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Gracias, maño

Gracias, maño

[He sustituido la foto de la GEA vieja. Ésta es de Columna Villarroya y aparece en la solapa de su libro sobre Naturalistas Aragoneses, de la BArC.]

Uno ve esta foto y se imagina automáticamente a un sabio venerable. Vicente Martínez Tejero camufla bajo esa apariencia formal a un tío la mar de divertido. Ahora bien, en lo que coinciden su imagen y su persona es en que ambas transmiten, inequívocamente, bondad.

La primera vez que le vi llegó a la oficina donde yo trabajaba con un ordenador portátil metido en un maletín y el ruego de que trasladase a mi ordenador el documento de Word que me traía porque su hijo se había ido de vacaciones y él con la informática se apañaba por lo justito. Abrí el maletín y salió, además del portátil, una fragancia a hierbas, a botica, que hizo que definitivamente ese hombre me cayera simpático. Eso, sólo con haberlo visto cinco minutos. ¡Todavía no sabía todos los muchos motivos por los que a Vicente no se le tiene simpatía, sino que se le quiere!

Traía, en aquella ocasión, el original de un libro sobre Los botánicos aragoneses que fue publicado en la Colección CAI100 y que es, para mi gusto, uno de los mejores de aquella serie. Siempre le he dicho que si hubiera sido profesor mío a los 15 ó 16 años, yo habría sido botánica. Vamos, de cabeza.

Ha dado cursos de homeopatía en Cuba, ha investigado (entre otras cosas) sobre medicina popular en Aragón, sabe muchísimo sobre historia de la ciencia, defiende con pasión las figuras de Mariano Lagasca, Pardo Sastrón, Gregorio Echeandía o Francisco Loscos, y es uno de esos pocos aragoneses que además de estar enamorados de su tierra tienen fe en su gente.

No recuerdo si la anécdota es de Vicente o de José Luis Melero, porque a cualquiera de los dos les cuadraría: su pasión por los libros, por crear la mejor biblioteca de libros aragoneses, llevó a su familia a plantearle un día un ultimátum, algo así como “o sacas los libros de casa o nos vamos los demás”. La biblioteca siguió creciendo en otro piso y haciéndose incomparable.

Ahora me entero, por Mariano Gistaín y por Víctor Juan, que ha donado esa extensísima biblioteca a Aragón. Qué impresionante regalo. José Luis Melero, temeroso de que el Gobierno no lo reconozca en lo que vale (que ejemplos hay, desgraciadamente: véase la colección Escolano, muerta de risa en el Museo Pablo Serrano desde hace quince o veinte años) pedía, en su artículo enlazado, “homenajear a Vicente Martínez de la mejor de las maneras posibles, otorgarle las más altas distinciones y, sobre todo, cuidar de sus libros con el mayor de los esmeros”.

Estoy segura de que Vicente rechazaría todos los homenajes y distinciones habidos y por haber con tal de tener la seguridad de que iban a cuidar bien sus libros. Nuestros libros, ahora (qué cosa da decirlo, impresiona, ¿eh?). Yo también pido encarecidamente ese cuidado. Y me sumo a la tropa de los agradecidos.

 

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2 comentarios

inde -

Pues... Yo creo que hay muchos aragoneses que sí. La custión está en que los que ahora quedan como responsables de su salvaguarda y difusión asuman realmente esa responsabilidad. A ver.
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LAMIMA -

Mmm que buen rollo me da esta imagen , y más lo que cuentas de él.
¿Merecemos su regalo?
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