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Declaraciones de imPACATO ambiental

Lo de que en este país tengamos un Ministerio de Medio Ambiente, o que existan las correspondientes consejerías autonómicas de lo mismo, es simplemente una moda. Se estila, oye. Queda de lo más bien hacer como que tenemos unas gentes dedicadas por ahí a cuestiones medioambientales, buah, qué ecológicos que somos.

En realidad, son simples coladeros. ¿Que la legislación europea exige que se evalúen, mediante los correspondientes estudios, los daños que un proyecto o una obra puede causar al medio ambiente? No preocuparse: los hacemos. Tan bien y tan convenientemente que sortearemos lo que sea menester para que la cosa salga positiva. Bueno, pondremos alguna peguica para que el coladero sea más creíble ante el ciudadano, y así pediremos a Endesa, o a Iberduero (o lo que sea), que introduzca una mejora para evitar la muerte de algún quebrantahuesos, o a Aramón que en lugar de quince telesillas ponga trece, porque hay dos que, caramba, machacan comunidades de tomillo sanjuanero, y aquí paz y después gloria: adelante con la hormigonera.

Luis Solana, el alcalde de Artieda, me contó con detalle hace un par de años el borombollo que fue la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) para el proyecto de recrecimiento de Yesa. Y es pa llorar.

El estudio correspondiente para la EIA salió a información pública en mayo del 93; un año después, fue rechazado, por incompleto, por la propia Administración, que lo criticó después, aún, en varias ocasiones. A finales del 95, se anuncia oficialmente que se sacará a concurso la elaboración de un nuevo Estudio de Impacto, reconociendo por tanto que el antiguo no servía; y efectivamente el nuevo concurso sale publicado en el BOE en enero del 99. Dos meses después, sin embargo, se deja en el aire esa convocatoria, que nunca se llegó a resolver, y el Gobierno aprueba una Declaración de Impacto Ambiental positiva, basándose en aquel estudio viejo e incompleto...

¿No hay un tufillo raro por ahí?

La ministra Narbona, ahora, vuelve a decir que no hace falta elaborar un nuevo estudio, pese a las carencias e irregularidades del que hay, pese a que el proyecto de recrecimiento es otro distinto de aquél para el que se hizo; porque es un proyecto que rebaja las dimensiones del primero. ¿Qué más les da, entonces, cumplir con la ley? Ya ni se molestan en cubrir las apariencias. Las presiones exigen no cumplir ni siquiera con los meros trámites, pues no otra cosa son las Declaraciones de Impacto Ambiental que tenemos en España.

Me gustaría ver, por ejemplo, los estudios de impacto que han dado vía libre a burradas como la construcción de Marina D'Or, para evaluar a mi vez su rigor. ¿De verdad que semejante macrocomplejo costero no causa daños ambientales apreciables?

Pues con Yesa, lo mismo...

He de reconocer que yo tenía fe en la señora Narbona. Pensé que quizá por primera vez íbamos a tener una ministra de Medio Ambiente de verdad. Incluso llegué a imaginar (ríanse) que hasta podría ponerle las peras a cuatro a Boné. Ingenua que es una. O más bien, digámoslo claramente, tonta perdida.

Pero cal continar luitando.

www.yesano.com

 

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2 comentarios

inde -

Gracias, Dani: debes de ser el único. Ya ves qué poco éxito tienen los "post-denuncia": no deja comentarios ni el potito...
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Dani -

Me siento totalmente identificado con tus palabras. Sobretodo con la esperanza de ver en Narbona una esperanza. Pero, al final, lo de siempre...

Eso sí, como tú dices, cal continuar luitando.
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