, el Gobierno de Aragón no puede intervenir ahí para nada, el patrimonio eclesiástico tiene un régimen completamente diferente a la jurisdicción civil, que no tiene ahí competencias”.

[San José. Imagen fotografiada por Gudiol pocos meses antes del incendio de 1936]

Vicente aclaró, asimismo, que un depósito se mantiene mientras el propietario no reclama su devolución y que sólo el propietario puede instar a su levantamiento; que los bienes que están en depósito pueden ser levantados en cualquier momento y que no hay derecho de propiedad de ningún tipo por el mero hecho de que haya transcurrido más o menos tiempo. “El depósito es imprescriptible”, concluyó.

Supongo que esto lo decía también porque, en el caso de los bienes de la Franja, desde Cataluña se han oído voces que argumentaban que durante decenios, a veces un siglo o casi, Lérida ha tenido esos bienes bajo su custodia “sin que nadie se los reclamase”, basando en eso un derecho de “posesión pacífica” o algo parecido. Y ese argumento carece de validez.

Finalmente, lo que me contó Alfonso Salillas es tan sentido, tan vívido, dicho tan con el corazón en la mano, que prefiero reservarlo para otro post. Os lo contaré mañana y, por primera vez en la historia de este blog, os recomiendo vivamente que lo leáis.

[Dormitorio de "cruces enteras". La foto, de Luis Miguel Avendaño,
viene de la web del Instituto de Estudios Sijenenses.] 

Mientras tanto, dejo en el aire dos reflexiones:

1.      Es obvio que a las instituciones les importaban poco las pobres monjitas; aparte de que ni aquí ni en el MNAC se tenía la menor idea de si vivían o morían, me las imagino arrugaditas como pasas, siendo llevadas de acá para allá, entre abogados y otros tiburones, a ver si firmaban papeles interesantes.

2.      Ojo ahora con las pinturas de la Sala Capitular: si la propietaria es la Comunidad de Sijena y ya no queda nadie, por mucho que tengan que pasar esos 120 años a los que se refería Vicente para su extinción legal… ¿quién puede ahora ordenar que se levante el depósito o se proceda a una venta? Mucho me temo que, en el mejor de los casos, las pinturas se quedarán 120 años más en Barcelona… si no aparece alguna argucia extraña que permita su cesión definitiva: que ya vemos que se intentó, vaya que si se intentó.

 

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7 comentarios

Francisco Serrat -

Cierto hijo tienes que mirartelo y con sumo cuidado,Maria,y Rita estan como yo en un vertedero gracias aragón,nosotros somos Catalanes,¿sera por eso?.

Inde -

María-Rita (los dos comentarios los ha dejado la misma persona): muy amable por permitirme "seguir haciendo reportajes". No sé qué habría sido de mí si no me llega a dar usted permiso para hacerlo.

En cuanto al desdoblamiento de personalidad, creo que debería usted hacérselo mirar.

Rita Fox -

Con la esquisitez que Belver de los Horrores,documenta a Aragón llegareis lejos.
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Maria Xistau -

Puedes seguir haciendo reportajes,cada pueblo tiene lo que se merece. Con politicos,curas y jueces roba tumbas,y un pueblo apesebrado llegareis lejos.

Diego de Rivas -

Pedazo de post! Con tu permiso me lo guardo para leerlo despacito.

Besos y gracias,

entrenomadas -

Yo también me he quedado sin palabras. Me lo voy a imprimir, me apetece tenerlo en papel. Además lo colgaré en el curro.
Es excelente este post. Magnífico.

laMima -

Me has dejado muda prenda, joé...
120 años: pasarán, claro que pasarán. Mucho me temo que sí. Que vergüenza me da todo esto.
Espero ese otro post impaciente.
Besos. Eres estupenda.
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