Jueves 31 de mayo, 20 horas, Biblioteca de Aragón (Doctor Cerrada, 22, Zaragoza)
Antón Castro y José Luis Melero presentan el libro
Por escribir sus nombres
de Víctor Juan Borroy
"Víctor Juan ha publicado y editado varios libros de pedagogía, educación y maestras y maestros olvidados (es su vocación), pero ahora se ha echado a la narrativa y ha sacado (Prames) una novelita que casi gana en su día el Premio de Novela Corta Ciudad de Barbastro, Por escribir sus nombres en la que aparece Ramón Acín y vemos en acción a los maestros y maestras republicanos, los vemos perdiendo la guerra, huyendo a Francia, espiando para los aliados. A veces es novela de espías, histórica, política, y de vidas destrozadas, reinicializadas, amores y desencontronazos que a esas alturas (bajuras) de siglo son siempre tragedias y acaban a tiros (aunque se libraban de la hipoteca). Sale Paco Ponzán, ya un héroe oscuro, sale la maestra que arrambla con todo, Palmira Plá, y hay una trama actual al estilo de Soldados de Salamina, en la que el autor de la novela va contando cómo la escribe, cómo la persigue, al tiempo que se acuesta con la abogada, que también es librera, y de Huesca. Todo esto lleva el final a un doble clímax fenomenalmente resuelto. Y lo más cañero de todo: es una novela de Huesca, aunque tenga sus vaivenes, periplos y masacres por esas guerras del siglo".
(Mariano Gistaín)
Ayer me subí a Huesca con Víctor Juan, para ver la exposición "Escuelas, el tiempo detenido", para la que tuve el honor de colaborar con una breve historia sobre la escuela de Fuencalderas.
Hablamos largo porque a los dos nos gusta mucho hablar. Hablamos de muchas cosas. Cómo no, hablamos de "Por escribir sus nombres", porque Víctor, aunque quiere no aparentarlo, está muy nervioso con la cita de esta tarde. Ilusionado por el futuro de esa obra, satisfecho por el resultado, emocionado de notar su buena acogida, inquieto por la parca presencia de ejemplares en las librerías, que obligan a quienes la queremos conseguir a encargarla... y así siempre se pierden ventas. Los distribuidores parece que no quieran vender libros de autores aragoneses, la verdad...
Hablamos de Paco Ponzán, y también de Antonina Rodrigo y de Eduardo Pons, que conoció a Ponzán durante el exilio y que narró admirablemente, y admiradamente, sus peripecias para salvar decenas, decenas y decenas de personas ayudándoles a cruzar la frontera por la parte más difícil de los Pirineos: la aragonesa. Es una historia que está contada en "Los senderos de la libertad" (ed. Flor del Viento).
Poco después de separarme de Víctor, ya en Zaragoza, Joaquín me llamó para decirme que Eduardo Pons había muerto.
Como suele decirse, él habrá descansado, porque llevaba varios meses muy enfermo; y también Antonina, que lo ha cuidado con entrega y muchísima pena contenida. Pero estamos tristes porque Eduardo era bueno, luchador, sabio... Un anarquista entero y cabal que no abdicó de sus ideales (como Carrasquer) ni siquiera después de haber perdido una guerra, vivido intensamente otra (recordemos que París fue liberada por un ejército de desharrapados entre los que abundaban los españoles; Antonina, por eso, no ha podido sufrir nunca el desprecio que muchas veces los franceses mostraron hacia los exiliados españoles: "Los llamaban los 'zapatilleros'. Pues esos zapatilleros plantaron cara al fascismo durante tres años, mientras que ellos no aguantaron ni días, y luego les recuperaron París. No llega a ser por ellos...") y pasado larguísimos años en el exilio.
Esta tarde pediré a Víctor que me dedique el libro a la memoria de Eduardo Pons, que ha luchado por la libertad a lo largo de toda su vida.