Blogia
inde-docs

De vuelta

Joaquín cierra ayer, en la foto, la puerta de la "casera" de Carolina y Vincenzo Teza, donde nos hemos alojado estos días, en la montaña junto a Longarone. No olvidaré nunca ese lugar ni las historias escuchadas y sentidas allí, en Erto, Casso, los parajes y aldeas cercanos, el cementerio de Fortogna, la propia Longarone.

Es imposible contarlas todas y tampoco tendría sentido hacerlo aquí. Estos días he conocido las historias más terribles y los paisajes más hermosos, súbitamente, yendo en pocos minutos de unas a otros, sin tiempo ni capacidad para asimilarlo todo. Tardaré en hacerlo: los contrastes eran vivísimos, las emociones también.

La generosidad de Carolina, el silencio de Vincenzo, la dignidad de Vazza, los ojos de eterna niña asustada de Micaela, la ternura de Gino, la serenidad de Italo, la hiriente sencillez de Franca, la fuerza vital de Osvalda; las impactantes imágenes de Zanfron, la angustiosa visión de la presa, la sobrecogedora contemplación de una montaña caída, la fealdad del pueblo nuevo de Vajont, el más triste de Italia, la amargura de las lápidas que salpican toda esa tierra, recordando con cruces, fotos, inscripciones, flores y pequeñas candelas siempre encendidas a quienes un día vivieron allí, donde hubo casas de las que apenas quedan trazas del pavimento o escalones que no llevan a ninguna parte... 

Pero también la belleza intensa de los valles, la imagen de Erto de noche, volviendo del refugio "Ditta" a través del monte con la luz de una linterna entre los vapores de la grappa, la majestad de las nubes que coronaban las montañas de Cortina y la Val Zoldana, la polenta comida en 'la Malga", un paraje que es, poco más o menos, la pura Arcadia perdida.

Entre todos han tratado de contarnos, a los fotógrafos y a mí, la compleja historia de una tragedia que no concluyó, sino que empezó, el 9 de octubre de 1963; porque al balance de las 2.000 víctimas hay que añadir los más de cuarenta años de dolor de los supervivientes, que han llevado una vida furtiva, cuajada de humillaciones e incluso de acusaciones, porque siguieron vivos para denunciar a los culpables y exigir justicia. Una justicia que jamás llegó. Sólo allí me he dado cuenta de que los responsables de aquella matanza no tuvieron ni un minuto para las víctimas: estaban demasiado ocupados en convertir la tragedia en una nueva oportunidad de negocio.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

6 comentarios

inde -

¡Un beso para ti también, Antonio!

Antonio -

¡Bienvolvida Inde!
¡Un beso!

m ; ) -

!Ay¡
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Fernando -

besos guapa...bloguellon el 12!...a ver si vienes y nos cuentas en vivo.

lamima -

Ay hermosa, como pueden ocurrir cosas así...el género ¿humano? a veces no tiene perdón.
Besicos y feliz vuelta guapa. Ya tengo ganas de que cuentes..

Javier -

¡Trágico y tremendo!
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres