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Todos contra el canón

Todos contra el canón

Se ha pedido al Defensor del Pueblo que recurra la Ley de Propiedad Intelectual. Como que es abusiva: se supone que todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, pero aquí se parte de la premisa de que todos somos delincuentes potenciales y hemos de pagar por ello, por adelantado.

En el artículo enlazado se explica bien la cuestión, así que no me extiendo más. Pero quiero resaltar una frase que dice: "Otro de los problemas, según la plataforma Todoscontraelcanon.es, es que no sabemos qué se hace con esos ingresos ni cómo se distribuyen entre los socios".

No estaría mal saberlo, porque son más de 2.100 millones de euros. Anuales. De ellos, supongo que la mayor tajada se la llevará la SGAE, entidad contra la que se dirigen también la mayor parte de las luchas. Sin embargo, hay otras entidades recaudadoras de similar índole, como CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos), que también se llevan un buen pellizquito. En concreto, CEDRO percibe una remuneración en concepto de derechos por copia privada; en cristiano, por hacer fotocopias. Y, según su memoria anual, el año pasado recaudó la bonita cantidad de 30.146.000 euros, sin contar el pico.

Yo he sido editora e incluso me llegué a beneficiar de algún pago de CEDRO, que enviaba cada año a casa un talón por unas 20 ó 30.000 pesetillas que bienvenidas eran. Desde luego, no me sacaron de la ruina caracolera. Ni tampoco hicieron que me convenciera del todo de la existencia de la propia entidad. Por tres motivos:

1.      Porque dedica más de una tercera parte de esos ingresos a financiar proyectos que nadie le pide (salvo, supongo, los amigos: cursos, asistencia a ferias, etc.), y de esa cantidad, casi otra tercera parte (en 2005, casi 3,5 millones de euros) a financiarse a sí misma.

2.      Porque dentro de las triquiñuelas financieras que se me llevan estas entidades recaudatorias que tanto me recuerdan al sheriff de Nottingham, figura el cobrar los derechos un año y repartirlos entre autores y editores al año siguiente. Lo cual les permite, como en 2005, invertir más de 11 millones de euros en imposiciones a plazo fijo; más de 4, en inversiones en mercados monetarios; y casi 22 en fondos de inversión.

3.      Porque, en fin, son tan usureros y tan ávidos que han llegado a rasgarse las vestiduras amargamente porque la nueva Ley de Propiedad Intelectual (la que ahora se quiere recurrir por inconstitucional) permite exenciones al cobro de derechos tales como que “un profesor reparta entre sus alumnos la fotocopia de un poema o de unas páginas de una novela, para su comentario en clase, sin que sea necesario solicitar autorización a los titulares de derechos de la obra”, o como que “una biblioteca no tenga que solicitar el permiso de los titulares para dar acceso a sus usuarios, a través de su intranet, a los fondos que posea y que puede haber digitalizado previamente, siempre que lo haga con fines de investigación”. Ambos ejemplos se dan en el último número de su boletín (pp. 16-17). En el del verano pasado, que era cuando se estaba tramitando la ley, el tono de los responsables de CEDRO era como de que se acababa el mundo, o algo así.

Ahora están que aplauden con las orejas por lo de poder cobrar simplemente porque haya ordenadores, DVDs, CDs y todo tipo de aparatitos digitalo-informáticos en el mercado: les saldrá una buena sisa de cada unidad. Carranclang, carranclang, oirán todo el día el sonido de las antiguas máquinas registradoras, que ahí no nos modernizamos, no señor; y en sus ojos, los también vetustos signos del dólar que caracterizaban al Tío Gilito.

¿De verdad que todo eso se hace para proteger los derechos de autor? ¿No hay un límite que roza el de ese mismo autor a que se difunda su obra? ¿No se han olvidado del fin porque son más sustanciosos los medios?

 

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1 comentario

jio -

http://www.internautas.org/html/3914.html
ñay
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