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Arnaldo, el sabio tozudo

Arnaldo, el sabio tozudo

Con una carcajada homérica, dicen que recibieron el Papa y los cardenales las revelaciones que sobre el fin del mundo les comunicó Arnaldo de Villanova, muy a principios del siglo XIV. Y dicen también que el Papa Bonifacio VIII le recomendaba: “Dedícate a la medicina y no a la teología, y te honraremos” (Intromitte te de medicina et non de theologia et honorabimus te). Pero él no reblaba, seguía empeñado en que la llegada del Anticristo estaba cerca: tanto clérigo deshonroso no podía ser señal de otra cosa.

Arnaldo de Villanova, considerado por Menéndez y Pelayo uno de los personajes más señalados de la Edad Media, fue médico de reyes y papas, enseñó medicina en la Universidad de Montpellier, fue diplomático, astrólogo, alquímico... y azote de la Iglesia, cuya decadencia criticó ferozmente, lo que le valió la cárcel y más de un disgusto.

Arnaldo era tozudo, mucho. Y de genio muy vivo. Su figura recuerda extraordinariamente a Benedicto XIII, el Papa Luna, otro que tal. Ambos fueron considerados heréticos y, sin embargo, ellos estaban convencidos de estar en la más pura ortodoxia y, desde luego, de tener razón...

A Arnaldo, por la categoría de su figura, se le ha querido hacer catalán (lengua en la que escribió algunas de sus obras; otras lo fueron en latín) y provenzal. En Valencia tiene varios hospitales dedicados, porque de cierto se sabe que en su primera juventud vivió allí. Pero él sólo decía que provenía “de una tierra desconocida y oscura” (natus ex gleba ignobile et obscura). Hace tiempo ya que se admite que nació en Villanueva de Jiloca, cerca de Daroca, y que al poco tiempo su familia emigró al recién conquistado reino de Valencia.

Como el papa Bonifacio y sus cardenales, yo tampoco creo en visionarios ni mucho menos en el Anticristo o similares especies. Sin embargo, y creo que nadie se ha preocupado de señalarlo, la fecha que Arnaldo postulaba para el fin del mundo era 1345 o sus entornos. Y en ese año fue cuando empezó a extenderse por Europa la Gran Pestilencia, la mayor epidemia de peste de que se tiene noticia en la historia, que acabó con más de una tercera parte de la población mundial.

Hay que reconocer que Arnaldo, el sabio médico tozudo, no fue del todo desencaminado. 

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