Blogia
inde-docs

Bibliotecas, nuevas víctimas de la avaricia

Bibliotecas, nuevas víctimas de la avaricia

Este texto, y la foto, están tomados de la campaña organizada contra el préstamo de pago en las bibliotecas españolas. Llevan ya un tiempo en ello (por lo menos dos años), pero me parece que en los últimos días han conseguido hacerse oír algo más:

"No quiero que la Ley del Libro, la Lectura y las Bibliotecas actualmente en estudio castigue a las bibliotecas imponiéndoles un canon en concepto de derechos de autor por prestar los libros. Las bibliotecas ya pagan derechos de autor cuando compran los libros, no es lógico que paguen dos veces por el mismo concepto. Es como si a los visitantes de los museos se les cobrara la entrada y, además, cada vez que miraran un cuadro.

Las bibliotecas no dañan los intereses de los autores. Al contrario: son sus principales cómplices porque aseguran el principal de sus derechos: el derecho a ser leído. Estar en los estantes de una biblioteca es la verdadera consagración de un autor. Las bibliotecas, además, son el mejor escaparate. Muchos lectores compramos libros, para nosotros o para regalar, precisamente por haberlos conocido en ellas.

 

Las bibliotecas españolas todavía tienen pocos libros y todo el dinero que nuestras  Administraciones puedan invertir en ellas tiene que dedicarse a comprar más..."


 

La campaña completa, aquí.


 

Por otra parte, mi querido amigo Fernando Sarriá me envía un texto de José Luis Sampedro que me parece acertadísimo y que reproduzco al final.


 

¡Pagar las bibliotecas por prestar libros! ¡Qué sinrazón!


 

(Dicen que la capacidad de asombro es una de las cualidades que pertenecen a la infancia: pues yo debo de ser un bebé.)

Contra el préstamo de pago en biblioteca que pretende imponer la Unión Europea. Por la lectura

José Luis Sanpedro 06-03-2007

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.

Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen– a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.

En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio
b) es objeto de una sanción.
 Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?

Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.

Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

7 comentarios

inde -

¡Mola lo de la SGAA! Venga, mañana lo hablamos. Mientras tanto, mírate esto, que te va a encantar: http://pierrenodoyuna.blogspot.com/2007/03/propuesta-de-canon.html

Javier -

Ante Data (si se vale): el tema está un poco cogido por los pelos.

Hola Marisancho.

Estoy yo con esto del canon digital (como si fuera a ser analógico, a estas alturas, con los euros y los cents y todo que nos cuesta) hasta los mismísimos… ahora sólo faltaba lo de las bibliotecas, vamos que yo que no soy europeísta, sino internacionalista… bueno mejor no sigo por ahí y voy al grano.

Pues bien, si va ha haber que pagar por tener, por ejemplo, una cámara de fotos (que yo quiero para retratar como van creciendo mis niños y no se me ocurre, y me esfuerzo, que derechos de autor puedo violar con ella –¡coño!, igual me fotografío el mismísimo Guernica, que no lo tengo–), igual terminamos teniendo que pagar por mirarnos a la cara unos a otros (¡ah, derechos de autor!), un canon.

Bueno, pues siendo así, igual resulta que en eso del uso de los soportes digitales vamos a terminar siendo todos autores, y, siendo así, igual tenemos todos que recibir nuestra parte del jodido canon. A ver ¿cómo va eso?, ¿por número de socios?, pues nos montamos una SGAA (Sociedad General de Autores Anónimos) y repartimos… ¡por orden alfabético!; bueno o por número de asociados (¿probamos?).

A ver, en serio, si hay que pagar por un soporte digital capaz de almacenar algo que alguien ha creado, yo me apunto al reparto. Tú que, como creadora, seguro que sabes mucho más de esto y eres capaz de explicarlo muchísimo mejor, ¿porqué no proponemos la creación de esa SGAA?

Si mañana no tenemos que llegar nadando a la piscina, y coincidimos con los niños en ello, lo hablamos.

Ala, pues un saludo,
Javier (el de la Marga)

Jose -

Es una barbaridad como lo que le ocurrió a mi hijo en la biblio del cole, por olvidar devolver el libro a tiempo le querían cobrar 0,60 euros, cosa a la que me negé, hablé hasta con la profe, ¿que forma de incentivar a la lectura es esa de cobrar?, en la actualidad está expulsado de la biblio del cole por que no ha pagado su multa por leer un libro despacito... y ahora voy leo esto, por Dios que pena penita pena de país...
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Luisa -

Yo también he firmado ya hace tiempo contra esta estupidez. Es como si tuviera que pagar unos céntimos cada vez que en mi casa releo un libro que ya tengo, en vez de volverlo a comprar. Las cosas están llegando a extremos satíricos, por no decir otra cosa. Y la forma en que Sampedro lo ha contado es insuperable.

José Luis -

Quizá lo mejor sea que la gripe aviar, el escarabajo de la patata, o las fiebres amarillas, acaben con esta estúpida especie que es la humana. Y los que queden que empiecen bien desde el principio.

Siempre hay quien está dispuesto a dar una vuelta más al disparate.

Seguro que así fomentan la lectura en los niños. Seguro que así consiguen que los niños se enganchen a coger un libro en vez de pasar la tarde en la biblioteca jugando en minijuegos.net

Pocas voces más autorizadas que la de José Luis Sampedro.

Saludos.

Fernando -

Seguro que algún sesudo editor o a los magníficos defensores de los autores...

lamima -

Pero ¿a quien se le ha ocurrido semejante perogrullada?¿de que va la peña esta?... esto es totalmente surrealista hija.
Enfin, menos mal que hay gente con "muchismo seso en la sesera" que dices tú (vease ese hombre magnífico que se llama Jose Luis Sanpedro) que alza la voz para evitar cosas así.
Oye, pero que cuadrilla de....
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres