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Aragón tal como viene

Aragón tal como viene

 

Como tengo muy escaso el  tiempo para leer, procuro elegir muy bien lo que me llevo al coleto. Y si me equivoco, no me duelen prendas de cortar en seco y abandonar la lectura en la página 30 o antes. Vas a perder el tiempo con cosas que no merecen la pena, habiendo tantos libros buenos en el mundo que no alcanzaré a leer, o qué.

Aun teniendo presente esto último, sin embargo, hay libros que leo más de una vez. Porque me encantan, disfruto con ellos y a ver por qué me voy a privar de ese placer. Los hay muy dispares: he repetido La Regenta y los 1863 pasos de Miguel Mena, por ejemplo; y este último todavía lo tengo a mano en el maremágnum librero de mi casa, porque no se escapará, a no mucho tardar, de ser leído de nuevo (es que de Miguel Mena soy muy, muy fan).

Ahora estoy, no sé si por tercera vez, con el Aragón tal como viene de Roberto Miranda. Es que es genial. Lo cogí para releer uno de sus artículos, de cara a ir modelando un futuro post que quiero hacer sobre Tiermas, y me volvió a enganchar.

Me lo estoy merendando otra vez; ojalá fuera el doble o el triple de gordo.

En esta ocasión, su lectura se me trufa con un ramalazo de melancolía por una dedicación al periodismo que sólo pudo ser un poco.

Cuánto me habría gustado seguir trabajando en Qriterio (Semanario aragonés de información general, se subtitulaba). No llegó a dos años el tiempo que estuve allí, y en ese breve periodo aún falté varios meses por la baja del nacimiento de Julia. Fue el trabajo que más a gusto he hecho de todos los variopintos que me ha tocado desempeñar. Yo no soy periodista y nunca aspiré a serlo; pero surgió la oportunidad y verdaderamente disfruté.

Hay cosas que no se pueden aprender. Yo nunca habría sabido escribir como Roberto, porque su mirada, su inteligencia y su gracia se tienen o no se tienen. Pero hay otras que sí se aprenden, y yo me notaba mejorar en mi tarea, lo que era otro de los atractivos que me la hacían tan grata.

Todos los redactores de Qriterio lo hacíamos lo mejor que sabíamos, teníamos ilusión e intentábamos mejorar cada número. Se vivía un ambiente estupendo. El problema fue que salvo nosotros, la plantilla, y poquita gente más, nadie confió en aquel proyecto, incluida buena parte de quienes fueron sus promotores.

Hoy Qriterio sobrevive, como mensual, gracias casi exclusivamente a la increíble fuerza y capacidad de trabajo de Nerea Vadillo. Tanto ella como la revista merecían otra cosa.

 

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3 comentarios

enrique -

Nerea Vadillo es genial. Es un caso ejemplar de persona que trabaja sin parar. El libro de Roberto Miranda salió, según me dijo una vez alguin de la asociación de la prensa, Amada, porque se empeñó Antón Castro, que seleccionó los textos, los corrigió y empujó a Miranda.

Ese libro me ha ayudado mucho y muchas veces. El texto que más me gusta es uno que dice ago así como "El campo que perdió el córner".

Gracias, Inde, por traer aquí este libro. Una escuela de periodismo portátil.
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inde -

Querida Mima: ¡te agradezco tanto que digas eso! No sabes lo que para mí significa este blog. Es mi espacio, la ventana por donde me entra el aire. Y necesito un poquito de apoyo.

LAMIMA -

Que hermoso es releer libros que te "llegan", se lo que dices.Yo también tengo varios en la mesilla aunque reconozco que la llegada de mis "pibes" ha estrangulado mi vena lectora. Me pasa lo mismo con las pelis (soy capaz de reproducirte integramente los primeros minutos de "Memorias de Africa"..¡incluso en inglés!).
En cuanto a tu capacidad para escribir déjame decirte algo:tienes una mirada, una inteligencia y una gracia que para sí quisieran muchos maja!Y para prueba este blog.
Los mejores son los que nacen y además "se hacen", los que saben mejorar.
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