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Recuerdo haber vivido pocas emociones tan intensas como la del sábado. A la salida del Teatro Principal, los amigos me abrazaban como si yo fuera de allí; de hecho, algunos creen que lo soy. Y no, no soy de Jánovas. Soy, curiosamente, de la tierra llana, de las Cinco Villas, de uno de los pueblos que reclaman más pantanos porque los ven como una salvación. Pero Jánovas forma parte de mí desde hace ya años. No desde la primera vez que lo vi, aunque recuerdo bien el impacto que me causó la estampa de aquel pueblo bellísimo y destrozado al otro lado del Ara, yendo hacia Ordesa desde Aínsa, a finales de los años 80. Tardé mucho en conocer su historia y más aún en adentrarme en ella; pero si bien lo hice tímidamente al principio, acabé zambulléndome al poco, hasta el punto de que, si es verdad lo que dicen de que los niños de teta tienen una especial conexión con los sentimientos de su madre, Quinito tiene que guardar muy adentro, en algún resquicio de su ser, una avalancha de sentimientos vinculados a Jánovas. Cuántas horas se nos fueron juntos, él en mis brazos, yo durmiéndole o atendiéndole con el pensamiento puesto en cómo averiguar, cómo atar cabos, cómo contar toda esa singularísima y dramática historia... Toni Garcés, el hijo pequeño de Francisca y Emilio, debe de tener desde el sábado alguna luxación o algo en la espalda, porque en el vestíbulo del Principal me cogió y me echó al alto, que casi me cuelga en una lámpara, como si fuera una camochera. Y, ejem, no se puede decir precisamente que yo sea ligera. Qué de besos, qué de abrazos, qué de alegrías... Se acababa de anunciar la reversión de Jánovas. Por fin, después de tantos años. En la Plaza de San Bruno, La Ronda de Boltaña cantó su "Habanera Triste" como no la había cantado nunca. Jánovas va a recuperar la vida, dejaremos de decirle adiós y volveremos a pisar las calles nuevamente de lo que fue un pueblo desalojado pero nunca, nunca abandonado. Son días éstos de alegría, sí. Pero aún no de justicia. La historia de Jánovas todavía se halla sumida en ese "pantano de papel" que pugna por salir de los despachos. Queda aún un tiempo, confiemos que no muy largo, en que su futuro se habrá de seguir plasmando sobre papel timbrado antes de que los hombres de carne y hueso, manos y corazón, se afanen en poner piedra sobre piedra de nuevo hasta hacer florecer la vida en ese lugar. Hay, parece ser, buena voluntad por todas las partes para que así sea. A la empresa ex concesionaria, Endesa, ya le han prometido compensaciones. A los antiguos vecinos, al menos les han notificado que podrán solicitar la reversión tanto si fueron expropiados como si vendieron sus propiedades, pues, no me cansaré de decirlo, hasta la propia Abogacía del Estado reconoció, hace ya años, que esas ventas no pueden considerarse "voluntarias", como en algún momento pretendió la empresa, pues que todos fueron obligados de un modo u otro a marchar. Ya han salido voces estos días, en la prensa, reclamando un trato más justo con ellos; es verdad que sería inmoral reclamarles, como ha anunciado la CHE, el "precio actualizado" de lo que percibieron en su día por lo que les arrebataron. "Yo dejé una casa, no unas ruinas", han dicho muchas veces los antiguos vecinos. "Si he de devolver el dinero, que me devuelvan mi casa". Eso sería lo justo, o más bien sería algo más justo. Hacer justicia con toda esta historia implicaría algo más que atender a los aspectos meramente económicos aunque también esto debería incluirse, de entrada. Tengo delante de mí una copia de la notificación que el Ministerio de Medio Ambiente (o lo que queda de él) envió a los afectados hace pocos días y que se hizo pública en ese episodio mágico y fascinante que fue el Homenaje a los Luchadores en Defensa de los Ríos y sus Gentes, celebrado el sábado en el Principal. En la página 7 de las 11 de que consta, se reconoce expresamente la singularidad de esta historia al expresar las dudas que hay "respecto a la modalidad legal aplicable para su resolución", porque no hay en la normativa vigente "un supuesto que contemple expresamente los hechos específicos acaecidos". En cristiano, vamos: que la barbaridad cometida no tiene precedentes, un caso semejante no lo contempla la ley, no saben cómo abordarlo. Al leer eso, me acordé del anuncio radiofónico con que Endesa nos taladra los desayunos, que dice algo así como: "Tenemos que reinventarlo todo. No va a ser fácil, pero ¿hay algo más ilusionante que reinventar el mundo?". Parafraseando el resto del anuncio: por los antiguos vecinos, por sus hijos, y por los hijos de sus hijos; por quienes llevan décadas de lágrimas, de sobreponerse a esas lágrimas y de luchar por un futuro en la tierra que siempre ha sido suya; por quienes tienen que poder, mañana mismo, volver a la orilla del Ara y mirar cada día las montañas y el futuro desde su ventana, tenéis ahí la ocasión de demostrar que esa campaña de publicidad es algo más que la bonita idea de un creativo de marketing, pues que, ya que no existen normas que contemplen el caso de Jánovas, podemos inventarlas pensando, por una vez, en las personas y en una simple y llana noción de justicia. Me ha costado mucho poner los dedos en el teclado para escribir sobre Jánovas. Si lo hubiera hecho estos días atrás, no sé ni lo que me habría salido, de pura emoción, de puro caos de coco, de puro agotamiento después de estos días intensos y locos que han sido los de la celebración del Foro Mundial de las Luchas del Agua. La historia tampoco necesita hoy publicidad. Hoy, Jánovas está en la prensa. Pero cuando se sustancie todo esto, no sé si estará. Permanezcamos atentos. Hoy es tiempo de celebrar, pero aún no de bajar la guardia. Ese pueblo, ese valle, ha sido el símbolo de la sinrazón; debería convertirse en el símbolo de la esperanza, de una esperanza materializada y real. La última vez que vi a Emilio Garcés, el hombre que más luchó por mantener la vida en Jánovas, fue en la fiesta de hace dos años. Al pasar a su lado, le oí decir: "...volvemos a Jánovas. ¡Y reconstruimos el pueblo, mecagüendios ya! Pero tenemos poca fuerza...". Me dicen que hace ya tiempo que vive en Jánovas, ya no está entero para ser consciente de todo esto. Con él, como con muchos otros que ahogaron su pena en el silencio, ya no se podrá hacer justicia. [En la foto, de Tove Heiskel (gran fotógrafa y amiga) se ve a Ara Garcés sobre el río que le dio el nombre. Ella recogerá el testigo de la lucha de sus padres y abuelos y, si quiere, bendita posibilidad, podrá vivir en Jánovas.] [Actualización. Anoche se me olvidó enlazarlo, pero es imprescindible: mirad qué belleza de post escribe Juan Gavasa sobre esto.] Comentarios » Ir a formulario Fecha: 11/07/2008 08:19. Fecha: 11/07/2008 09:44. Fecha: 11/07/2008 09:46. Fecha: 11/07/2008 10:22. Fecha: 11/07/2008 11:01. Fecha: 11/07/2008 14:32. Fecha: 11/07/2008 16:35. Fecha: 11/07/2008 17:33. Autor: Anónimo Fecha: 11/07/2008 21:31. Fecha: 11/07/2008 21:32. Fecha: 12/07/2008 01:35. Fecha: 12/07/2008 15:11. Autor: Marga Fecha: 12/07/2008 17:55. Fecha: 13/07/2008 23:26. Fecha: 14/07/2008 13:34. Fecha: 22/07/2008 13:51. Fecha: 22/07/2008 18:22. |
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