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El Elypsos

Tengo, lo he dicho ya otras veces, miedo al avión. Un miedo irracional y tonto: me sé todos los argumentos en favor de la comodidad y seguridad de los vuelos, pero no me sirven de nada. Lo paso fatal. De modo que este viaje a Italia lo hicimos en tren: parecía una opción no demasiado mala, ya que para hacer el trayecto Barcelona-Milán hay un tren nocturno que se llama Elypsos y que tiene la categoría de "trenhotel". Podíamos hacer ese montón de horas cómodamente dormidos en un compartimento con cuatro literas que, incluso, podía resultar divertido y medio aventurero para los niños.

"El viaje de tus sueños, con Elipsos Trenhotel", dice el folleto publicitario de la cosa. "Sentir el ligero vaivén de un viaje que empieza. Disfrutar de las comodidades de un hotel rodante. Admirar los paisajes que se abren a nuestro paso..."

Bueno, pues la realidad es lo más parecido a un zulo que he visto en mi vida.

En esa agobiante miniatura tuvimos que meter no sólo todas las maletas (que abultaban más que nosotros), sino incluso el carrito de la niña, porque no hay ningún espacio en todo el tren destinado a este tipo de trastos. ¡Y eso que se admite llevar bicicletas, hasta un máximo de dos por cabina! Pues como no te las eches encima para dormir, a modo de sábanas...

Podría, al menos, haber tenido algún detalle coqueto. Pero no. Lo de las comodidades de un hotel, falso. Tan falso como lo de que se pueden "admirar los paisajes que se abren a nuestro paso", porque las ventanillas estaban PUERCAS a más no poder... ¡por fuera!

 

Los críos se lo pasaron bien, eso sí. Y hay que reconocer que el personal era muy amable, eso también. Pero yo no pegué ojo. Los trenes serán "de última generación", pero chirrían y golpetean como si fueran de mediados del siglo pasado.

Ahora bien, lo mejor fue a la vuelta: a eso de las doce de la noche para el tren y se empiezan a oír voces muy airadas en francés. Era la policía, buscando terroristas o delincuentes o vaya usted a saber qué. Porque, a todas estas, hay que decir que el revisor en estos trenes no se limita a comprobar tu billete, sino que se lo queda, junto con el carné de identidad, hasta la mañana siguiente. Acalladas las voces que venían del compartimento contiguo, llaman al nuestro de muy malos modos. Abro y aparece un poli francés vociferante, buscando a una tal "Tamara Martika", o algo parecido. Que dónde está, QUE DÓNDE ESTÁ. Y yo qué me sé, le contesto. El otro insiste, cada vez con más mala hostia. La mía no le va a la zaga. Le grito que pase, si cabe, y compruebe que ahí están mi marido, los niños, el carrito y chopotocientas maletas. Estira el cuello, comprueba y se va mascullando un "pardon".

Me llega a despertar a los críos y os juro que se lleva el carrito de gorro.

Bajo a fumarme un cigarro al andén, donde está el personal del tren aguardando pacientemente a que concluya "el operativo". No reproduzco sus comentarios, no vaya a ser que les caiga una bronca. Finalmente, bajan los polis empujando a un chaval, que protestaba inútilmente en su idioma mientras arrastraba sus maletas. ¿A que adivináis el color de su piel?

La próxima vez, sobra decir que me atiborraré de adormideras, o de lo que sea, y me subiré a un avión. Me harán pasar por gilipollas haciéndome probar el biberón de la Julia y metiendo los actimeles en bolsitas de plástico transparente con cierre de zip mientras se les cuelan en el parking coches llenos de bombas, pero es preferible.

Nota final: en el tren te dan unos neceseres con una pastillita de jabón, un cepillo de dientes y un tubín de pasta, y unos tapones para los oídos. Menos mal que no hice uso de nada, porque a la vuelta va y me encuentro con la noticia de que se han repartido miles de tubitos de pasta en aviones, hoteles (¿trenhoteles?) etc. con una sustancia tóxica. Señalan una marca, pero también dicen que pueden estar sin etiquetar... Y a éstos que nos dieron, desde luego, les falta toda referencia decente:

 

Con todas las comodidades de un hotel... ¡Jdkskjñiopurpkjjjsfprssst!

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9 comentarios

marcelino -

Ve vuestros comentarios, y tengo pensamiento de viajar a berna, en mayo proximo, ¿vale la pena hacerlo en este tren hotel?, Os lo digo porque quisiera ir en la maxima clase, y no es nada barato precisamente y me lo estan vendiendo tan bien,que la verdad despues de leer vuestras opiniones. ¡¡me lo estoy pensando¡¡

Luisa -

¡Camarote los brothers Marx! parece el Elypsos ése. Claro con ese nombre, no iba a tener un camarote grande, ni iba a ser un tren espacial, niña. De lo demás tienen la culpa otras cosas, creo ¿no? Aventura, aventura... Tal y como se ponen las cosas, entre mal servicio y coñazos de registros y demás, lo de viajar se está poniendo malito, malito... ¡qu´asco!

inde -

Como en todo, hay clases: y en estos trenes hay "Gran Clase". Pero me temo que mucho no va a variar la cosa, y no es por desanimar... Yo me iba buscando otro plan alternativo, la verdá.

Fernand -

Jodo, y yo que llevo un lustro ahorrando puntos de la visa renfe para invitar a la Carmen a un viaje romántico en tren a Ginebra en un tren hotel de esos... vamos, que mejor no, ¿verdad?
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inde -

Ay, Isabel, lo que me conforta saber que no soy la única timorata... ¡Ya pensaba que es que no me he quitao aún el pelo de la dehesa! (o, más bien, la hierba del ribazo)... Nos vemos el jueves, sí; no sé si con niños o sin, pero iré.

Enrique: en diciembre nos fuimos a Faro (Portugal) en avión, y me tenías que haber visto diciéndole a Julia "olé, olé, mira, que vamos p'arriba, qué bonitoooo!", mientras (con perdón) me cagaba patas abajo. No hacía falta, en realidad: también fliparon con las alturas, encantados de la vida.

Javier, ¿el kit lo quieres para cepillar el polvo a la colección de móviles? Porque pa otra cosa, maño... Bueno, igual los tapones pa las orejas te sirven, cuando tengas que aguantar a algún cliente insoportable. Te llevo uno el jueves. Muak.

Mima, ara mateix te mando un mensajito, fermosa.

Javier -

¡Carritos desplegados al tren!

Hala maña, que te pasa cada una...

Te compro el kit de supervivencia.

Enrique -

Bienvenida de nuevo a casa, Mari. Veo que no paras y que este blog no va a dejar de darnos sorpresas durante mucho tiempo. Pero coge el avión, mujer: hazlo por Quinito y por Julia. Pocas veces he visto yo a Inés y a Rafa tan emocionados como cuando volábamos sobre los Alpes camino de casa de Pepe. Para ir en tren, ya tendrán tiempo cuando se escapen de casa con cuatro duros en verano a robar banderitas a Estonia, mucho, mucho antes de lo que te imaginas. Besos.

Isabel -

Pues esta semana va de aviones... También yo tengo un miedo IRRACIONAL a volar, ¿por qué? Porque es irracional... ;-)
Como tú sé que es el medio mas seguro, el que menos accidentes tiene, el más comodo, el mas rápido... ya, y? Me da miedo, sin Orfidal no subo...
Bienvenida a casa.
Un beso y ¿hasta el jueves? (iré con niño "puesto", por si te sirve para llevar a los tuyos).

laMima -

Juasjuas...ala que....os imagino bien plegadicos en el camarote, si. Con la silla de paseo de prótesis dental jiji..
En realidad me da pena lo que cuentas porque, aunque no me da miedo el avión, me encanta viajar en tren y la propuesta de los trenes-hotel me parece preciosa: siempre que sean hotel no chamizo, claro.
Bah, seguro que Quinito se ha grabado el asunto en la retina y tendrá para contar a los restos, como tú.
El "Kit" espetacular, si. Guárdalo en bolsica cerrada por si acaso maja.
Anda, que ya iré mirando garrotes para que te arree Joaquín en el cogote en el próximo aeropuerto jejejeje
Besos y bienvenida again guapisma!!!
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