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El Pisuerga y Valladolid

El Pisuerga y Valladolid

[El cartel es de Margarita Sada. No sé quién es, pero me encanta. Lo he encontrado aquí]

La leí al principio de las vacaciones y pensé que no le dedicaría un post porque para la vuelta ya estaría vieja la cosa. Pero algo escribí ya por entonces. Y ahora, pesadica que es una, la he vuelto a tener presente con todo este rollo que se montó a raíz de lo de Raúl Tristán con el XLSemanal. Quizá la estoy sacando ahora, en realidad, para no volver a acordarme más de ella.

 

Era la carta premiada en el número 984, correspondiente a la primera semana de septiembre. La firmaba Aída Alejandra Carrasco Feijoo, de Ribaforada. El enlace a la revista es éste, pero no salen las cartas de los lectores, así que la reproduzco. Se titula “En un mundo sin Dios”:

 

«He leído la historia de los niños asesinos y he vuelto a sentir aquella tristeza que tengo al oír o al ver cómo vamos evolucionando los autoproclamados seres inteligentes, no importa de dónde seamos, de América, de Europa o de cualquier país. Dejamos a nuestros niños a la buena de Dios en un mundo sin Dios; los padres somos los responsables de los actos de nuestros hijos y delegamos esa responsabilidad a la sociedad. No nos dicen a qué pena fueron condenados los padres de aquellos niños que formaron tales monstruos, quizá a la imagen y semejanza de ellos mismos. Mi niña tiene cinco años y espero poder enseñarle a sentirse responsable de sus actos, a ponerse en el lugar de la otra persona. Es verdad que en esta vida tenemos que trabajar para poder vivir bien, pero si eso significa perder la pista de mis niños, adiós trabajo. La sociedad no agradecerá la nueva videoconsola que les compre, pero creo que lo hará con creces si les enseñamos a amarse sin pisar a los demás. Creo firmemente en que los padres debemos ser juzgados por no haber prestado atención a nuestros hijos, que resultan a veces ultrajadores, abusivos, víctimas o testigos de una violencia que cada vez llega más sonora y menos condenada por la sociedad y a la que estamos obligados a enseñarles a enfrentarse.»

 

La conclusión que yo saco de los deshilvanados argumentos que se exponen es que uno de los padres, preferiblemente la madre, debe olvidarse de trabajar y dedicarse a cuidar la casa y a los hijos (al marido no se dice, pero, de paso…), como se ha hecho toda la vida, porque de esa veleidad tonta que nos ha dado de trabajar para “vivir bien” y comprarles a los chicos videoconsolas, se derivan todos los males de la juventud. Los responsables somos los padres, que no les prestamos atención. De modo que habría que castigar a los padres por los desmanes de los hijos: incluso en el caso extremo de los asesinos ingleses, que es el que da pie a la autora de la carta para soltar su doctrina, habría que haber condenado a sus padres, que sugiere que pudieron formar a sus hijos a su imagen y semejanza…

 

Si la señora Aida Alejandra tiene un marido que gana lo suficiente para mantener a la familia, y ella trabaja para pagarse caprichos y videoconsolas, con su pan se lo coma y le dé a base de bien al dedo gordo. Pero la mayoría de las familias no puede vivir (vivir a secas: para llegar a fin de mes) con un sueldo, sea del padre o de la madre, tanto da.

 

Me revienta que se culpabilice así, tan ricamente, a los padres, hala, a mogollón. ¿Las madres que trabajamos no somos capaces de enseñar a nuestros hijos “a amarse sin pisar a los demás”?

 

Me dan ganas de pedir a la brava a todas las madres (que parece que somos las que trabajamos para “los caprichos”) que dejen de pronto de trabajar. De un día para otro. Si todos los males de los chicos, de los jóvenes, por ende de la sociedad de hoy y del futuro, radican ahí, cortémoslos de cuajo. El lunes, chicas, a casa. Todas. No vayáis a trabajar. A ver qué pasa.

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4 comentarios

Antonio -

Padres churruteros no, "churreterismos", pero como no tienen solución ¡que les den..! ¡Que no nos amarguen!

inde -

Antonio: gracias, majo majismo. Pero es que no lo puedo evitar. Estoy con LaMima: me suena a bofetada. ¡Estoy tan harta! Hay padres churruteros, sí. Me cago en ellos. Pero ¡es tan fácil culpabilizar a todos...!
Procuraré seguir tu consejo, no obstante.
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Antonio -

¡No te "sulfures", Marisancho, que no merece la pena...!
¡Quédate con el buen rollo del cartelico! ¡A mi, también me ha gustado!
¡Un beso!

lamima -

No conocía esa carta pero leerla me suena a bofetada.
¿Sabes?, me parece llena de soberbia y de ignorancia.
Mira, no me merece la pena contestar a esa persona pero por respeto a tí solo te dejo aquí escrito que no me cabe la menor duda de que tus hijos, de casa, reciben lo mejor. Y que no olvide nadie que, en su justa medida, una de nuestras obligaciones con nuestros hijos es enseñarles a ser independientes y a resolverse las cosas.
Para culecas las gallinas maja.
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