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Yo quiero así

Yo quiero así

 

Estuvimos ayer en Santolea, otro de tantos pueblos abandonados por culpa de un pantano. El lugar es excepcional, como su historia.

Pero no quiero hablar ahora de pantanos, sino del secreto de la eterna juventud, que me reveló ayer Miguel Perdiguer, uno de los participantes en la excursión.

Miguel Perdiguer (Don Miguel, como le llama todo el mundo, por aquello del respeto a los médicos, y más en el mundo rural) nació en Santolea en 1918. En 1930, construido ya el pantano y expropiadas las mejores tierras del pueblo, aunque no las casas, su familia se trasladó al Mas de las Matas. Él sólo estuvo en su nuevo destino unos meses: con 11 años que contaba, lo mandaron interno a un colegio en Zaragoza porque el maestro de Santolea le decía una y otra vez a su padre que le tenía que poner a estudiar, que valía.

Miguel cuenta historias muy bonitas. Por ejemplo, que un año se sacó dos cursos porque fue la única manera que encontró de convencer a sus padres para que le compraran una bicicleta; que para la guerra lo colectivizaron y bueno, pues que a labrar; que después estudió en Zaragoza y en Madrid... Se hizo pediatra y ejerció siempre en Alcañiz. Y, enamorado como está de la fotografía, va siempre con su cámara a todas partes. Tiene siete. Guarda la primera que tuvo en su vida, que era de baquelita y le costó 13 pesetas.

Siente pasión por este arte desde que, de niño, vio en el Mas a uno de esos fotógrafos que revelaban las fotos en un cajón oscuro en un minuto, el mismo que luego le revelaría a él las primeras que hizo, y que se llevó a su casa apretándolas bajo el brazo como si llevara el mayor de los tesoros.

Hace doce años, cuando tenía 76, se compró una cámara de medio formato, con tres ópticas intercambiables, que le costó medio millón de pesetas. Pero la tiene aparcada en casa porque se ha pasado al mundo digital, que le tiene maravillado. Lo analógico es un desfase, comenta. Las imágenes digitales te abren una infinidad de posibilidades que explorar. Él va a que le pasen a papel las fotos que quiere guardar en ese soporte con un "pen drive" y está encantado de lo barato y lo rápido que es todo. El año pasado le hizo a su nieto el "reportaje alternativo" de su boda, y les regaló a los novios una cámara fantástica más un disco duro externo de 20 Gb para que fueran guardando las fotos que hicieran durante el viaje de bodas.

También mantiene el amor que ha profesado siempre a los niños. Prometió enviarme por email las fotos que les hizo a los míos ayer.

Se siente como pez en el agua con las nuevas tecnologías. Y come mucho pan.

Yo, por mi parte, prometo acordarme de él cada vez que piense que, con 41 años, ya no tengo nada que hacer en esta vida, que nunca podré dedicarme a escribir con fundamento ni a hacer nada de provecho. Y le he de dar el tostón con esta historia a mi padre, al que el año pasado, cuando contaba 75, hubo casi que obligar a que se hiciera una dentadura nueva ("total, para qué la quiero: para lo que me queda...").

Miguel Perdiguer tiene 88 años. No piensa en la vejez ni en la muerte, sino en la belleza, los niños, el futuro, las posibilidades que ofrece la vida. Es joven.

[La foto, Serafín y su gélida dama, está tomada por Perdiguer en el Mas de las Matas en 1963. También tiene una historia bonita, aunque no tanto como la que promete la propia imagen, así que no la cuento. La he tomado del blog "Cuadernos de Cazarabet", que mantiene el hiperactivo Javier Díaz, promotor de la excursión de ayer a Santolea y factótum del GEMA; otro tío admirable. Esta es la doble página que dedicaron el domingo en el Heraldo al libro que el GEMA ha publicado con fotos de Perdiguer y de Andrés Serrano.]

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2 comentarios

Sofía -

Investigando para una práctica de periodismo sobre el pantano de Santolea he llegado aquí.
Don Miguel fue mi pediatra, siempre oigo historias sobre él y su hermano en la boca de mi padre. Su vitalidad me entusiasma, y me encanta que haya gente que como tú la sepa valorar.

Un saludo
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LAMIMA -

Cuánto me gusta oir hablar de gente que hace "buen uso" de su vida, y más cuando lo comparte con los demás.Gente así me reconcilia con el mundo.¡Que bien!. Un beso Miguel.
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