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Héctor Grillo

El 18 de marzo de 1982, el grupo de títeres "La Picaraza", compuesto por alumnos de 3º de BUP del Instituto de Tauste, puso en escena la obra "La pócima maravillosa", con gran éxito de público (crítica no hubo).

En la primera fila estaba el actor argentino Héctor Grillo, muy contento. Y no tanto por la calidad de la obra (cuyo nivel puede suponerse), sino porque era una muestra de hasta qué punto su presencia en el pueblo nos estaba revolucionando a todos. Aquella iniciativa se la debíamos a él: por él fabricamos los títeres, el teatrillo y la historia, creamos el montaje, lo pusimos en marcha... y lo más curioso es que ni siquiera le conocíamos. O tan apenas.

Héctor había llegado a Tauste hacía unos meses, precisamente, para revolucionar el pueblo. Lo trajo nuestro añorado, queridísimo alcalde y profe Carlos Alegre Seró, y fue un acierto absoluto. Llegó un buen día con Enza, otra excelente titiritera, en una furgoneta naranja. Morocho, rizado, más bien bajo, con ojos vivísimos, voz potente y una imaginación y una vitalidad portentosas, imprimió en los jóvenes de entonces, o en los que empezábamos a serlo, una huella imborrable. Para el resto del pueblo, fue un puro shock.

Héctor creó un grupo de teatro popular, organizó unas “Muestras de Teatro” veraniegas que nos permitieron conocer algunas de las iniciativas mejores y más divertidas de las que se cocían por entonces en España, tuvo ideas brillantes, sorprendentes, que volvieron el pueblo del revés porque involucraban a todo el mundo, como ir por Barrio Nuevo poniendo macetas por las ventanas, con marionetas altísimas en forma de jirafas, que daban susto y luego risa a las amas de casa; o pintar de colores los solares, llenándolos de pájaros y de fantasía; o montar por la calle de la plaza, una tarde de domingo, un “happening” con los teatreros vestidos de traje y corbata, maletín y máscara blanca, que llevaban entre sí agitadas conversaciones mudas, mosqueando a toda la gente de bien...

Llevó un pequeño taller de títeres en el Ayuntamiento, uno de cuyos participantes hizo llegar al instituto, un buen día, unas hojas mecanografiadas suyas donde se explicaba, paso a paso, cómo confeccionar títeres de dedos o “de manopla”. Algunos alumnos nos entusiasmamos con aquello y le propusimos a Javier, nuestro profesor de “Hogar”, que en lugar de hacer el golondrino en aquellas tediosas horas, nos dedicarámos a fabricar marionetas. Javier, que estaba del “Hogar” más hasta las narices que nosotros, accedió encantado. Montamos un tallercito en el aula de “Usos grales”, que tenía al fondo una cocina perfectamente ensuciable, y allá nos pasamos no sólo las horas de la asignatura en cuestión, sino todos los ratos libres que encontrábamos (y nos preocupábamos a conciencia de encontrarlos, de hecho). Para redondear la cosa, había también allí un tocadiscos. Hasta el día de hoy, las canciones de Dylan (“Hurricane”, “Sara”…), de Claudina y Alberto Gambino (su homenaje a Brassens) y de Boston (“More than a feeling”) me devuelven a aquellas horas de risas, conversaciones adolescentes, ilusión y papel maché de fabricación casera.

Tanto éxito tuvo el taller que participaron otros muchos compañeros que no se habían apuntado a aquella asignatura, e incluso otros profesores; destacadamente el de dibujo, nuestro querido Rubén Enciso, el pintor, que nos ayudó a crear el teatrillo (él lo pintó) y a construir y representar la obra (llevaba la marioneta del cura, trasunto del local Mosén Francisco, aunque no consiguió nunca decir bien la que era su frase favorita: “Ah, ¡qué calidá ‘i’ democracia!”; decía siempre “ah, ¡qué cálida democracia!”).

Héctor nos vino a visitar un día y comprendimos lo que era un titiritero. Conforme movía aquellas marionetas a medio hacer, les iba dando personalidad, vida: ¡y nosotros que sólo habíamos conseguido, hasta entonces, hacerles decir que sí y dar palmas!

Tras el ‘éxito’ de “La pócima maravillosa”, unos cuantos amigos mantuvimos en pie el grupo “La Picaraza” y montamos otras dos obras más, con diferentes tipos de títeres que cada vez nos fabricábamos. Actuamos en varios pueblos y también en Zaragoza… y el duende del teatro se instaló entre mis meninges.

Pero a mis padres les horrorizaba la idea de que su hija se fuera “de titiritera por los pueblos” y aquel sueño se truncó. Me quedé silbando en la vía, total, para no llegar a ser nunca, de todos modos, una mujer de provecho.

Héctor se fue un día de otoño hacia Sevilla con Enza y la furgoneta naranja. Mantuvo un estrecho contacto con El Silbo Vulnerado, con el grupo Garabaita (que ayudó a crear, y que también sigue gozosamente en activo, con una paisana y prima mía, Marisol Jiménez, en la brecha) y con algunos miembros de aquel grupo de teatro taustano. Volvió al pueblo varias veces; una de ellas, con su hijita Gabriela Mirta Bahíra, que tomó el nombre de la obra de teatro que representaban sus padres cuando ella aún estaba en la barriga, “Bahíra va”.

Al cabo de unos años, regresó a Argentina y se instaló en Córdoba. Nunca le hemos perdido la pista del todo y sabemos que ha estado en activo siempre.

Héctor murió el lunes, de un ataque al corazón. Le recordaremos como lo hemos recordado siempre: animándonos a ser creativos, a hacer cosas bellas. “Vos tenés que pintar”, “Vos tenés que escribir”, “Vos tenés que cantar”…

Chau, Héctor. Gracias.

 
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5 comentarios

Javier López Clemente -

Los artistas son grandes porque siempre los llevamos en el corazón.

Un abrazo.

Salu2 Córneos.

Luisa -

Qué hermosura de relato... y qué pena, sí. Le he comentado también a Mima que supe de la noticia hace unos días; lo puso Antón Castro, y busqué. Un beso, un beso.
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Mamen -

Conocí a Hector Grillo, y siento su muerte. Volví a verlo hace unos años en Zaragoza y hablamos un ratico.
Lo recuerdo con su alegría, siempre canturreando, su ilusión por transmitir a la gente -a los taustanos- su pasión por el arte en cualquiera de sus manifestaciones.
¿Se llamaba "la carreta de heno" la obra de teatro que dirigió Hector? ¡Cuántos años...!

Marta -

Impresionante la segunda foto

laMima -

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Recuerdo que era una delicia escucharle hablar: su acento, su entusiasmo, menudo lujo, haber conocido a una persona así.
Que época tan maravilosa me acabas de traer a pesar de la mala noticia.Veo esas fotos: mi marioneta horrorosica, la mano enguantada de Miguel Angel, la ternura de Rubén, ese teatrillo, las marionetas (las miro fijamente y las recuerdo perfectamente, que delicia..)nuestras caras en aquel tiempo...
(Por cierto ¿alguien conserva ese "libreto"?..)esos dos años de instituto fueron un auténtico tesoro lo mire por donde lo mire y Héctor fue uno de los artífices de eso.
Que pena que se haya ido.
Sí; desde el lunes el mundo es mas soso..más pequeño.
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