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Arnold Schönberg

Arnold Schönberg

 

«A menudo, la imagen de la bondad está ligada a una relación amigable y confidencial con las cosas, a una respetuosa familiaridad con los objetos, a una atenta y sabia capacidad para tratarlos con habilidad, pero también con cuidado y respeto. La gentileza con la que se trata a las personas, a los animales, a las plantas, se extiende espontáneamente a las cosas, al florero en el que se mete la flor; la bondad también está en las manos, en la manera en la que se tienden hacia otras o toman un cenicero de la mesa. La atención, se ha dicho, es una forma de plegaria, el reconocimiento de la realidad objetiva, de un orden, de que existen límites: una manera de mirar más allá y por encima del yo egocéntrico, de saber que nadie es el caprichoso y tiránico sátrapa del mundo y que puede destruirlo a su arbitrio, como nos sucede en esos penosos e impotentes ataques de cólera en los que, al no poder destruirnos a nosotros mismos, a los otros o al universo, hacemos pedazos el primer objeto que nos queda a la mano. San José o Geppetto tienen manos fuertes y buenas, se mueven con habilidad y soltura entre las herramientas de su taller.

Esa bondad se asemeja al amor auténtico que sienten aquellos que se preocupan por los demás y no se concentran estérilmente sólo en su propio deseo; se asemeja a la infancia, cuya fantasía se enciende por una piedra o por una caja de cerillos vacía y, sobre todo, se asemeja al arte, que no existe sin esta sensual, curiosa y escrupulosa pasión por sentir el relieve de lo físico, los detalles, las formas, los colores, los olores, una superficie lisa o áspera, la revelación que puede llegar observando la arena mojada a la orilla del mar luego de haberse retirado una ola o el botón mal cosido de una chaqueta.»
 

Así comienza un precioso artículo de Claudio Magris en “Confabulario”, suplemento de cultura de El Universal de México. Recomiendo su lectura completa.

Es tan bonito como la entrevista que se hacía a su hija, Núria Schönberg, en la última página (“La Contra”) de La Vanguardia del martes, hecha porque ahora, en Barcelona, hay una exposición dedicada a la figura de este músico vienés. La enlazo, aunque la web de La Vanguardia está hecha sólo para que te suscribas al periódico y no para difundir su contenido. Era precioso cómo la hija hablaba de su padre, el cariño que transmitía hacia su calidad humana, por encima de su consideración como músico genial. Dan ganas de mirar la vida como él, de huir de los yugos que nos impone la vida estándar y buscar un huequecito por la gatera...

[Este ha sido un escaqueo pequeñito: el post lo escribí anoche en Word.]

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4 comentarios

El Artista -

Al ser un autor difícil reconozco que hay que acercarse con ganas. Hay que estar predispuesto, es un ejercicio de voluntad e intención.

inde -

Gracias, señores Artista y Don Rijoso, me ha encantado encontraros por aquí. Yo no soy especialmente melómana, estoy descubriendo a Schönberg ahora. ¡A mi edad! Como Goya, "aún aprendo"...
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DonRijoso -

Me gustó saber que Schoenberg era protagonista clandestino, vía Adorno, de uno de mis libros favoritos, el Dr Faustus de Thomas Mann. Me gusta lo que escribes, Inde de Blogia y de com

El Artista -

Gracias por sorprendernos de esta forma. Cualquiera diría que una persona pudiera crear una música tan diferente. Vistas las reflexiones se entiende perfectamente. Quién lo hubiera pensado, desde la ignorancia...
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