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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.
Hale, por fin parece que se va a constituir el Patronato del Archivo de la Corona de Aragón. Los políticos se reunieron ayer y, después de 25 años, dicen que se lo van a tomar en serio y eso. ¿Y por qué ahora? Pues porque se ha aceptado que "lo gordo" lo administre Catalunya. I punt. Lo que queda, que lo gobiernen otros, sí. Ahora sí. Como dice el profesor Carlos Laliena, medievalista de los de quitarse el sombrero, "una vez transferido a la Generalitat el Archivo Real [donde se supone que está buena parte de los "fondos propios" de Cataluña], el Patronato tendría capacidad para supervisar... practicamente nada". Porque está visto que se los quedan, los fondos. Que se los quedan nuestros vecinos, digo. Afirman que el Archivo Real es suyo. Que los fondos que contiene son catalanes. No se trata sólo de la documentación añadida al Archivo en los siglos XVIII y XIX, ésa sí propiamente del Principado. No. Lo que interesa es hacerse con los fondos medievales. ¿Y Aragón? Pues no existe. Así, tal cual. El que lo dude, que se lea el artículo de Ignasi Aragay sobre el tema en el diario Avui de hoy (avui, también). Sobre todo, su último párrafo, que traduzco: "Con sede en Barcelona, el ACA [Archivo de la Corona de Aragón] depende el Ministerio y las comunidades afectadas (?) siempre han reclamado una presencia preeminente. La mayor parte de la documentación es catalana, ya que la propiamente balear se conserva en el Archivo Real de Mallorca y la valenciana en el Archivo Real de Valencia. La aragonesa fue destruida por las tropas napoleónicas". Curioso efecto, oiga: como las tropas napoleónicas incendiaron el Archivo de la Diputación de Zaragoza, resulta que nos quedamos sin documentación en el Archivo de la Corona... Toma ya. Lo jodido sería que esto lo aceptasen nuestros políticos. Aunque, visto lo contenta que salió ayer Eva Almunia, mucho me temo... -¿Te puedo ayudar en algo? -Pues... sí, tengo que comprar una crema hidratante y... -¿Tipo de cutis? -... -Déjame ver. Bueno... Normal. No, mixto. Mira, te voy a enseñar una cremita para cutis mixto buenísima, ya verás. Muy fresquita, muy agradable, con una texturita suave, ¿ves? Es lo más nuevo que ha sacado Biotherm. Esta otra, de Dior, también es estupenda: también muy fresquita, muy para la mujer de hoy. Es ideal para pieles sensibles, como la tuya... Ideal, ideal. -Ya... ¿Y cuánto vale? -Ciento treinta y cuatro euros. Pero dura mucho, ¿eh? Con una dosis pequeñita, es una cremita que parece que no, pero uf, dura... Esta otra creo que es algo parecido, sí, ciento veintidos. Pero también te dura mucho, ¿eh? -Mmmm... ¿Y algo más económico no tiene? -Bueno, es que tendríamos que pasar ya a la cosmética popular. -Ah. -Es ahí, esos lineales de enfrente. En esa sección ella ya no me podía ayudar. Así que me fui a buscar, yo solita, una cremita fresquita para pieles sensibles. No, mixtas. Que seguramente no sería tan ideal. "Cosmética popular"... No había alucinado tanto desde que me dieron, en una perfumería, unas muestras de crema "a base de extractos de plantas botánicas". Ocupando toda la parte trasera: "Ríos limpios, Aragón vivo". Pero en el anuncio no aparece ningún río, ni nada de agua. Sólo un dibujo muy naïf de unos juncos, y una ranita en alegres colores... y una foto enorme de David Civera. Uno pensaría que se ha tenido que recurrir a poner un famoso con una bonita sonrisa porque en Aragón no hay ríos limpios para sacarles una foto para la campaña. O qué. Sobre todo, cuando se repasa la actuación de la Consejería de Medio Ambiente en según que aspectos. Porque instalar depuradoras sí, pero mantener los ríos libres y a salvo... pues eso no. De los ríos principales, sólo tenemos uno que sigue corriendo salvaje y hermoso desde el nacimiento a la desembocadura: el Ara. Y si mantiene esa condición no es, desde luego, porque se haya empeñado en ello el Gobierno de Aragón, sino por la larga, tenaz y costosísima lucha que mantuvieron los ciudadanos comprometidos con ese río, que hubo que defender de un luctuoso proyecto de pantano. Y en cuanto al río Aragón... pues ya se ve lo contento que está nuestro Gobierno con que le vayan a poner una mordaza de hormigón mucho más grande de la que ya tiene, en Yesa. El eslogan de la campaña se parece mucho al de Coagret ("Ríos vivos, pueblos vivos"). Pero me parece que la Consejería de Medio Ambiente no está por la labor de mantener los ríos vivos. Prefiere mantenerlos sólo limpios, aunque las aguas que haya que limpiar sean las muertas y estancadas de los pantanos. Es una campaña tontona que no ha calado ni en quien la promueve. No transmite credibilidad, no se ve el agua. No defienden los ríos, sólo "venden" depuradoras. (Perdón por lo mala que es la foto. Es que iba conduciendo.) Mi abuela decía, cuando algo se había perdido y le había costado la intemerata encontrarlo, que estaba "debajo de los siete estaus". Y me entero ayer, por mi hermano, que según el DRAE un estado es una "medida longitudinal tomada de la estatura regular del hombre, que se usaba para apreciar alturas o profundidades, y solía calcularse en siete pies". Y comenta mi hermano, al comunicarme el asunto: "Así que, por aquello de las 7 veces 7, la frase aquella que decía la abuela era algo incluso más escondido de lo que yo me había hecho a la idea...". Qué lista era mi abuela, por dios. Y qué salada. Cuando nos piropeaba, nos decía cosas como "billetón de la Casa Real" o "tortada de dos mil huevos". O nos llamaba "Camponuevo y Las Viñuelas", que son las partidas de mejor tierra que hay en mi pueblo. Y nos decía que valíamos "más que un Pirul". De que los antiguos llamaban "Pirul" al "Perú" me enteré hace ya tiempo. Toda esa plata y esas riquezas valíamos para ella. Se llamaba Julia. Mi hija lleva ese mismo nombre, en su honor. Sólo una familia se empeñó en pasar en el tanatorio de Valencia la primera noche tras el accidente del metro, velando a sus familiares muertos. Y rechazaron la ayuda psicológica que les ofrecían los de la Cruz Roja. La portavoz de este organismo, yo diría que un tanto ofendida, declaró a la mañana siguiente en la radio: "No han querido que les atendieran los psicólogos. Han preferido administrar su dolor a su manera". Desde luego, en un trance como ése a mí me dicen que me van a ayudar a administrar mi dolor y yo también los mando a tomar por saco. El empeño en quedarse a velar a sus muertos toda la noche y no consentir dejarlos solos en un frío tanatorio, contra todas las recomendaciones de los sicólogos que aconsejan descansar, etc., revela una forma muy determinada de concebir la muerte. Yo pondría la mano en el fuego a que eran de pueblo. Y no me quemaría. Hemos pasado el fin de semana en Bielsa. Sitio turístico pero al que no han echado aún el guante las grandes promotoras que construyen esas salvajes urbanizaciones que se ven en otros valles del Pirineo, quizá porque allí no hay cerca estaciones de esquí. Hemos estado en una casa junto a la iglesia, en un lugar confortable, donde me sentía como si hubiera sido la casa de mi abuela que la hubieran reformado, poniéndole ventanas y suelos nuevos, muebles discretos y electrodomésticos. La primera noche, al poco de llegar, se concentraron en la plaza de la iglesia los chavales de un grupo de colonias --supuse-- que estarían de excursión (tiene una palabra propia en el argot de los campamentos, pero no la recuerdo). Estuvieron organizando un follón horroroso hasta eso de las doce. ¡Cómo gritan los críos, por dios, si parece que están locos! Me recordaba el sonido inconfundible de los patios de recreo. En mi pueblo se dice: "Carne que crece, no para". Se debería añadir que tampoco para de dar voces y de armar bulla. Porque eso sólo dejas de hacerlo cuando te vuelves mayor. El que un niño, de por sí, se esté quieto y callado es mala señal. Lo contrario es un latazo, pero es así como está bien. Pensé que en las ciudades, e incluso en los pueblos grandes, los críos no organizan semejantes algarabías por la noche hasta tan tarde. Recordé que cuando yo era chica sí lo hacíamos: las noches del verano eran geniales. "Mama, me bajo a la fresca". "No vengas tarde". Bajabas las escaleras de dos en dos, dabas un portazo (a una puerta que tenía manillera por fuera y no se cerraba con llave hasta que nos íbamos todos a dormir) y te juntabas con la cuadrilla a correr por las calles, a jugar a escondernos, a encorrernos, a escaparte de los chicos... Y chillábamos mucho, ya lo creo que sí. Ya de más mayor, cuando todavía pasaba los veranos en mi casa, los niños seguían corriendo y gritando por las calles hasta tal hora. Recuerdo ese sonido de cuando me quedaba leyendo por la noche, con la ventana de mi cuarto abierta. Hoy ya no se les oye. Hay más tráfico, más obsesión por la protección y las puertas están siempre cerradas. Los porteros automáticos han sustituido a la costumbre de dar voces en el patio, o por las escaleras, para avisar a los de la casa de que habías entrado. Y a la fresca sólo sale, en las esquinas más tranquilas, la gente mayor. En mi calle de Zaragoza, en el barrio del Gancho, sí que se sigue oyendo ese griterío para el verano. Sólo que las voces hablan lenguas extranjeras o tienen deje gitano. Son tan felices como lo era yo de niña en mi pueblo, o como lo fueron, la otra noche, esos niños de las colonias, niños urbanos que sólo respiran en las contadas ocasiones en las que pueden pisar las calles libres de un pueblo pequeño y aún sin urbanizaciones gigantescas que imponen horarios y costumbres de capital. El 2 de julio, en la página 16 de Heraldo de Aragón, en la sección de "Breves" (menos mal) se publicó la siguiente noticia: El IAM [Instituto Aragonés de la Mujer] paga vacaciones a 34 familias monomarentales. Te lees el texto y resulta que son "mujeres con hijos exclusivamente a su cargo", es decir, familias sólo con madre. Digo yo que si, además de eso, no serán familias que tengan marientes en lugar de parientes... Eso pasa por cortar y pegar las notas de prensa que envían los gabinetes de ídem de los organismos oficiales (que, por cierto, lo hacen con esa intención precisamente: que sólo haya que cortar y pegar, y no comprobar, ni analizar, ni cuestionar). Durante el tiempo en que trabajé de redactora en el semanario Qriterio Aragonés, recuerdo haber recibido una perla como la reseñada: era una información sobre una pregunta parlamentaria que hacía IU en las Cortes aragonesas acerca de "La situación de las familias monoparentales/monomarentales". Por cierto, no la enviaba el gabinete de prensa de IU, sino el de las propias Cortes de Aragón (que, como diría mi abuela, tarrancaleras son). Nos dio mucha risa a los redactores pero no le dimos más importancia, pensando que semejante pampirulada no se generalizaría. Pero me temo que fuimos demasiado optimistas... La pasada primavera estuvieron sentados en el banquillo, en la Audiencia de Madrid, varios exaltos cargos de la Administración española, concretamente de la Dirección General de Obras Hidráulicas, de la de Medio Ambiente y de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Un juicio como ése no se ve todos los días; era excepcional por la "categoría" de los encausados. Pero no trascendió apenas a la prensa. Ya no digamos a la de ámbito estatal: tampoco a la aragonesa, o al menos a su órgano de mayor difusión, pese a que lo que se enjuiciaba era la legalidad de la tramitación de la principal obra hidráulica en marcha en estas tierras, la del recrecimiento del pantano de Yesa. El Periódico de Aragón sí cubrió la noticia suficientemente: fue la excepción. Contra todo lo esperado, dada la gravedad de las acusaciones (prevaricación, riesgo catastrófico, falsedad en documento público, delito contra el patrimonio histórico, contra los recursos naturales y el medio ambiente) y la claridad de las pruebas aportadas (sobre las irregularidades seguidas en la tramitación de la Declaración de Impacto Ambiental, la falta de estudios sobre riesgos sísmicos, la incompatibilidad de algunos altos cargos políticos con su presencia en empresas constructoras beneficiadas por la obra...), todos los acusados fueron absueltos por el tribunal. Pese a que la sentencia ha sido recurrida, y no sólo por la acusación particular, sino por la propia Fiscalía, cundió entonces la euforia en la prensa aragonesa. Abundaron, ahora sí, los artículos extensos y aliviados, si no triunfantes, sobre el tema. Pero el que más me ha llamado la atención fue el publicado en la "Tribuna Ajena" del Heraldo de Aragón el pasado 27 de junio, firmado por José Enrique Ocejo, decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Aragón, titulado "Judicialización perversa" (https://www.heraldo.es/pdfs/visoraragon.html?pagina=22&cuaderno=PRI&fecha=20060627). Sería tedioso comentarlo por extenso, aunque dan ganas porque no tiene desperdicio. A ver: el demandante era el Ayuntamiento de Artieda, principal perjudicado por la obra, aunque sus acusaciones las amplió luego, para sorpresa de muchos, la propia Fiscalía. ¿Qué hacía ese Ayuntamiento? Recurrir a los cauces que el sistema le da para defenderse en una situación, cual es el recrecimiento de Yesa, que les condena poco menos que a la aniquilación. Y que, además, tiene trazas muy claras de haberse tramitado de forma irregular, por decirlo a lo fino. Se defienden, con las armas que el Estado de derecho pone en sus manos, para tratar de sobrevivir. Esa actitud, que creo yo que cabe en la cabeza de cualquiera, no cabe por lo visto en la del Sr. Ocejo, para quien "en los tiempos que corren se está abusando desaforadamente de los resquicios que una ley justa permite", pues "aprovechando la figura del delito de riesgo, quienes quieren oponerse a determinadas obras tienen la posibilidad de plantear querellas criminales", con la indeseada consecuencia de que "se atemoriza a los técnicos y se dilatan los plazos de ejecución innecesariamente". "Con esta estrategia de judicializar los proyectos y las obras públicas -añade- se perjudica al interés general de la nación, al funcionamiento de las administraciones públicas [...] y, finalmente, hasta se perturba la labor de los juzgados", por lo que, sentencia, "lo que está pasando ha de tener un límite". Nada de dar oportunidades de defenderse a los afectados: "Las cuestiones técnicas deben ser de exclusiva competencia de los profesionales, mientas que las discrepancias sobre la necesidad de unos proyectos u otros deben acotarse al terreno de la política y del debate público". Los afectados, a callar. En todo caso, deben hablar los ingenieros: "Quizás las asociaciones profesionales involucradas tendremos que decir algo más que esto sobre el particular". Joder, menos mal que no son militares. El Sr. Ocejo termina retratándose claramente: "En adelante, intentemos ver la única cara de Yesa, la del desafío técnico. [...] Por una vez, estemos orgullosos al acometer una obra de vanguardia y sin precedentes en España dada su gran magnitud". Oh, dioses, vamos a relamernos de gusto: qué cantidad de toneladas de hormigón, qué magnífica altura la de la presa, qué presencia tan potente tendrá en el paisaje del valle, si hasta se integrará en el entorno o, si me apuras, lo mejorará, como afirman en Aramón que ocurrirá con su "intervención" en Espelunciecha. Qué soberbio reto el de acometer una obra que el propio ingeniero que construyó la primera presa, la ya existente, René Petit, confiesa no atreverse ni a imaginar (entrevista en Navarra hoy, 6 de noviembre de 1983; se puede ver en www.yesano.com), dados los riesgos que acarrearía... Veamos la única cara de Yesa. Porque la otra es mejor no verla: la de los afectados a quienes ya machacaron en los años 50 con la primera presa y a los que hoy pelean en la pelea más legítima: la de sobrevivir. Para el Sr. Ocejo, y por lo visto para todos los ingenieros colegiados a los que representa, los afectados no existen. Mejor, no deberían existir. Han sido una mera piedra en el zapato que ahora creen haberse sacudido. Ojalá pudieran declararlos, como ocurría en la etapa franquista en los Boletines Oficiales que anunciaban la utilidad de alguna obra, simple "población sobrante". Pero resulta que ahora esa población sobrante acude a defenderse a los tribunales, y el Sr. Ocejo, contrariado, estima que eso se tiene que acabar. Habráse visto. Este post de Vesania resume muchas, muchas cosas. Dan ganas de decir aquello de que se puede decir más alto, etc., pero eso también ella lo resume mejor: "El que quiera entender, que entienda". Se puede añadir otra cosa que se dice en mi pueblo y que es verdad: "No hay agricultor contento". Y es justamente de las demandas de los agricultores, que tienen buena prensa entre la opinión pública, de lo que se valen los promotores de las construcciones de presas: decir que es necesaria más agua para los campos resecos y para los pobrecitos agricultores que trabajan de sol a sol queda mucho mejor que decir cualquier otra cosa. Aunque los agricultores consumen, vaya que si consumen. Y empeñados están en aumentar los regadíos, vayan a dar de sí en el futuro o no, sean tierras salinas (que luego sólo valdrán para cultivar arroz: y eso no consume agua, que digamos) o no... Y en Aragón se sigue regando, mayoritariamente, a manta. ¿Campañas de consumo responsable en los hogares y de "ciudades ahorradoras de agua"? Por supuesto que sí. Pero igual no venían mal, tampoco, campañicas (y subvenciones) para instalar riegos por aspersión o por goteo, y costarían menos que hacer un pantano... Cine Warner Zaragoza (el de Grancasa), sala 4, fila L, asiento 8. Para ver la película "Cars", Quinito ha pisado por primera vez un cine. La cosa tenía su aquél, porque al crío, que aún no tiene cuatro años, le asustan los ruidos y voces muy fuertes, le dan un poco de cosa los sitios oscuros, y no sabía yo qué tal efecto le harían las imágenes tan grandes que salen en semejantes pantallas. Y no quería que le pasara como a José Luis Cano, que cuenta en uno de sus magníficos libros el miedo que pasó la primera vez que sus padres le llevaron a ver una película, tanto que hasta tiempo después tenía pesadillas y decía "¡Nooooo, al cine noooo!". Píxar nos lo puso a huevo: ¡una película de coches! Donde, además, sale una grúa, un camión de bomberos, una gasolinera... Y los de Píxar son buenísimos, vaya si lo son: quien lo dude, que vea "Buscando a Nemo", que es un auténtico prodigio, además de una película de aventuras excelente. El éxito estaba asegurado. Quinito se portó como un campeón. No vimos el final porque no se podía aguantar las ganas de hacer pis (de "pixar", que dirían los catalanes), pero salió encantado. Ahora tendremos que pasar por el aro de comprarle, en las próximas ocasiones de regalo, un surtido del merchandising de la película, pero pagaremos resignadamente el "canon" porque ha merecido la pena. La próxima vez que a Quinito le digamos que lo llevamos al cine, se dará un alegrón. Y yo seguiré haciéndome una experta crítica cinematográfica del género infantil... Dan ganas de dejar otra vez fija en el dial la Cadena Ser desde que en Hoy por Hoy está Pedro Blanco. Qué diferencia con Francino, por favor. Esta mañana, tras la noticia ofrecida por el corresponsal que ha cubierto la reunión del G-8 en San Petersburgo, en la que se pedía "la liberación del soldado israelí secuestrado", "el fin de los ataques terroristas" y, hacia Israel, únicamente "moderación", Blanco bramaba: "¡Pero qué carajo moderación! ¿Qué es moderación? ¿Que Israel mate, pero menos? ¿Que destruya menos hospitales e infraestructuras? ¿Que bombardee a su antojo, pero menos? ¿Cómo que "moderación"?". Santa indignación contagiosa. ¿Alguien se imagina a Francino empezando las noticias en Hoy por Hoy de otra manera que no sea: "Buenos días. El PP ha vuelto a cagarla"? Mi tía Manuela se inventaba las vidas de los que pasaban por la calle, tanto si los conocía como si no. Lo hacía a menudo sentada junto al ventano de casa, que era su sitio preferido, pero también las raras veces en que salía de viaje, aunque entonces se explayaba mucho más, porque las ocasiones nuevas le daban más pie. Pero lo mismo le daba un taxista que un tío que veía pescando con aspecto aburrido, la vecina que pasaba apresurada cerca de la hora de comer, un jipi vendiendo pulseras o un guardia urbano dándole al pito, el abuelo de la residencia que se metía en el bar, una chica en bici con la piel muy tostada por el sol o alguien con un sombrero llamativo y cara de feliz: fuera lo que fuese que le llamara la atención, que no tenía por qué ser algo especial ni singular, cogía el hilo de la situación dada y se montaba una película. “Pero y qué hará ese hombre a estas horas solo en la playa; tendrá a la mujer aborrecida en casa, viendo la tele, que ya los hijos se le habrán casado y todo, y mira tú qué quehacer estarse ahí, en lugar de quedarse con ella haciéndole compañía, jubiladicos que estarán los dos y bla, bla, bla…”. Generalmente era para echarles un chorreo, porque en cada situación veía un problema: sin problema no hay historia, y por otra parte eso le iba mucho más a su natural, de suyo era renegona. Todavía llegó a ver los primeros “reality shows” que echaron por la tele, pero no le iban mucho porque eran una sosada. Prefería, de siempre, las “novelas” (que es como se llamaban antes las telenovelas, luego culebrones). Cuando la noche televisiva se pobló de realitys y de tertulias gritonas y groseras, la Manuela se pasó a la radio y se convirtió en una fan ferviente de José Ramón de la Morena. Los cotilleos futboleros tenían mucha más miga. Así que volvió a meterse a la cama cada noche con la radio y un caramelo, como había sido su costumbre muchos años atrás, cuando yo dormía con ella y cogía el sueño arrullada por el “chuik-chuic” del caramelo y las historias tremendas y casposas del “Usted también es formidable”. Toda esa tradición manuelística por fuerza me tenía que influir, así que, aunque no de una manera tan arraigada como la suya, también a mí, de tarde en tarde, un personaje que me cruzo por la calle me da pie para imaginar su vida. No tanto para construir una historia sino para ponerle un contexto y hacerlo, en cierto modo, un conocido. Ayer fueron dos. Por la tarde, un soldadico bajito y moreno, con acento andaluz, que iba hablando por el móvil: “Te he comprado un regalo. Bueno, no es un regalo, es una cosa sin más… Una pelota de goma. Una pelota azul, con una luna blanca. Muy bonita, ya verás. Es pequeña. Es que si compro cosas grandes luego no me caben en el petate…”. Y los amigos que lo reclamaban: “¡Hala, joder, déjate de novias ya, hostia!”. ¿Cuánto tardará ese pequeño andaluz enamorado en volver a ver a su novia? ¿Estará ella igual de colada por él? ¿Lo putearán en el cuartel (¿o será en la Academia?), por buenazo?… Por la noche, que salí a comprar tabaco, un señor canoso que me para en la esquina del Mercado Central y me pregunta, con un español muy justito: “Pour favour, importante, ¿este houtel?”. Y me enseña un tarjetón con un plano del casco viejo de Zaragoza, y una señal cerca de la plaza de España. Le doy la vuelta al tarjetón, a ver cómo se llamaba el hotel, y veo que es una invitación impresa para una cena. No leo el texto, pero me salta a la vista la palabra “rosacruces”. Le indico por dónde tiene que ir, en un inglés casi tan justito como su español. Me intenta repetir las indicaciones sobre el plano y veo que las reproduce pero en dirección opuesta, hacia el río. Le corrijo. ¿Qué hará ese venerable extranjero rosacruciano que coge los planos al revés, perdido por Zaragoza? ¿Es que no tiene una familia que le diga que esas paparruchadas no son más que paparruchadas y que se deje de rosacruces ya, hostia? ¿Sólo tiene amigos raros?... Ay, Manuela… Fue una excelente idea, que ya acariciaba Eloy Fernández Clemente hace años, la de poner la GEA a disposición del personal en internet. Ahora me entero de que amplía servicios y opciones, y capacidades... Me alegro, sí. Pero podían aprovechar también para mejorar algunas cosas básicas que entorpecen mucho la consulta, como el buscador, que es algo patato. Es tan poco fino que, por ejemplo, introduces para buscar "Pedro II" y te dice que ha encontrado más de 200 voces, entre las cuales se encuentran entradas tan curiosas como "Fatás, Pedro José" o el propio "Fernández Clemente, Eloy", amén de cosas tan peregrinas como "Ágreda Automóvil"; pero el que no sale es justamente Pedro II. Eso, en las 200 primeras voces, porque según nos dice el resultado del buscador, hay más... pero no nos las enseña. Si lo que buscas no está en los primeros 200 resultados, ah, se siente. En fin, te queda la opción de afinar la búsqueda (indicarle al buscador que tratas de encontrar, por ejemplo, una biografía y que está dentro de la sección de Historia), aunque habiendo afinado tanto como el nombre propio de un rey, con su numeral, es enfadoso tener que dar más explicaciones. Pero, ¿y si lo que pretendes es tener un repertorio completo de algo, como, por por ejemplo, todas las voces de médicos que aparecen en la GEA para saber cuántos eran de Teruel, pongamos por caso, o cuántos estuvieron en activo en el siglo XVIII? Pues te fastidias: te lista los primeros 200, aunque te sigue avisando de que hay más. Si llegas hasta la G, o hasta la M, pues con eso que te quedas. El buscador alfabético también es susceptible de mejorar: sólo te deja acceder letra por letra (la "P", y no "Pe", por ejemplo), y una vez dentro, sólo puedes avanzar las pantallas de una en una, no te permite hacer saltos (sólo te ofrece la opción de "siguiente" pantalla, no una relación de números para saltar de golpe cien voces si, por ejemplo, estás buscando la palabra "Purujosa"). Es una buena cosa lo de tener la GEA en la red, desde luego. Pero, si estás en casa y tienes a mano la edición impresa, hasta la fecha sigue siendo más cómodo, casi siempre, irte al tomo correspondiente. Hay gente que conduce como si estuviera jugando al Tetris. Iglesia de Erés, cuya campana se ha convertido en símbolo de la lucha contra el pantano Según la información aparecida ayer en Heraldo de Aragón y hoy en El Periódico de Aragón acerca del proyecto de Biscarrués, lo que se está pidiendo a los regantes es un poquito de paciencia, nada más. En la página 2 del Heraldo de ayer aparece un dibujo que compara, en este orden, la alternativa al proyecto inicial, con un embalse de 35 hm, y el proyecto inicial, que preveía uno de 192. De este último se comenta en el propio dibujo: "Sólo se podría hacer si Erés estuviera deshabitado". Por su parte, tras la ronda de contactos que mantuvo Boné con algunos miembros de la comisión, se ha elaborado un texto de propuestas complementarias que incluye la siguiente: "Cuando se den las condiciones sociales que posibiliten un acuerdo [...], podrá abordarse la segunda fase de la obra con el recrecimiento de la presa [...], siempre que no suponga la inundación de ningún núcleo habitado". Leído en cristiano: vamos a hacer ahora un embalse pequeño porque en Erés todavía vive gente; pero en cuanto esa gente se vaya, que se irá a no mucho tardar (¡con lo a huevo que se lo estamos poniendo! ¿qué otra cosa van a poder hacer?), podremos recrecer hasta donde queramos. Recordemos el comentario del dibujo del Heraldo: "Sólo se podría hacer si Erés estuviera deshabitado...". Y ahora recordemos el bombo y el platillo que se da la DGA cada vez que nos anuncia otro programa de recuperación de pueblos abandonados. Y sujetémonos la risa floja o volvámonos todos locos de una vez. Cuando los políticos pregonaban: "Nunca más volver a inundar un pueblo", Erés dejó de llamarse pueblo para ser denominado oficialmente "núcleo habitado". Ahora que tampoco se pueden anegar núcleos habitados, sólo es menester un poquito de paciencia, esperar a que dejen de ser tales. Al parecer, de eso se trata. El Pirineo hecho ladrillo... En los años sesenta, había en Huesca un gobernador civil, Víctor Fragoso del Toro, que soñaba "Un Pirineo todo blanco y azul", nieve en las cumbres y agua en los pantanos. Ahora, la consigna debe de ser "Un Pirineo todo gris hormigón", aunque, bueno, también dejaremos un poquito de blanco nieve para esquiar. A este paso, lo de que "el cielo está enladrillado" etc. dejará de ser un trabalenguas. Y lo de "Si quieres que sea tuya has de enladrillar el Ebro", ya no será sólo una jota. La foto nos la hizo mi hijo Quinito este invierno Cuando me muera, quiero que me incineren y que luego lleven la urna al cementerio de mi pueblo; que pongan ante el nicho una lápida con su foto, su jardinera para las flores y su frase de despedida, de las clásicas, tipo “Tu familia no te olvida”. De algún modo me reconforta la idea de que, cuando la gente de mi pueblo suba al cementerio, al ver mi lápida se acuerde, efectivamente, de mí, y no sólo lo haga mi familia. “Mira, la hija de la Catalina la Cruzas y Babil el Esquilador... La que se casó con Rayado. Era maja, esta chica, y más lista...”. Y cosas por el estilo, de las que oigo yo, o comento a mi vez, cuando subo por allí. Desde el verano pasado, cuando murió mi madre, subo mucho. Quizá yo, por mí, no iría tan a menudo; pero mi padre sí quiere subir y le acompaño. Generalmente voy con mis hijos, que se entretienen jugando por allí el ratico que estamos. Cuando yo era chica también subía con frecuencia, con mi madre o con mi tía. Entonces sólo había nichos en el muro que delimita el camposanto, y aún no lo cubrían por completo. Como es natural, yo apenas conocía entonces a nadie de los enterrados. Sólo a mis abuelos y a un par de niñas de mi edad, que murieron la una por una leucemia y la otra porque se envenenó con unas setas. Hoy, todo ese perímetro está completo y hay ya cuatro “manzanas” que avanzan hacia el interior del recinto. Y a la mayoría de quienes están allí enterrados sí que los conozco o, bueno, los conocí. Se nota en eso que soy ya bastante mayor. A veces, como hace muchos años que vivo fuera y cuando me explican quién es la gente que se ha muerto no caigo, sólo me entero cuando veo la foto en la lápida: “¡Anda! ¿Que se ha muerto fulano?”... Sigue siendo un cementerio pequeño, que la gente se recorre íntegro para Todos Santos, como es tradición, para recordar a los que se han ido, y no sólo a los que lo han hecho recientemente, sino a todos, a lo largo de décadas y más décadas, desde que existe el cementerio. Algunos ya han sido olvidados, pero son los menos. Es un lugar, digámosle... no sé, familiar, que no tiene nada que ver con los mastodónticos cementerios urbanos, donde vas directamente –a ser posible, en coche– a la tumba que te interesa, pones las flores y te vas, sin tener remota idea (ni ganas de tenerla) de quiénes pueden ser los que descansan junto a tu ser querido; donde los ataúdes, según qué altura les toca, tienen que ser elevados, para su sepultura, con un toro hidráulico; donde el tanatorio parece más el hall de un aeropuerto, con sus pantallas de televisor anunciando la ubicación de cada velorio y la “salida” de cada muerto hacia la capilla nº 2, o nº 3; donde las misas funerales, que siempre son espantosas, ahí lo son todavía más porque el cura, que no conoce ni de oídas al finado, no puede dirigirle ni una palabra cariñosa y sentida de despedida... En la fachada de la “manzana” donde enterraron a mi madre, la más nueva, da el sol de tarde. Joaquín, el sepulturero, cierra a las seis invariablemente, sea invierno o verano, porque los del Ayuntamiento se portaron mal con él hace un tiempo y, resentido, ahora no le da la gana de variar el horario en verano para evitar las horas de más calor y tener que cerrar más tarde. Hace bien. Fueron injustos con él, encima de que se pasa allí la vida, sábados y domingos incluidos, y de que ha de acudir a encargarse de los entierros hasta cuando está de vacaciones, porque si no aquello sería un desastre. Como le dijo al cirujano que le operó hace poco del corazón: “Usted hágalo lo mejor que sepa; pero vaya, si le sale mal, de aquí al cementerio; y si le sale bien... pues al cementerio también”. El caso es que nos asamos de calor en estas fechas y estamos poco rato. El suficiente para recordar a mi madre, todavía no tanto en sus buenos tiempos, sino sobre todo en los malos, los últimos años, que aún nos pesan demasiado, cuando el alzheimer, que nos la quitó en algún momento del que no fuimos conscientes, nos dejó en su lugar una sombra de aquella mujer dulce, tremendamente cariñosa, que ya no sabía quién era ni dónde estaba, y que pasaba, por todo y para todo, hasta lo más nimio, un miedo atroz; el del que, por ejemplo, levanta un pie para andar y no sabe dónde lo apoyará después, porque no reconoce como tal el suelo que pisa. Por eso apenas la lloro, no sé llorarla aún. Quizá porque la lloré, cuando aún vivía, como a alguien que has perdido irremediablemente ya. A mi hijo mayor casi no llegó a conocerlo y a disfrutarlo. A la pequeña, pese a que coincidieron en este mundo unos pocos meses, ya no la conoció, aunque le sonreía. Cuando ahora veo a los niños jugar brevemente en el cementerio, como en un lugar cotidiano y como lo más normal del mundo, siento por un lado la extrañeza más absoluta de ver la pura imagen de la vida en el lugar de los muertos; por otro, parece como si me reconciliara con el mundo, porque precisamente esa imagen, y en un lugar donde todos, vivos y muertos, se conocen, es la constatación de que la vida sigue y de que ese ciclo es el nuestro, el de la rueda que nos trae y se nos lleva. Esta página de la Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos me parece que aclara bastante el lío informativo acerca de lo ocurrido en la Comisión del Agua en su sesión del 23 de julio, dedicada a ver qué se hacía finalmente con el proyecto de hacer un pantano en Biscarrués. Pongo por ejemplo (y porque es el diario más leído, no porque me apetezca especialmente meterme con él) el artículo de Íñigo Aristu de ayer domingo en la página 7 del Heraldo, donde no llegas a saber si lo que ha habido es un acuerdo, una resolución, una propuesta, un conflicto abierto o qué puerros se ha hecho respecto del bendito tema de Biscarrués (que, conviene recordarlo, hasta la fecha es un pueblo, no un pantano), porque entre otras cuestiones confusas, leer que la documentación que se va a remitir a la Comisión del Agua "deja claro que la opción elegida por el Gobierno de Aragón" sea "la que tenía en mente" la mayoría de los miembros de la Comisión, pues... en fin, no sé. Hubo acuerdo dentro del desacuerdo pero no hubo dictamen y se dejó el conflicto abierto. Uffff... En el suplemento "Hoy Domingo" de la misma edición del diario, Carlos Villanova, en la página 8, dedica un encendido elogio al consejero Boné y su capacidad negociadora ("Boné gana en Biscarrués", es el expresivo título de su artículo, que termina sentenciando que ha logrado una "victoria de paliza"). De paso, tira un dardo directo a la ponencia de obras hidráulicas de la Comisión del Agua al afirmar "que apartó de sí el amargo cáliz de dictaminar sobre la presa con la excusa del respeto a los afectados" (la cursiva es mía), cuando resulta que los afectados se han marchado porque cuestionan desde el fondo la propia dinámica de esa Comisión. Ha quedado claro, en los anteriores dictámenes de esa Ponencia, la postura de los afectados no cuenta, porque como son minoría y las decisiones se toman por mayoría, aquí paz y después gloria. Pero si no cuenta tampoco el hecho de que estén o no... ¿alguien me puede decir para qué sirve todo este tinglado? La construcción de todos los pantanos se ha hecho desde la máxima invariable de que era preciso sacrificar a unos pocos para lograr el teórico beneficio de muchos. Los afectados por un pantano siempre eran menos que los supuestos beneficiarios, así que la obra se hacía y punto. Pero ahora la cuestión era, al parecer, que iban a cambiar las cosas, y que las decisiones sobre este tipo de obras no se podían tomar sin tener en cuenta a los afectados. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que las cosas siguen igual: se toma la decisión de recrecer Yesa con la cerrada oposición de éstos, se descarta Santaliestra no por un acuerdo sino porque las sentencias judiciales no dejaron otra vía... y menos mal que en la cuestión del Matarraña intervino la Iniciativa Social de Mediación, porque si no íbamos dados. O sea, se acepta la decisión tomada en nombre de una mayoría, exactamente igual que antes. Ahora, con el pantano de Biscarrués no se alcanza ningún acuerdo, los afectados han abandonado la ponencia y casi toda la prensa felicita a Boné... Si, realmente, lo que pasó fue lo que se indica en la página de la Coordinadora que se enlazaba al principio, o sea, "que dado que no había acuerdo en Aragón, se decidió poner todo en un sobre y enviarlo al Ministerio de Medio Ambiente", incuida la propuesta de no regular el río Gállego y embalsar el agua en los Monegros, ¿qué nos está contando la prensa? ¿Qué nos pretende vender la Consejería de Medio Ambiente? Escucho esta mañana en la SER la entrevista que le hacen a un directivo de una empresa que se dedica, dicen, a dar soporte a las empresas para procurar la conciliación de la vida laboral y familiar de sus empleados. Y para ilustrar su actividad ponen dos ejemplos: 1. Te vas de vacaciones y necesitas que alguien riegue tus plantas y cuide tu mascota. Ellos lo hacen. 2. Quieres irte de vacaciones pero no deseas perder tu tiempo libre (que seguro quieres pasar con tus hijos) en buscar el hotel, porque necesitas uno que tenga cerca un centro de salud para tu madre, que es diabética, y se va de vacaciones con vosotros. Ellos te lo buscan. ¿Qué idea cunde por ahí acerca de lo que es conciliar vida laboral y familiar? Anda, que vamos buenos... Imagen identificativa de la Fundación ALPE-Acondroplasia, con la característica separación «Ser diferente y, sobre todo, ser la encarnación de una figura que, por tradición cultural, tiene connotaciones de comicidad, de grotesco, es sumamente difícil. Por una parte, la sociedad, que es conservadora por definición, mantiene estos clichés vivísimos. Ni siquiera me molestaré en dar ejemplos de dicha pervivencia. Una persona enana, además de la lógica atención que despierta lo extraño, lo diferente, provoca sentimientos de comicidad que no se interpretan automáticamente como algo malo y a los que se deja aflorar con facilidad. Es decir, que mientras que otras personas con discapacidad provocan compasión y empatía, el enanismo provoca risa o, al menos, la conciencia de que podría provocar risa. Y la risa, como todo el mundo sabe, es buena. Y cruel. Las personas con acondroplasia aprenden a ver hasta los más sutiles signos de esta conciencia de que son, y llevan consigo, al “enano”. Es como si una persona con acondroplasia llevara siempre cogido de la mano a un ser diminuto e hilarante. No es él mismo, no es su propio ser, pero jamás se separará de él. Pero sigamos: esta diferencia provoca también en los demás sentimientos encontrados, como la incomodidad, la falta de naturalidad, la culpa, o incluso el temor, un temor inconsciente, a lo diferente. Incluso las personas más sensibles o delicadas (me refiero a una delicadeza sentimental, sea natural o aprendida) sienten esta pequeña incomodidad. A veces, a las personas acondroplásicas no se las trata con grosería (lo cual ocurre, de todos modos, en más ocasiones de las que muchos creen), sino con… distancia, recelo o falta de consideración. [...] Sutiles formas de discriminación que no se perciben hasta que se viven. Los tiempos cambian, y las sociedades evolucionan. Qué duda cabe. Hace un tiempo también las personas ciegas eran utilizadas para provocar carcajadas en los espectáculos. Pero hoy en día se han ganado el respeto y la consideración. Palabras que hace muy poco se utilizaban para hablar de personas con “síndrome de Down”, de homosexuales o de otras razas, están siendo eliminadas del vocabulario; como mínimo, y bajo gravísimas acusaciones, del vocabulario de políticos, periodistas, educadores y demás comunicadores. Tenemos confianza en que, cada vez más, ese respeto se extienda a las personas con acondroplasia, personas con enanismo, o, con todo respeto, personas enanas». Es un texto de Carmen Alonso tomado de la página web de la Fundación ALPE-Acondroplasia, que preside. Carmen es madre de Yago, un chaval acondroplásico ya adolescente que, por lo que sé, es tan majo como su madre, o casi. La acondroplasia es un tema del que todavía sabemos poco. Y del que la sociedad aún no toma recta conciencia, como sí ha ocurrido con otras minusvalías. Afortunadamente ya no hay "bomberos-toreros", y es verdad que se ha avanzado. Pero aún falta, aún, un mayor grado de sensibilización. Como en tantas otras cosas, se trata de ponernos en la piel del otro. Volviendo a casa de trabajar, he adelantado con el coche a una pareja que iba en bici. Jovencicos los dos, espigados, ella rubia y él moreno. Él pedaleaba y ella iba sentada en la barra, como las mujeres de antes, con una camiseta estampada y una falda corta, los pies cruzados. No iban de juerga, se iban tranquilamente a casa. En el soporte llevaban amarrado un cubo y un par de artilugios de ésos de limpiar cristales, o quizá fuera de pegar carteles. Mi padre tenía una Bultaco preciosa y mi madre iba siempre detrás, también de lado, como todas entonces. A veces iba yo también, sentada en su halda, y ella me sujetaba por la cintura. Espero que a esa parejica no la haya parado la poli. [La foto está cogida de Internet. No tiene nada que ver con mis padres. La Bultaco era más bonita. Mis padres, más guapos.] Me prometo no volver a leer las cubiertas traseras de los libros. Los textos o son mentirosos o tontos o no coinciden con lo que luego resulta ser para ti la novela (si es una novela). De modo que te condicionan la lectura, al menos al principio, y a veces cuesta sacudirse esa idea inicial. Es mejor guiarse simplemente por el título, la devoción a un autor o la foto de cubierta. Y eso que, en tiempos, yo trabajé precisamente haciendo eso, redactar las solapas y las traseras para el Círculo de Lectores... Vista de Jánovas, por José Antonio Melendo (2004) En los últimos días, han presentado sus cuentas del primer semestre las macroempresas Endesa e Iberdrola, ambas con unas cifras de beneficios netos absolutamente mareantes. Cantidades de dinero que no eres capaz de imaginarte junto, que pierden sentido para un común mortal: 1.756 millones de euros netos para Endesa y algo menos de la mitad para Iberdrola (¿parece poco? ¡son más de 800 millones de euros!), lo que hará repartir unos suculentísimos dividendos a sus inversores. De paso, se han revisado sus objetivos al alza, es decir: nos proponíamos ganar una millonada bárbara este año, pero visto lo visto, ahora nos vamos a esforzar por ganar millonada bárbara y media. Una parte nada despreciable de este negocio proviene de la actividad inmobiliaria de ambas compañías: Endesa, a través de su filial Bolonia Real Estate, ha vendido en el primer semestre de este año terrenos y otros activos por un importe de 20 millones de euros, generando una plusvalía neta de 14 millones. Eso, sin contar con que en julio ha vendido propiedades en Palma de Mallorca por valor de 240 millones más. La empresa afirma que su "cartera de terrenos gestionados supera los 140 millones de metros cuadrados en España y Latinoamérica", lo que es calificado por ellos mismos como un "volumen de suelo de dimensión extraordinaria", con una "edificabilidad potencial [que] supera la cifra de un millón de metros cuadrados". Otro tanto puede decirse de Iberdrola, antigua Iberduero: parte de sus beneficios proviene del negocio inmobiliario, que ha arrojado una cifra de 153 millones de euros al resultado antes de impuestos, más otros 47 al resultado operativo. "La compañía cuenta con 3,8 millones de metros cuadrados edificables, con un valor de más de 3.000 millones de euros", según estiman ellos mismos. Iberdrola, cuando era Iberduero, machacó a los habitantes de Jánovas y los pueblos aledaños, y se quedó con sus tierras. Luego se las vendió a Endesa, que es su actual propietaria. Nunca han construido allí un pantano y nunca lo construirán, pero todo el mundo hace la vista gorda frente a la que tendría que ser obligada reversión de los terrenos a sus antiguos propietarios, pues así lo marca la ley. Seguro que esas tierras están incluidas en los activos inmobiliarios que aparecen en los balances de la empresa. Figúrense el quebranto que supondría su devolución (con lo que, dicho sea de paso, no se haría otra cosa que lo estrictamente justo): ¿60 céntimos de euro menos de dividendo a cada accionista el próximo semestre? La estupenda foto que colgué en el post sobre los beneficios de las hidroeléctricas, una vista del pueblo de Jánovas con sus casas destrozadas, la viva estampa del abandono, no era de un irreal "Santiago Melendo", como equivocadamente se indicaba en el pie de foto, ni estaba hecha en el 2005. El autor es el excelente fotógrafo José Antonio Melendo (que tiene un espectacular y utilísimo blog sobre fotografía) y está hecha en el 2004. El día que se presentó en Boltaña el libro "Jánovas. Víctimas de un pantano de papel" (Barc, Zaragoza 2004), Melendo acudió al acto desde Zaragoza y su sensibilidad por el tema le hizo acercarse hasta el pueblo abandonado. Fue entonces cuando tomó esa foto. Bastante tiempo después, Eloy Fernández Clemente, director de la Biblioteca Aragonesa de Cultura (Barc), me la remitió amablemente, y desde entonces la guardo con muchísimo cariño. No sé por qué, en el dorso de la foto escribí a mano: "Santiago Melendo"; me debí de confundir al apuntar el nombre que me transmitió Eloy, o no sé lo que pasó... Yo entonces no conocía a José Antonio. Ahora sí, sí le conozco; sé de su buen hacer fotográfico, y tuve oportunidad de comprobar su profesionalidad y bonhomía hace pocos meses, cuando subió a Jánovas con Rafael López (analógico vs. digital) y nuestro querido Javier Torres dispuestos a hacer fotos para una futura reedición del libro. Ha sido precisamente Javier Torres quien me ha avisado del error, cosa que le agradezco profundamente porque si algo no quiero es herir la sensibilidad de José Antonio: le estoy tan agradecida y me gusta tanto su trabajo... Corregido queda. Mil perdones. |