Blogia
inde-docs

El orgullo

El orgullo

 

Mi padre siempre ha tenido fama de trabajador. Bueno, la ha tenido toda su familia, de mote "los Esquiladores". Ellos siempre lo han llevado muy a gala. También llevan fama, y tan merecida como la otra, de tener muy mala hostia, en el sentido de que sus prontos son temibles.

Lo de ser cumplidora, incluso de sobras, en el trabajo, me lo inculcó mi padre de pequeña. "Cumple, tú cumple siempre; si no, no podrás hablar". Lo de la mala hostia no es que me lo inculcaran, claro; eso me lo pusieron en los genes.

A mi padre un día, cuando era joven, le llamó un rico del pueblo para que fuera a hacerle unas peonías. Mi padre cumplió con el trabajo, como siempre, de sobras, pero al dueño le pareció poco y se lo echó en cara de malos modos. Mi padre no lo pudo tolerar: lo cogió por la camisa, lo tiró al suelo y le dijo lo que se le ocurrió, que conociéndole no sería poco. Cuando lo soltó, el otro se puso de pie, se sacudió, se alejó lo suficiente y le gritó: "¡Demasiao orgullo tienes tú, pa ser tan pobre!".

Jamás volvió a llamar para darle trabajo, claro; aunque a mi padre tampoco le faltó nunca dónde trabajar.

Yo no voy tirando a la gente por los ribazos, obviamente, entre otras cosas porque en Zaragoza no hay, o yo no sé dónde están. Pero me parece que me pasa un poco como a mi padre: que tengo demasiado orgullo... pa ser tan pobre.

Como el Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand (el verdadero, no lo sé), yo también quiero

"sólo al que vale reconocer los méritos,

no pagar jamás por favores pretéritos.

Posiblemente no volar muy alto... pero solo".

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

2 comentarios

lamima -

Pues yo no te veo orgullo, sino amor propio. Y eso, hermosa, eso no es de pobres.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

anonimo -

Lo que te decía: un pura sangre
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres