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La Fábula de la Raposa

La Fábula de la Raposa

Hace poco soñé que Paco Paricio me decía: "Vente, que tenemos un huequico". Era una invitación a irme con ellos de titiritera, y me daba una alegría tan grande que me le tiraba al cuello y le abrazaba con todas mis fuerzas.

Debió de ser, el sueño, porque estuvimos mi hermano y yo tratando de quedar para ir con los chicos al Teatro del Mercado a ver a Los "titis" y no hubo modo: hoy no puedo yo, hoy no puedes tú, hoy no quedan entradas...

Pero las madres de los amiguicos del cole de Quino sí se pudieron organizar, y hace unos días me llamaron a ver si nos apuntábamos para ir ayer, 3 de enero. Y sí.

Vimos La fábula de la raposa. Es una maravilla. Qué os voy a decir yo que no hayan dicho ya los jurados de los nosecuántos premios que le han dado y los miles de personas que la han visto...

Cuando terminó la representación, los largos aplausos me dieron el tiempo justo para limpiarme las lágrimas y los mocos antes de que se encendieran las luces; pensar en la cara de alucine que hubieran puesto las otras madres me ayudó a tragarme los hipos.

Llevo un tiempo que estoy de merengue y lloro por cualquier cosa. ¡Con deciros que en la presentación del libro Subordania, de Emilio Gastón, lloré oyendo recitar el "Manifiesto contra la mala arquitectura"!...

Y lo de ayer no fue por el emotivo gesto del titiritero hacia el final, cuando besó el sombrero del yayo, con todo y con ser una imagen que difícilmente olvidaré; fue desde el momento en que ese yayo salió a escena, o antes, cuando se oyó su voz, tan reconocible en tantas gentes que son, o han sido siempre, mi mundo. Dioses, yo ya sé desde hace años que Paco Paricio es un magnífico actor, pero... qué sé yo...

Supongo que es verdad aquello que decía Makinavaja: "En este mundo podrido y sin ética, a las personas sensibles sólo nos queda la estética". Pero no era sólo estética lo que hubo anoche en ese escenario. Fue talento, inteligencia, creatividad, amor por las cosas verdaderas, capacidad de comunicación, hechizo, una buena historia.

Ese yayo era de mi mundo. Del mundo al que pertenezco, donde me siento en casa. Es natural que se me atasque el inglés, que me den miedo los aviones y que recele del mundillo intelectual. Está claro que lo mío es otra cosa y lo malo es no saber, a estas alturas, el qué. Yo me habré dedicado a las letras, sí, pero porque son una buena herramienta. Lo que sé me es útil, y llevo el portátil en el bolso igual que mi padre lleva siempre el ajau en el coche.

Sin embargo, también sé que soy radicalmente diferente a ese yayo y que, de otro modo, ese mundo no es ni puede ser el mío...

"Ya te lo explicará tu madre en casa", contestaba el yayo-titiritero a los niños que le preguntaban cuando soltaba alguna coda dirigida a los adultos. Yo, o me aclaro, o cambio de vida, o no sé qué les voy a explicar a mis críos cuando me pregunten lo que otros allí preguntaban.

Al salir, Paco y la raposa hablaban con los niños que se iban yendo. Le di dos besos y le dije gracias, pero le tendría que haber dado el abrazo enorme que le di en mi sueño. Aunque no me lleve con ellos de titiritera.

 

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3 comentarios

Luisa -

¡Titiritera!, qué bien... aunque yo me he tirado más siempre por titiritera de mi misma, o sea, por lo de actriz: es mi frustración, seguro.
Qué chulada de post. Te imagino, a moco tendido. A veces es bueno. Nadie quiere llorar, ya. Pero hay tantas historias para ello.
Yo quería haber llevado a Daniel en Navidades a los títeres. Pero no pudo ser. Propósito pendiente.
Besotes
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laMima -

Cuanto me hubiese gustado repetir el ritual del año pasado y poder estar ahí contigo para recoger esas lagrimicas.
Yo le hubiese dicho a Paco: "llévatela, ahora que puedes. Seguro que no te arrepientes"
Pero igual mejor que no. Que ahora que ha bajado el telón, y entre tú y yo, te he de recordar que tienes mucho que contar a tus chicos. Y a mí. Y a todos.
Anda que....

bercimuelles -

Menudo era er Maki (¡¡gran Ivá!!). Otra de sus sentencias que dio pie a desternillantes tertulias a pie de barra: "Desde que se inventó el bidé y el cuchillo eléctrico, ya nada sabe como antes"
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