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Una semanita de vacaciones: nos vamos a la playa. ¡Crucemos los dedos! Deseadme suerte. Lo del buen tiempo importa menos. Como suele decir Wintrus, un amigo nuestro: "Te estoy preguntando qué tal te han ido las vacaciones, no qué tal tiempo ha hecho". Nos vamos a hacer los castillos de arena más molones de tó el litoral. ...pasó de las musas al teatro". Nosotros, en horas veinticuatro, pasamos de la playa al curro. Y mis chicos, al cole (Julia empieza mañana la guarde, ¡ay!). Volvemos y echo una mirada a los blogs que me gustan. Y encuentro en el de Vesania el reflejo de mis propios agobios como madre y trabajadora y aspirante a esa superwoman que se supone que tenemos que ser; y en la webteca de Víctor Juan, un poema de León Felipe que me emociona en lo hondo porque yo soy esa madre que riñe a Quinito por ponerse perdido o por cualquier cosa, porque estamos en la época de las rabietas (y de los celos...). Y me prometo no volver a coger nunca las vacaciones tan pegadas a la vuelta al cole. Porque ahora necesitaría unos días de casa, de estar pendiente sólo de ellos y no de otras cosas externas, para darles todas las caricias del mundo antes de soltar su mano en la puerta del colegio. Ya nos avisan en blogia de que puede haber "cortes en el suministro", pero te parece que no te va a tocar a ti. Anoche me estuve ahí como una pepa hasta no sé qué hora haciendo un post que me salió larguísimo, y cuando le di al botoncito de "Publicar", hizo el cacharro patapum y me quedé sin. Con lo escasa de tiempo que voy... ¿Quién me manda ser tan confiada? A ver si puedo volver a la carga esta noche... ¡Prepárate, mundo, que allá vamos! Son dos bofetadas a la vista: la primera, el hecho mismo de que aparezca sin que tú, desde luego, lo hayas pedido, de sopetón en tu pantalla; la segunda que, encima, el asunto esté plagado de faltas de ortografía. Porque no creo que los tonifónicos éstos sean juanramonianos, vaya... (También me gustaría poder poner comillas en el título, pero entrecomillo la palabra "elejir" y se desconcoña tó.) Lo han dicho en el Telediario: los bancos van a cobrar comisiones no sólo por hacer transferencias, sino por recibirlas. Según han detallado, hay bancos que ya han dicho que las aplicarán y otros que se lo están pensando (entre estos últimos, el Santander, ése que dice que no cobra comisiones, jia, jia). De momento, se salvan las nóminas y las pensiones, y alguna otra cosa como las devoluciones de Hacienda. Pero todo se andará (han venido a decir, asimismo). Acabaremos guardando los dineros otra vez debajo de una baldosa o en el colchón, y yendo al banco a llevar las perricas en efectivo para pagar la luz y todos (toooooodos) los otros pagos. A ver, sindicatos, propuesta de gran gancho popular: para el próximo 1 de mayo, dedicad vuestra reivindicación anual no a la jornada de 38 horas o menos para los funcionarios (pfffff!), sino a exigir una jornada libre al mes, como mínimo, para que el obrero, proleta e individuo a sueldo cualquiera pueda ir al banco a pagar y cobrar en efectivo todo lo que tenga que pagar y cobrar, y se ahorre así una pasta. ¡Os auguro éxito de convocatoria! Pero qué paquete les tengo a los bancos, por dios. En la Edad Media, el usurero estaba muy mal visto, e incluso era recriminado por la iglesia. En eso, hemos ido evidentemente para atrás. Notas bene: 1. La noticia más completa en internet la da 20 minutos, aunque añade un comentario que... ¡justifica el cobro de comisiones! Mira, como si les hicieran falta para sobrevivir: "Cada año, los españoles pagamos de media 68,52 € en comisiones. Esta cantidad, que a veces pasa desapercibida (¡¡¿desapercibida?!!), es lógica teniendo en cuenta los numerosos conceptos (Wikipedia) por los que nos cobran los bancos." 2. En la página del Banco de España no aparece nada sobre el tema, y eso que tiene una sección de “Novedades” y otra de “Sala de prensa”. ¡Pues sí que sirven de algo! Anda, que si un periodista espera enterarse de nada vía su página web… 3. Es el Banco de España, según el telediario de nuevo, el que ha autorizado la medida. Y me pregunto yo en función de qué. No será para salvar un negocio en crisis, desde luego. 4. Eso, en mi pueblo, se llama robar. El asunto es que estos pueden hacerlo porque se les da cobertura legal. Es el "no se me vale" de los chicos, pero en versión ***** (piiiiií; insértese el calificativo grueso que se prefiera, ad libitum). y 5. La noticia más cachonda, por obra y gracia de una errata (aunque tiene tres, además de una redacción un poco penosa), la da El Digital de Castilla La Mancha: "Aunque es poco probable que, a corto plazo, se generalice estas práctica, si es seguro que desde el primer día se incorporará la nueva comisión a las listas de tarifas de cada entidad financiera y, más tarde, decidir si se sobra o no." Me jugaría mi sueldo de un año, y todas las comisiones que pago en ese periodo a mis socios los bancos (o cajas), a que sí, a que van a decidir sobrarse. Cada vez que, por la noche, oigo que mi vecino de arriba cierra la tapa del váter y tira de la cadena, soy consciente de que tengo pierna derecha. Mi amigo Paco se acordaba, cada vez que abría el grifo de la ducha, de Ignacito Murillo, un tío de ojos claros un año mayor que nosotros que vivía en Barrio Nuevo, al que se le cayó la casa --sin que hubiera nadie dentro-- y se le quedaron durante años los baldes colgados en una pared allá arriba, al aire, como a la altura del segundo piso. Mi amigo Rafa, cada vez que leía "Fotocopias" en algún cartel, pensaba en el chorizo. ¿Es un ramalazo surrealista que tenemos los de mi pueblo o estas cosas le pasan a alguien más? El "Cardenal" navegó por el Ebro muchos años, cargado de carbón aguas abajo y de otros productos aguas arriba (ayudado por los sirgadores), hasta que el tráfico fluvial dejó de ser rentable. Quizá también sirvió como barca de paso en Benifallet, hecho pontón junto con otro compañero, si es el mismo "Cardenal" el que aparece en una foto antigua de la Asociación Cultural Llagut. A finales de los 80, el Gobierno de Aragón la compró. La calafatearon en Miravet y en 1992 la trasladaron en un trailer hasta el Monasterio de Rueda, con motivo de una exposición titulada "Navegación y Pesca en el Ebro". En la iglesia de ese monasterio se quedó instalado aquel barco, aquel "Cardenal" que, como escribió Roberto Miranda, "replicaba humilde con sus nervios de madera a las bóvedas de crucería del siglo XIII". Las palabras que antes he citado de Roberto Miranda corresponden a un excelente artículo que publicó en enero de 2003 con motivo de una ocasión excepcional: se iba a inaugurar la exposición Territorium y sus organizadores habían decidido que el elemento "impactante y espectacular" de la muestra, su "gran protagonista exterior" y el "reclamo en la plaza del Pilar" iba a ser el viejo laúd, "gran metáfora del río Ebro como eje vertebrador". Era, como escribió Ricardo Centellas, "Un barco al pairo del cierzo en la Plaza de las Catedrales". Para colocarlo allí se organizó una tremenda parafernalia: elevarlo en grúa por encima del monasterio (le rompieron un puntal; eran más de 6 toneladas de peso y más de 18 m de eslora), cargarlo de nuevo en un trailer, trasladarlo a Zaragoza, aparcarlo en Villanueva y, de nuevo con una grúa, depositarlo ante las puertas de la Lonja, sobre un lecho de varias toneladas de arena y cantos rodados traídos del Alto Aragón, junto con un raíl especial que le servía de apoyo seguro. Allí lo pudimos ver, varado en mitad de la ciudad, tan cerca del Ebro otra vez pero en realidad tan lejos, tan definitivamente lejos del agua. Jugamos con él. Le hicimos fotos. Comentamos lo singular de aquella imagen. Etc. La exposición concluyó y el laúd volvió de regreso a Rueda. Pero esta vez ya no lo instalaron en aquel lugar de honor que era la nave de la iglesia. Lo dejaron fuera, al raso. Hoy he leído la siguiente carta al director en el Heraldo de Aragón. No la enlazo porque no se puede. La firma José María Martínez Ruiz, de Zaragoza: "Hace unos siete años [en realidad, hace casi el doble], la DGA compró en Benifallet un antiguo laúd, bautizado 'El Cardenal'. Fue restaurado en Miravet. Por unos años, quedó instalado en el Monasterio de Rueda, como centro de una curiosa exposición sobre navegación por el Ebro. Un día, por capricho de algún político, fue trasladado con gravísimo riesgo para el barco, para ser expuesto brevemente en Zaragoza. A partir de entonces, ha sido abandonado a la intemperie, cerca del citado monasterio. El pasado otoño presenté nota de queja en Rueda por la falta de protección y grave deterioro de la nave. En diciembre me dirigí por escrito a la Dirección General de Patrimonio alertando de la situación. Hace una semana, volví a visitar Rueda. El laúd, pieza única, es ya un montón de leña. (Volví a presentar queja pero, ¿para qué?). ¿Nadie es responsable?" Pobre laúd. Fue un juguete caro en manos de los políticos. Sirvió de relumbrón durante un momento, lo consideraron símbolo, gran protagonista, gran metáfora del Ebro. Y luego lo arrumbaron. Un juguete roto. ¿De qué ha sido metáfora, en verdad? Qué cuadrilla de irresponsables. Qué insensatos. Cabezas, almas y palabras huecas. Estuvimos ayer en Santolea, otro de tantos pueblos abandonados por culpa de un pantano. El lugar es excepcional, como su historia. Pero no quiero hablar ahora de pantanos, sino del secreto de la eterna juventud, que me reveló ayer Miguel Perdiguer, uno de los participantes en la excursión. Miguel Perdiguer (Don Miguel, como le llama todo el mundo, por aquello del respeto a los médicos, y más en el mundo rural) nació en Santolea en 1918. En 1930, construido ya el pantano y expropiadas las mejores tierras del pueblo, aunque no las casas, su familia se trasladó al Mas de las Matas. Él sólo estuvo en su nuevo destino unos meses: con 11 años que contaba, lo mandaron interno a un colegio en Zaragoza porque el maestro de Santolea le decía una y otra vez a su padre que le tenía que poner a estudiar, que valía. Miguel cuenta historias muy bonitas. Por ejemplo, que un año se sacó dos cursos porque fue la única manera que encontró de convencer a sus padres para que le compraran una bicicleta; que para la guerra lo colectivizaron y bueno, pues que a labrar; que después estudió en Zaragoza y en Madrid... Se hizo pediatra y ejerció siempre en Alcañiz. Y, enamorado como está de la fotografía, va siempre con su cámara a todas partes. Tiene siete. Guarda la primera que tuvo en su vida, que era de baquelita y le costó 13 pesetas. Siente pasión por este arte desde que, de niño, vio en el Mas a uno de esos fotógrafos que revelaban las fotos en un cajón oscuro en un minuto, el mismo que luego le revelaría a él las primeras que hizo, y que se llevó a su casa apretándolas bajo el brazo como si llevara el mayor de los tesoros. Hace doce años, cuando tenía 76, se compró una cámara de medio formato, con tres ópticas intercambiables, que le costó medio millón de pesetas. Pero la tiene aparcada en casa porque se ha pasado al mundo digital, que le tiene maravillado. Lo analógico es un desfase, comenta. Las imágenes digitales te abren una infinidad de posibilidades que explorar. Él va a que le pasen a papel las fotos que quiere guardar en ese soporte con un "pen drive" y está encantado de lo barato y lo rápido que es todo. El año pasado le hizo a su nieto el "reportaje alternativo" de su boda, y les regaló a los novios una cámara fantástica más un disco duro externo de 20 Gb para que fueran guardando las fotos que hicieran durante el viaje de bodas. También mantiene el amor que ha profesado siempre a los niños. Prometió enviarme por email las fotos que les hizo a los míos ayer. Se siente como pez en el agua con las nuevas tecnologías. Y come mucho pan. Yo, por mi parte, prometo acordarme de él cada vez que piense que, con 41 años, ya no tengo nada que hacer en esta vida, que nunca podré dedicarme a escribir con fundamento ni a hacer nada de provecho. Y le he de dar el tostón con esta historia a mi padre, al que el año pasado, cuando contaba 75, hubo casi que obligar a que se hiciera una dentadura nueva ("total, para qué la quiero: para lo que me queda..."). Miguel Perdiguer tiene 88 años. No piensa en la vejez ni en la muerte, sino en la belleza, los niños, el futuro, las posibilidades que ofrece la vida. Es joven. [La foto, Serafín y su gélida dama, está tomada por Perdiguer en el Mas de las Matas en 1963. También tiene una historia bonita, aunque no tanto como la que promete la propia imagen, así que no la cuento. La he tomado del blog "Cuadernos de Cazarabet", que mantiene el hiperactivo Javier Díaz, promotor de la excursión de ayer a Santolea y factótum del GEMA; otro tío admirable. Esta es la doble página que dedicaron el domingo en el Heraldo al libro que el GEMA ha publicado con fotos de Perdiguer y de Andrés Serrano.] He ido al cole a recoger a Quinito, que se queda al comedor, cuando pasaba un poco de las dos y media. Cuando he salido del trabajo. En el recreo de los pequeños sólo había dos niños: él y Santiago. El primer día de curso, preocupada porque Quinito no tuviera apenas compañeros de comedor (mientras no hay escuela por las tardes, la mayoría de los niños come en casa), pregunté a la monitora cómo estaba la cosa y me dijo que, efectivamente, estaba muy floja: sólo se quedaban a comer 12 chavalines en total entre los tres cursos de infantil. Quinito y Santiago estaban jugando en la fuente y se habían puesto chipiadicos hasta el pelo. Tanto, que el propio crío me ha dicho, pese a que hacía bueno, que le pusiera una chaqueta, que tenía frío. Ya a la salida, en la puerta del cole, donde estaban juntas las monitoras, les he dicho que se fijaran en cómo iba de mojado el pobre chaval. Respuesta de la monitora: “Es que estamos de servicios mínimos. ¿No te has enterado?”. Bueno, había visto los titulares de la prensa sobre la huelga de comedores escolares, pero nada más. “Pues lo primero es informarse”, me ha contestado mientras me alargaba una hoja con sus reivindicaciones. “Buscamos la adhesión de los padres”, he oído mientras salía corriendo en pos de Quinito, quien había pillado las de Villadiego hacia el coche, no fuera que me cruzara la calle (Avda. Almozara: casi ná) y tuviéramos un susto, como poco. Así que no le he podido contestar. Me he quedado con las ganas de decirle que si eso de los servicios mínimos significaba que se suprimía la posibilidad de que hubiera alguien que impidiera que los niños hicieran de las suyas en el recreo (verbigracia, ponerse como una sopa). Ya en casa, viendo cómo el chaval atacaba las borrajas de mi plato como una fiera, me he preguntado si también los servicios mínimos eran sinónimo de pasote absoluto hacia si los niños comían o más bien ensayaban el mecanismo de la catapulta con las judías estofadas. Para entonces, yo ya estaba en plan somarda. Por el camino, había aprovechado los semáforos en rojo para leerme el papel de las reivindicaciones que justificaban la huelga, y mi mosqueo inicial se había convertido en gran mosqueo. Se verá por qué. Yo no estoy en contra de la huelga. Soy trabajadora por cuenta ajena (lo que es muchísimo mejor que ser autónoma, al menos en mi gremio, y hablo por experiencia) y veo de cajón que el personal defienda sus derechos laborales con las armas que tiene en su mano. ¿Que eso perjudica a la ciudadanía? Pues también es de cajón: si no se nota que protestan, es como si no. Pero hay límites. Los médicos no pueden dejar que la gente se muera, ni los jueces paralizar los juzgados, ni la poli pasar de todo… y así. Inclúyase en esta relación de imposibles dejaciones de responsabilidad todo lo que tenga que ver con los niños. Pero lo que me ha sacao la vena somarda y una considerable dosis de mala leche es la lectura del papel. “¿Tienes un minuto para tu hijo? Lee esto, te interesa”. Ya empezamos mal: lo que se está pidiendo en realidad no es un minuto para tu hijo, sino para que conozcas sus reivindicaciones. Es legítimo hacerlo, así que dígase alto y claro, y no recurriendo a argumentos falsos. Continúo leyendo. El problema es que se reduce en media hora, o hay casos en que en una hora, el tiempo que transcurre entre las clases de la mañana y las de la tarde, esto es, el que los niños dedican a comer y despejarse o, en términos laborales, el que ellos (ellas: parece ser que son todo monitoras) tienen de contrato. Pero no se dice “estamos en huelga porque nos recortan los horarios y no hay derecho”, sino cosas como que nuestros hijos “tienen menor tiempo de descanso para desconectar” o que la situación determina la “ausencia de actividades lúdicas con los niños, al no tener tiempo de prepararlas ni de desarrollarlas”. Mira, eso me ha llegado al alma, porque me parece un argumento tan falso como un euro de seis céntimos y pico: ¿Qué actividades lúdicas hay que preparar y desarrollar en el tiempo del comedor? ¿“Diviértete con la física cuántica”? Yo preferiría que jugaran a encorrerse, al escondite, a “tento marro”, a las tabas, a “churro, media manga, manga entera”, a la comba o, si me apuras, a “la taba la correa” (un juego que yo odiaba de pequeña, porque era de chicos y las chicas no nos llevábamos más que golpazos). Si las monitoras se arremangaran, se tiraran con los críos por el suelo y les propusieran jugar a lo que sea, e incluso llamaran a eso “jugar” y no “desarrollar actividades lúdicas”, seguro que los críos estaban encantados de la vida. Hasta puede que no recurrieran a empaparse con el agua de la fuente. Y si lo hacían, a la monitora “se le valdría” si mientras tanto estaba jugando con otros; pero no si estaba desatendiendo a DOS NIÑOS PEQUEÑOS, SÓLO DOS, mientras repartía, junto a sus compañeras, octavillas a los padres donde se exigía “una jornada mínima de tres horas para un servicio de calidad” porque “vuestros hijos tienen derecho”. Estas monitoras se dedican, según se indica en el texto, a “educar y vigilar a [los] niños en el acto de la comida y desarrollar actividades de tiempo libre en el periodo de descanso”. Pero lo que me demuestran es falta de profesionalidad y de responsabilidad, de modo que lo que me cuentan en ese papel me suena cínico. Me da la impresión de que me toman por gilipollas, y a los críos por algo que hay que soportar. Así que mañana no firmaré, no. Desde luego que no. Hoy me han preguntado por la calle unos mocicos de una tele que si había notado en el tráfico que era el Día sin Coches. Adivinen ustedes la respuesta. Me preguntan luego que cómo voy a trabajar yo cada día. Respondo que en coche. –¿Y no sabe usted que contamina? Buf. Pues alegato sobre que si hubiera una red excelente de transporte público, eficaz, rápido y cómodo, que conectara bien los distintos sectores de la ciudad y sus polígonos, e incluso los pueblos de su entorno, pues que no cogeríamos tanto el coche. Que yo, como casi todo el mundo, no lo cojo por gusto, sino porque lo necesito, etc. Ahora, bien: si hubiera sabido lo que me esperaba hoy, precisamente hoy que, por pura casualidad (necesidades de la logística familiar) no he cogido el coche, la respuesta habría sido más ácida. Las tres veces, tres, que he tenido que coger un bus esta mañana han sido para poder añadir anécdotas al amplio elenco que todos tenemos sobre el tema. Menos mal que, una de esas veces, un viajero ha tenido un rasgo de los que te devuelven la fe en el ser humano: ha acudido raudo a pagarme el billete cuando el chófer se ha negado a cambiarme un billete de 10€. 22 de septiembre, Día sin Coches y con Conductores de Autobús. [He cogido la foto de http://elchicoibarra.blogia.com.] Mañana nos subimos a Jánovas porque es la fiesta. La hacen en honor de San Miguel, que fue el patrón del pueblo, pero tiene, como no podía ser de otra manera, un tono reivindicativo evidente. La ley, o más bien quienes deberían velar por su cumplimiento y hacerla cumplir, se han puesto en un limbo comenenciudo para no devolver a sus antiguos propietarios las casas y las tierras. Total, son cuatro gatos frente a Endesa, la CHE, los ministerios, las inmobiliarias... No es por hacerle de menos a San Miguel, de verdad, pero más bien me parece que habría que buscar una patrona de la Justicia a la que invocar y hacerle fiestas (pobre, no daría abasto). ¿Santa Equitativa? ¿Santa Reparadora? ¿La Virgen del Buen Juicio?... Habrá que pensarlo. Mientras tanto, mañana es fiesta. ¡Jánovas se llena de vida y de alegría! Es la mejor manera que se me ocurre de resumir el evento. ;) Se ha pedido al Defensor del Pueblo que recurra la Ley de Propiedad Intelectual. Como que es abusiva: se supone que todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, pero aquí se parte de la premisa de que todos somos delincuentes potenciales y hemos de pagar por ello, por adelantado. En el artículo enlazado se explica bien la cuestión, así que no me extiendo más. Pero quiero resaltar una frase que dice: "Otro de los problemas, según la plataforma Todoscontraelcanon.es, es que no sabemos qué se hace con esos ingresos ni cómo se distribuyen entre los socios". No estaría mal saberlo, porque son más de 2.100 millones de euros. Anuales. De ellos, supongo que la mayor tajada se la llevará la SGAE, entidad contra la que se dirigen también la mayor parte de las luchas. Sin embargo, hay otras entidades recaudadoras de similar índole, como CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos), que también se llevan un buen pellizquito. En concreto, CEDRO percibe una remuneración en concepto de derechos por copia privada; en cristiano, por hacer fotocopias. Y, según su memoria anual, el año pasado recaudó la bonita cantidad de 30.146.000 euros, sin contar el pico. Yo he sido editora e incluso me llegué a beneficiar de algún pago de CEDRO, que enviaba cada año a casa un talón por unas 20 ó 30.000 pesetillas que bienvenidas eran. Desde luego, no me sacaron de la ruina caracolera. Ni tampoco hicieron que me convenciera del todo de la existencia de la propia entidad. Por tres motivos: 1. Porque dedica más de una tercera parte de esos ingresos a financiar proyectos que nadie le pide (salvo, supongo, los amigos: cursos, asistencia a ferias, etc.), y de esa cantidad, casi otra tercera parte (en 2005, casi 3,5 millones de euros) a financiarse a sí misma. 2. Porque dentro de las triquiñuelas financieras que se me llevan estas entidades recaudatorias que tanto me recuerdan al sheriff de Nottingham, figura el cobrar los derechos un año y repartirlos entre autores y editores al año siguiente. Lo cual les permite, como en 2005, invertir más de 11 millones de euros en imposiciones a plazo fijo; más de 4, en inversiones en mercados monetarios; y casi 22 en fondos de inversión. 3. Porque, en fin, son tan usureros y tan ávidos que han llegado a rasgarse las vestiduras amargamente porque la nueva Ley de Propiedad Intelectual (la que ahora se quiere recurrir por inconstitucional) permite exenciones al cobro de derechos tales como que “un profesor reparta entre sus alumnos la fotocopia de un poema o de unas páginas de una novela, para su comentario en clase, sin que sea necesario solicitar autorización a los titulares de derechos de la obra”, o como que “una biblioteca no tenga que solicitar el permiso de los titulares para dar acceso a sus usuarios, a través de su intranet, a los fondos que posea y que puede haber digitalizado previamente, siempre que lo haga con fines de investigación”. Ambos ejemplos se dan en el último número de su boletín (pp. 16-17). En el del verano pasado, que era cuando se estaba tramitando la ley, el tono de los responsables de CEDRO era como de que se acababa el mundo, o algo así. Ahora están que aplauden con las orejas por lo de poder cobrar simplemente porque haya ordenadores, DVDs, CDs y todo tipo de aparatitos digitalo-informáticos en el mercado: les saldrá una buena sisa de cada unidad. Carranclang, carranclang, oirán todo el día el sonido de las antiguas máquinas registradoras, que ahí no nos modernizamos, no señor; y en sus ojos, los también vetustos signos del dólar que caracterizaban al Tío Gilito. ¿De verdad que todo eso se hace para proteger los derechos de autor? ¿No hay un límite que roza el de ese mismo autor a que se difunda su obra? ¿No se han olvidado del fin porque son más sustanciosos los medios? Me encantaría escribir nuevos post. Pero o Blogia no me deja (se escacharra siempre por la noche, que es el rato que yo puedo dedicar: se me están haciendo más largas las obras de Blogia que las del Paseo Echegaray, y eso que yo vivo en la calle Predicadores) o se me rebelan los dispositivos tecnológicos varios que se supone que deben funcionar. No puedo enviar imágenes desde el móvil, ni colgar vídeos en You Tube, ni... No sé, será una confabulación judeomasónica, un contubernio, un mal de ojo, una mala estrella. Pero que conste que no es falta de voluntad. Se me han ido a hacer puñetas varias posibilidades chulas (creo) de post... Y ahora no puedo alargarme más porque estoy en el curro y esto es un escaqueo. Ni siquiera pude acercarme ayer al bloggellón... «A menudo, la imagen de la bondad está ligada a una relación amigable y confidencial con las cosas, a una respetuosa familiaridad con los objetos, a una atenta y sabia capacidad para tratarlos con habilidad, pero también con cuidado y respeto. La gentileza con la que se trata a las personas, a los animales, a las plantas, se extiende espontáneamente a las cosas, al florero en el que se mete la flor; la bondad también está en las manos, en la manera en la que se tienden hacia otras o toman un cenicero de la mesa. La atención, se ha dicho, es una forma de plegaria, el reconocimiento de la realidad objetiva, de un orden, de que existen límites: una manera de mirar más allá y por encima del yo egocéntrico, de saber que nadie es el caprichoso y tiránico sátrapa del mundo y que puede destruirlo a su arbitrio, como nos sucede en esos penosos e impotentes ataques de cólera en los que, al no poder destruirnos a nosotros mismos, a los otros o al universo, hacemos pedazos el primer objeto que nos queda a la mano. San José o Geppetto tienen manos fuertes y buenas, se mueven con habilidad y soltura entre las herramientas de su taller. Así comienza un precioso artículo de Claudio Magris en “Confabulario”, suplemento de cultura de El Universal de México. Recomiendo su lectura completa. Es tan bonito como la entrevista que se hacía a su hija, Núria Schönberg, en la última página (“La Contra”) de La Vanguardia del martes, hecha porque ahora, en Barcelona, hay una exposición dedicada a la figura de este músico vienés. La enlazo, aunque la web de La Vanguardia está hecha sólo para que te suscribas al periódico y no para difundir su contenido. Era precioso cómo la hija hablaba de su padre, el cariño que transmitía hacia su calidad humana, por encima de su consideración como músico genial. Dan ganas de mirar la vida como él, de huir de los yugos que nos impone la vida estándar y buscar un huequecito por la gatera... [Este ha sido un escaqueo pequeñito: el post lo escribí anoche en Word.] La foto es de Mamen Rufas, la he tomado de la página de la Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos y corresponde a la IV Copa de España de Kayak, celebrada en Murillo de Gállego en 2005. No me puedo creer lo que está pasando con Biscarrués. Si ya el funcionamiento de la Comisión del Agua era como para echarse a llorar, lo de esta semana está tomando cariz de auténtico escándalo. Vamos a empezar por el principio. El 20 de julio, la Comisión del Agua de Aragón acordó remitir al Ministerio de Medio Ambiente este texto. Para quien no quiera seguir el enlace (aunque el texto es muy corto), resumiré que el acuerdo consistía en enviar a la ministra las diferentes opciones existentes sobre Biscarrués (desde no hacer pantano hasta hacer el grande de 192 hm3, que es el que en principio estaba previsto) para que ella decidiera, dado que aquí no se había alcanzado ningún acuerdo. Eso sí, se dejó muy claro por otros cauces que los regantes y Boné defendían la opción de hacer un pantano de 35 hm3 con vistas a su futuro recrecimiento hasta los 192. Doña Cristina Narbona llegó el lunes a Zaragoza y dijo (y me remito a un comunicado oficial del Ministerio) que había que elaborar un nuevo proyecto para un pantano pequeño que tuviese en cuenta varias condiciones, entre ellas la de no inundar Erés y la de respetar las actividades turísticas que se han desarrollado a partir del río. Descartó, desde luego, la posibilidad de que se hiciera el pantano grande, ni ahora ni en el futuro. Tal decisión ha motivado varias reacciones, entre ellas la satisfacción a medias de los afectados, porque ven desaparecer la espada de Damocles que ha pendido sobre su tierra en las últimas décadas, aunque sigan rechazando la idea de que en el Gállego se haga un pantano, ni grande ni pequeño. Pero lo más curioso ha sido ver a Boné defender sin fisuras a los regantes y comprometerse a que el Gobierno de Aragón asumirá lo que éstos decidan. Ante esa clara toma de partido, se me ocurren dos cosas: 1. El lugar en el que ha quedado la Comisión del Agua está por debajo del nivel del barro. Se ha criticado mucho a los afectados porque la abandonaron, pero ahora, cuando “Madrid” ha tomado una decisión que no gusta a los regantes, éstos salen diciendo “no se me vale”, y Boné arregla las cuestiones directamente con ellos, que son los que cuentan aquí, y pasando olímpicamente ya del paripé de reunir a la Comisión para abordar el tema. 2. ¿El Gobierno de Aragón representa a todos los aragoneses o sólo a algunos? Destaca en este sentido la nota de prensa hecha pública por los regantes, de la que parece deducirse que lo que ocurre es que no aceptan la decisión de la ministra; aunque, curiosamente, lo que están diciendo es que han decidido mantenerse firmes “en el texto íntegro del documento aprobado en sesión plenaria de la Comisión del Agua de Aragón de fecha 20 de julio”. Un documento que, como hemos señalado arriba, lo que decidía era enviar a todo a Cristina Narbona y dejar que ella diera una solución. Está claro que algo me he perdido. Para encontrarme, he recurrido a dos buenas fuentes: 1. La columna de José Luis Trasobares en El Periódico de Aragón del miércoles. 2. La viñeta de José Luis Cano en el Heraldo de ayer (y conste que la que me doy por aludida soy yo). Menos mal que quedan cabecicas despejadas. Menos mal. También hoy hay dos artículos esclarecedores en la prensa: tanto en el Heraldo como en El Periódico. Será curioso ver, en los próximos días, cómo se intenta salvar del puritito naufragio a la Comisión del Agua. Por no decir que será patético… <<Es todo lo que puede hacer una patata para parecerse a un corazón (Joaquín dixit). Es pa alucinar: yo fotografié esta patata ayer, antes de ver la página de Mariano... Algo querrá decir esto, o qué.>> Eso era del otro día. Ahora, esta pobre es una patatica tardana. Como el post se ha quedao viejo, pa compensar pongo un tomate. |