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Hay que leer este post de LaMima para darse cuenta de hasta qué punto, a veces, los criterios pedagógicos quedan relegados en los colegios respecto de cualesquiera otras prioridades. Esta historia me duele porque quiero mucho a LaMima y a Ainhoa y deseo para ellas lo mejor del mundo; pero también porque me hace perder fe en el sistema educativo. Una cree, como lo hizo mi amiga, que en un colegio las necesidades de los niños son lo primero. Pero parece que no. Ella cuenta muy bien cómo se invirtió tiempo, esfuerzos, recursos públicos, trabajo de buenos profesionales, para preparar la integración de una niña con discapacidad en su futura escuela... y cómo se ha conseguido, por desidia, que todo eso no haya servido para nada... Pero hay dos puntos de este relato que me parecen especialmente sangrantes: uno, que el centro no reconozca que lo ha hecho mal y mantenga, con un par, que "se ha actuado correctamente"; otro, que a la hora de elegir grupo de alumnos por parte de las maestras de infantil, las tres titulares con plaza fija evitaran quedarse con el que tenía a "la niña rara", y se lo dejaran a la última, a la única interina. Yo creo que las tres han perdido el derecho a llamarse maestras; para mí, son funcionarias del departamento correspondiente de la DGA, sin más. Te transmito, querida Mima, las palabras de mi hermano, que suscribo completamente: llegados a este punto, has de olvidarte, en lo que respecta al bienestar de Ainhoa, de todo este sarao, y concentrarte únicamente en lo más importante, y es que la maestra que le ha tocado a tu hija, como tú misma dices, sí parece ser una maestra de verdad, atenta, cariñosa, responsable y colaboradora, una buena profesional que se ocupará de que sus alumnos, todos, se integren en el mundo escolar felizmente. Ella, y sólo ella, es importante para Ainhoa. Los demás... allá ellos con su conciencia.
Fecha: 10/09/2007 11:42.
Fecha: 10/09/2007 20:52.
Fecha: 10/09/2007 22:20.
Fecha: 11/09/2007 11:17.
Fecha: 11/09/2007 23:46.
Fecha: 12/09/2007 00:33. |