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De parte de Tiziano dal Farra y de vajont.org

Me envía mi buen amigo Tiziano, el mantenedor de la intensa y extensa  web vajont.org, un escrito poético de Bruno Pittarello, diciéndome:

"Lo he encontrado hoy en uno de los libros que compré contigo en Longarone. Bruno Pittarello era un niño el día del desastre de Vajont. Su casa, gravemente dañada por la gran ola, fue uno de los dos únicos edificios que quedaron en pie en Pirago, el pueblo de Vincenzo y Carolina [nuestros anfitriones en Longarone]. Después la tiraron 'para su reconstrucción'."

Comenta que "leer ese texto y pensar en la CHE ha sido todo uno", de modo que me pide que, desde aquí, se la dedique de su parte a la CHE y a la ministra Narbona, gentilmente. Y añade:

"La CHE y Narbona tienen la suprema 'ventaja' de poder leer esto ANTES del destino probable de los embalses absurdos de Itoiz y de Yesa. Y de reflexionar sobre ello, siempre que sean capaces de hacerlo. Además, la leerán como un homenaje de solidaridad de mi parte tus paisanos".

De modo que, traducido por servidora, aquí está el texto de Pittarello:

9 de octubre de 1988 

No es otra cosa la sabiduría del Vajont que un nuevo mundo
con el azul dentro y el verde fuera,
con las montañas del ocaso bordeando el curso de los ríos
sobre la blancura de las piedras y la tierra suave,
con la niebla que se deshace como una plácida marea errante. 

Pero los hombres avariciosos todavía llevan a la muerte a las ciudades

tras haber convertido la tierra en un desierto,

ignoran que las colinas y montes desnudos se deslizan,

condenan al olvido las reglas del pasado.

Porque las piedras del mundo siempre sufren asedios
y los codiciosos siguen haciendo castillos de sueños bestiales.  

El sol lo sabe y con su luz calma a las piedras furiosas,
mientras en la noche las ahoga en la oscuridad.
Entonces aúlla el agua bajo los puentes de los ríos
y las iglesias repletas de santos cierran los ojos. 

Viene la pausa del silencio.
Se mueven las montañas, avanzan las laderas,
caen de repente perforadas por feroces galerías de agua para la eternidad. 
Se acercan los altos montes, se multiplican las grietas,
torrentes gigantes, pese a las plegarias, abrazan a los hombres y se los llevan.

Los árboles se adhieren a los puentes como la hiedra,
no se sueltan, quieren ver la luna del bosque.
Y el hombre atraviesa las grietas, crea pasillos y redes de vías,
roba los dulces valles al río y redibuja su propia soberbia.
Con calma, las piedras preparan su victoria, fingen indiferencia,
poco a poco ruedan y traicionan al hombre.
La hierba esconde las grietas, las capas débiles, los contrafuertes inestables.
Después llega el guardián del tiempo que abre el telón e inicia el tormento. 

 

Escucha, sucede casi siempre de noche,
cuando el viento juega con el mar, cuando los árboles se pliegan para dormir,
cuando los hombres ignoran a las piedras creyendo haberlas dominado. 


 

 


La foto, tomada de vajont.org, muestra una de las lápidas acusadoras del antiguo cementerio de Fortogna, junto a Longarone, donde están enterradas las víctimas de la tragedia del Vajont. Ese cementerio ya no existe: lo han "rehabilitado" y convertido en un espacio frío, impersonal, ajeno a cualquier tipo de emoción. Los supervivientes dicen que les han robado lo último, la memoria de sus muertos, el único lugar que les ataba a la vida que un día tuvieron y que se les robó de golpe.


 

La lápida decía: "Bárbara y vilmente masacrados por inconsciencia y codicia humana. Esperan en vano justicia por la infame culpa. Asesinato premeditado. Vajont, 9 - X - 63". La había colocado Luigino, marido de Giovanna y padre de Gianni, Maurizio y Roberto, de 7, 6 y 4 años; él fue el único superviviente de su familia. Cuando supo que la pretendían quitar, como las demás, para la "rehabilitación" del cementerio, dijo: "El que la toque es hombre muerto". Pero el que murió, poco después, fue él. De modo que la lápida fue destruida. Como las demás.

Los supervivientes dicen que jamás volverán a poner los pies en ese lugar, que ya no significa nada para ellos. También eso les han robado. Sólo les queda su memoria, "mientras su vida alentare". Cuando ellos mueran, ¿qué quedará?

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