Add to Technorati Favorites
Publi: envíosCertificados: ahorra más del 60 % en tu partida de envíos. 100% legal
Facebook Twitter Google +1     Admin

inde-docs



Enlaces


En el Heraldo de hoy

En la pag. 21, sección "Tribuna":

El patrimonio de Sijena

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

08/03/2012 12:56 Marisancho Enlace permanente. Patrimonio No hay comentarios. Comentar.

El terno de San Valero y la desidia

No sé por dónde empezar a contar esta historia. Me da especial rabia decir esto, porque odio que cualquier autor de un texto diga esto mismo cuando se pone a escribir: “Caramba, pues si no sabe usted por dónde empezar, no empiece hasta que lo tenga claro, por dios, y vaya al grano”.

Pues hala, a morderme la lengua tocan. Porque si no empiezo esta historia contándoles a ustedes lo difícil que me está resultando abordarla, ni me arranco siquiera; que llevo varios días intentándolo y ya vale.

Mi admirado Roberto Miranda decía que a él le aconsejaron una vez: “Empieza siempre por lo que más te haya impresionado”. Haciéndole caso, les diré que lo que más me ha impresionado de lo que pretendo contar es la repetida, repetida, más repetida y recontrarrepetida acusación, por parte de nuestros estudiosos del arte a los aragoneses en general, y a los de los pueblos en particular, sobre el secular descuido que han mostrado hacia su patrimonio histórico artístico. Me impresiona esa acusación porque me parece tremendamente injusta; siempre me lo ha parecido, pero me duele más que nunca ahora que he estado dedicando un tiempo a averiguar cosas sobre nuestro secular expolio y/o pérdida patrimonial.

De verdad que es una acusación repetida. Léanse ustedes, al azar, cualquier artículo escrito por nuestros profesores del Departamento de Historia del Arte de la Universidad, o por los historiadores de origen aragonés de esta especialidad, aunque no pertenezcan a ese departamento, y lo comprobarán: señaladamente, en todo lo escrito en relación con los archifamosos “bienes de la Franja” y el litigio larguísimo sobre su devolución. La culpa, dicen ellos muy severos, la tiene la sociedad aragonesa que se dejó perder no sólo esos bienes, sino todos los que hoy figuran en museos y colecciones de todo el mundo, por desinterés, ignorancia, indiferencia, olvido y, sobre todo, desidia.

Hace unos días me encontré con un dato que me llamó mucho la atención: resulta que en 1922, el pueblo de Roda de Isábena presentó un recurso ante el Gobernador Civil de Huesca protestando por que el obispo de Lérida había vendido a un coleccionista barcelonés, Lluís Plandiura, una de las piezas más preciadas de su tesoro catedralicio, el famoso “terno de San Valero”, un conjunto valiosísimo de piezas textiles de uso litúrgico (casulla, dalmáticas, capa pluvial), único en el mundo por su antigüedad, origen, riqueza, belleza y otros valores religiosos, históricos y (para los del pueblo) sentimentales.

Los de Roda de Isábena denunciaban aquella venta, según se explica en una publicación de la Comisión provincial de monumentos de Huesca en 1923, porque aquellas piezas se las habían llevado a Lérida “so pretexto de mayor seguridad”; pero estaban en depósito, o sea que la propiedad seguía siendo de la catedral de Roda. Por ello solicitaban, como era de justicia, que se procediera a su recuperación.

Los de Roda de Isábena protestaron muy seriamente; y durante muchos años contaron a todo el que quiso oírles que el obispo de Lérida se había llevado aquellas piezas únicas “para restaurarlas” y “para garantizar su custodia”. Pero en todo caso estaba claro que esas piezas fueron llevadas a Lérida en depósito. Así que se explica bien que, en el momento en que se enteraron de que el obispo se las había vendido, protestaran como protestaron.

Bueno. El Gobernador Civil remitió la denuncia sive protesta a la Comisión Provincial de Monumentos, y ésta, a su vez, dio curso al expediente y lo envió al Excmo. Sr. Ministro de Instrucción Pública. Aquel Excmo. Sr. Ministro debió de usar el recurso como papel de sucio, en todo caso. Y ahí acabaron las esperanzas del pueblo de Roda para que los que podían hacer algo hicieran algo.

La venta de aquellas piezas al coleccionista Lluís Plandiura no tuvo, que sepamos, más repercusión en Aragón. Sin embargo, dio origen a un pleito muy sonado y larguísimo en tierras catalanas, pues detrás de su adquisición había estado también Joaquim Folch i Torres, presidente de la Junta de Museos de Barcelona. El pleito, que se desarrolló durante cuatro años en los tribunales, fue favorable finalmente a Plandiura, que pagó por aquel –ya famoso- terno de San Valero la nada desdeñable cantidad (para el año 1922) de 200.000 pesetas.

Nadie tuvo en cuenta, en aquel pleito, que las piezas procedían de Roda, que estaban en Lérida en calidad de depósito y que los de Roda habían protestado por ello con sus escasas fuerzas, sin ningún respaldo por parte de ninguna institución o poder público.

Diez años después, en 1932, el industrial Plandiura pasó por una etapa de crisis económica grave que le obligó a vender al Museo de Barcelona su magnífica colección de arte medieval; colección que en buena medida estaba integrada por piezas aragonesas. Durante años, los anticuarios a sueldo de Plandiura  habían peinado los pueblos catalanes y aragoneses (y algún otro de fuera) para rastrear la existencia de buenas obras antiguas y comprar todo lo que pudieran. Valiéndose de la ignorancia del pueblo, se hacían con retablos, custodias, frontales de altar, imaginería y otras muchas piezas por cuatro perras y las mandaban a Barcelona, a engrosar la colección del magnate barcelonés. Su colección llegó a ser increíble, valiosísima. La Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona acordaron su adquisición en el año antes citado, 1932, por siete millones de pesetas. Una cifra exorbitante para la época… y sin embargo, a mi juicio, bastante ajustadita, teniendo en cuenta el tremendo valor, incluso para esa época, de lo atesorado.

Ya por esas fechas, y desde luego en lo sucesivo, en todas las publicaciones donde se hablaba del terno de San Valero se indicaba que las piezas procedían “de la catedral de Lérida”, dejando su origen rotense como una mera tradición oral y, como tal, de dudosa validez. Se llegaba a decir que, con el traslado de la sede catedralicia de Roda a Lérida (con el intermedio de Barbastro), se habían trasladado también aquellas piezas maravillosas; sin contar con que esas piezas son de finales del siglo XIII y la erección de Lérida como obispado data de mediados del XII, o sea, más de cien años antes de su fabricación. Pero el director de la Junta de Museos de Barcelona se proponía, como dejó dicho más de una vez, “recopilar el arte catalán” y rehacer “mediante la recopilación, exposición y difusión, el pasado artístico catalán”… Ante ello, el escollo de su procedencia rotense era fácilmente salvable. Como lo fue, y lo sigue siendo, con la procedencia aragonesa de muchas otras piezas que se exhiben en distintos museos y muy señaladamente en el MNAC. (Esto es, en realidad, lo que me parece más grave de todo, porque cuando se niega u oculta el origen de las obras de arte es cuando verdaderamente se despoja a los pueblos de su patrimonio, de su identidad, de su historia.)

El propio Folch i Torres comentaba, acerca del enorme valor del terno de San Valero, que de él daba prueba “la desmedida ambición de coleccionistas y anticuarios de poseer pedazos de sus preciosas telas, que, por medios absolutamente ilícitos, se procuraron durante algunos años, y que explican la presencia, en varios museos textiles y colecciones privadas de Europa, de pequeños fragmentos que, sin duda a completa ignorancia del Cabildo de la catedral Leridana, se habían recortado con evidente deterioro del magno conjunto. Esta sustracción […] nos impuso la misión de procurar del Cabildo la venta del precioso ejemplar, para que, trasladado al Museo de Barcelona, se viera libre de una vez de estas rapacidades”.

(Menos mal que se llevaron el terno a Lérida “por motivos de seguridad” y para custodiarlo mejor. Dicho sea de paso,  el mismo Folch i Torres realizó varios viajes por Europa en los años veinte para llevar a cabo esas mismas “rapacidades” con obras artísticas de diversos países, por encargo del coleccionista Cambó.)

Bien, pues es aquí, llegados a este punto, donde se me atabalan los argumentos de tal forma que soy incapaz de darles orden. Así que los señalo según me mandan las vísceras, que el cerebro se me ha ido de paseo:

Vamos a ver:

–Todas las publicaciones que he consultado, absolutamente todas (tanto catalanas como aragonesas, para que luego nos acusen de catalanofobia), elogian la tarea de “salvamento y rescate” del patrimonio de los pueblos (tanto catalanes como aragoneses, que igual de ignorantes eran unos que otros) por parte de coleccionistas como Plandiura, obispos como el leridano Messeguer e intelectuales como Folch i Torres porque, dicen, no les movían intereses lucrativos o espurios, sino nobles y meritísimos. Ellos pretendían, se dice siempre, rescatar unas piezas que yacían olvidadas, arrumbadas, deterioradas y minusvaloradas por el pueblo ignorante y desidioso; y ponerlas a buen recaudo y restaurarlas y darlas a conocer y valorarlas en lo que merecían. Pretendían, por encima de todo, evitar que esas piezas las adquirieran anticuarios sin escrúpulos que las querían sacar de España para llevarlas a museos y colecciones del extranjero, singularmente estadounidenses y de la Europa del Norte.

–Si eso es cierto, si es ése el ánimo que les movía a unos y otros, me surge una pregunta tonta: ¿por qué no se les dijo a los de los pueblos, en alguna de las múltiples visitas que les hicieron tanto anticuarios como obispos como delegados de las juntas de museos, que ese patrimonio era un tesoro valiosísimo que no tenían que dejarse arrebatar por ningún medio? Estoy segura, como lo estará cualquiera que lo piense un minuto, de que si a alguien que tiene un retablo lleno de polvo en una sacristía le dicen que eso tiene un valor incalculable, ese alguien se preocupará diligentemente, acto seguido, de quitarle el polvo con todo cuidado y de guardarlo bajo siete llaves; y ya podrá venir entonces cualquier pelanas de ciudad a decirles “te compro esta tablucha por cuatro duros y te hago un favor, que te quito un tarro”, que lo mandarán a escaparrar como que me llamo Marisancho.

Pero resulta que eso fue lo único que no hicieron. Tanto unos como otros (obispos, anticuarios, coleccionistas, museógrafos) se cuidaron muy mucho de decir tal cosa, porque lo que pretendían era comprar (o llevarse “en depósito”) las piezas por el menor coste posible.

–¿Alguien puede aclararme la diferencia, respecto al cura o al personaje del pueblo que fuese que tuviera capacidad de venderse un retablo, entre un anticuario que trabajaba para un magnate estadounidense, un anticuario que trabajaba para un coleccionista catalán, un enviado de un obispo o un representante de una Junta de Museos, a la hora de deshacerse de una pieza de su patrimonio litúrgico, a cambio de unas perras que necesitaban para mantener la iglesia en pie, arreglar el tejado o realizar reparaciones básicas que nadie atendía, ni siquiera quienes estaban obligados a hacerlo? Pues, ah, no: si se lo vendían a unos, lo que hacían era dejarse expoliar estúpidamente; si lo cedían en depósito o vendían a otros, lo que se lograba era rescatar una parte del patrimonio en grave riesgo de perderse, en una tarea digna de todo elogio. Explícaselo, esto, a un feligrés o un cura de finales del siglo XIX. Desde luego, a una ciudadana del siglo XXI licenciada en Historia del Arte y, teóricamente, con algo de cultura y una pizca de sensibilidad por el patrimonio, como es una servidora, le cuesta lo suyo comprenderlo.

–En lo que he podido rastrear al hilo de todo esto, resulta que fueron muchas las veces que los que se llevaban las obras de arte, generalmente el obispo de la diócesis o el enviado de turno que estaba rescatando material para formar los fondos de un museo (del Arqueológico Nacional al Diocesano de Lérida, pasando por muchos otros), les costó muchísimo lograr que los de los pueblos “soltaran” las piezas. Hubo casos en los que la venta fue fácil, sí; pero también muchos otros en los que no. La gente se desprendió de sus santos y sus tesoros a viva fuerza, y porque no tenían quien les respaldase. Y esto, tanto de pueblos aragoneses como catalanes (y de todas las partes del mundo, me temo; pero estamos hablando ahora de una zona determinada).

–Yo pienso en esa gente expoliada de sus tesoros a la fuerza, como es el caso de los de Roda, que protestaron inútilmente ante las instituciones por una grave ilegalidad cometida tanto por el cabildo leridano (que se vendió unas piezas que no eran suyas, sino que las guardaba en depósito) como por el coleccionista Plandiura (que las compró) y por la Junta de Museos de Barcelona (que pretendió comprarlas, y que diez años más tarde acabó quedándoselas), y me cabreo profundamente cuando leo, una y otra vez, una y otra vez, a nuestros historiadores del arte afirmar que el patrimonio artístico aragonés se ha “perdido” por culpa de la ignorancia de los pueblos, de la sociedad aragonesa toda y de su desidia. Los del pueblo somos los culpables y encima le echamos jeta: “Ahora quieren recuperar unas piezas que se vendieron por ganar cuatro perras”, he llegado a leer, en relación con las reclamaciones de devolución de los bienes de la Franja. Ese desprecio me descompone, de verdad que me descompone.

Porque es doblemente injusto: las reclamaciones que hoy se hacen no deberían venir de los pueblos expoliados y engañados, al menos no en primera instancia y no en solitario; sino que deberían ser los sabios, los profesores, los entendidos en arte desde las instancias oficiales, y en primer lugar desde la Universidad, los que hicieran esa labor. Acompañados por las instituciones, que son las que pueden reclamar porque tienen autoridad para ello. En lugar de eso, son precisamente ellos los que nos echan la culpa de todo a los ciudadanos de a pie, a la sociedad aragonesa en su conjunto.

Paralelamente, e insisto en esto, van todos los elogios para los obispos y coleccionistas por su meritoria y loable labor de rescate de un patrimonio que, de otro modo (y esto se repite hasta la náusea tanto por autores catalanes como aragoneses), se habría perdido.

¿Quién ha defendido con toda su alma (sobre todo, en guerras y saqueos), cuidado, protegido, venerado y custodiado durante siglos tanto ese patrimonio expoliado como el que todavía nos queda? ¿Los catedráticos, los presidentes de comunidades autónomas, los políticos de las altas esferas… o los de cada pueblo?

“No han sabido valorar lo que tenían”. Okey, Mackey. Pobres paletos, que no sabían que esos frontales románicos eran un tesoro. ¿Y los eruditos? Me permito recordarles que hasta mediados del siglo XIX, los eruditos decían que el arte medieval era una pura aberración, un “arte bárbaro”, un auténtico mamarracho, algo completamente despreciable… Sin embargo, cuando esos mismos eruditos cambian su punto de vista y afirman que lo medieval es un tesoro, entonces es el pueblo el ignorante, el inculto, el que no sabe apreciar lo que tiene. Que lo tiene, les recuerdo, porque va y ellos sí lo apreciaban al margen de las corrientes imperantes en el gusto estético oficial: porque, guapos o feos, eran sus santos, sus patronos, aquellos que les protegían y a quienes rezaban pidiendo protección y misericordia.

Hoy, las piezas que quedaban del terno de San Valero procedente de Roda, que en 1922 se vendió el obispo de Lérida a un coleccionista por 200.000 pesetas (y a quien nadie tacha por ello), son la obra más importante que se exhibe en el Museu Tèxtil i de la Indumentària de Barcelona, porque allí fueron a parar, andando el tiempo. Pero aparecen como procedentes de la catedral de Lérida.

Lluís Plandiura, Joaquim Folch i Torres, el obispo Messeguer y otros personajes que atesoraron colecciones valiosísimas (que han ido a parar a muy diversos lugares) aprovechándose de su dinero, de su posición de poder y de la ignorancia de las gentes, aparecen en todas las publicaciones y obras de referencia como grandes próceres, padres de la patria, nobles personajes que dedicaron su vida a salvar el arte.

Los de los pueblos se quedan, además de huérfanos de sus tesoros, con el baldón de ser unos desidiosos, unos ignorantes y unos peseteros.

Mandan cojones.

14/09/2009 12:13 Marisancho Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Santa María del Soterranyo

Cuento esta historia porque a veces es necesario recordar que las profesiones que se dice que no valen para nada sí que valen para algo. (Lo de que se retribuyan un poco más dignamente es afilado tema para otro post.)

Hace muuuuucho tiempo pasé un año enterito entre legajos notariales del siglo XVI, de los que se guardan en Ejea. Se trataba de buscar documentación sobre el arte en la comarca en esa época, para una tesina que nunca llegué a terminar. ¿Parece aburrido, el tema? Pues, en efecto, lo es. Había días que me lo pasaba bomba, pero otros eran un rollazo de cágate, lorito.

Recuerdo que un día vino a buscarme mi padre con el coche. Yo había subido al archivo, a seleccionar legajos para consultar, y me había puesto perdida; que los legajos tienen polvo casi casi desde el siglo XVI y yo iba, boba de mí, vestida de blanco. Cuando mi padre me vio con aquella pinta me dijo:

–Hija mía, ¿y pa esto has estudiao?

Encontré cosas chulas. Noticias saladas sobre la construcción de varias iglesias, sobre el Estudio de Gramática de Ejea, sobre historias cotidianas de la época que eran un bombón. Y hasta un divorcio.

Pero lo que más juego dio fue la historia de la iglesia de San Martín de Biel. Se construyó en tres fases a lo largo de cuarenta años, entre 1541 y 1581, y fue obra de canteros vascos, bajo la dirección principal de Juan de Marrubiza. Pues va y me encontré los contratos de todas las fases, las cláusulas detalladas de la ejecución de la obra, los cobros, la tasación… y hasta una planta del nivel de las bóvedas. Un lujazo.

El alcalde de Biel, José Luis Lasheras, que es un cielo, me puso en contacto con el arquitecto restaurador de la iglesia, Fernando Alegre, y juntos visitamos las obras varias veces. Eran una gozada aquellas visitas: él me enseñaba a “leer” el edificio y yo le iba contando cosas de mis hallazgos en los documentos. Finalmente, dimos una conferencia conjunta en Biel y publicamos un largo artículo en la revista Suessetania, allá por 1995.

Yo le comenté varias veces a Fernando Alegre que, además de los contratos de obra, había encontrado en los documentos varias alusiones a “la capilla de Nuestra Senyora del Soterranyo”, donde, por cierto, se guardaba la arqueta con los redolinos para la elección de los cargos del concejo de Biel (justicia y jurados, digamos que equivalentes a alcalde y concejales).

Eso de Nuestra Señora “del Soterranyo” tenía una pinta de cripta bastante evidente. ¿No?

En aquel artículo de la Suessetania llegué a escribir, sobre la iglesia (presumiblemente, románica) que fue derribada para construir la del XVI, que es la actual:

“Presentaba, asimismo, una cripta o capilla bajo el nivel del suelo, lo que puede deducirse de las abundantes alusiones en la documentación a la ‘capilla de Nuestra Senyora del Soterranyo’. Estaría situada probablemente en la zona del actual presbiterio y se podría intentar localizar exactamente su disposición en el transcurso de las próximas fases de la restauración, ya que muy bien podría darse el caso de que no hubiera sido destruida sino parcialmente, y que el resto permanezca todavía en el subsuelo, colmatado”.

Fernando Alegre, el arquitecto, me prometió que, si conseguían dineros para llevar adelante esa búsqueda, en las futuras fases de la restauración que necesitaría el monumento, se encargaría de buscar aquella cripta.

Pasaron diez años. En el verano de 2005, que fue uno de los más complicados de mi vida (niño de dos años y medio, niña recién nacida y operada, madre en fase terminal… y más historias que vamos a dejar estar), una mañana me llamó Fernando Alegre:

–Mari, ¿estás sentada?

–Estoy con la niña en brazos y con el chico agarrao a mis piernas. ¿Por?

–Porque hemos encontrado la cripta.

–¿La qué? (Estaba yo como para acordarme de historias.)

–¡La cripta de la iglesia de Biel!

–¡No jodas!

–¿Y sabes lo mejor? ¡Tiene pinturas! ¡Unas hermosas pinturas góticas!

Aaaayyyy… ¿Os podéis imaginar el alegrón que me di?

Aquellas largas horas entre legajos llenos de polvo y con una letra infame, aquellos viajes diarios a Ejea durante un año, con un tarro de coche que consumía más que yo, para una tesina que nunca llegué a escribir… ¡habían servido para algo!

Hoy, que necesitaba recordar que los merluzos que perdemos horas sin talento con estas cosas va y somos útiles, he querido contaros esta anécdota, y mostraros las fotos de aquel descubrimiento.

Me hace ilusión.

biel-5-ago-05-11

biel-5-ago-05-71

biel-5-ago-05-12

10/06/2009 00:21 Marisancho Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

De Inde a Inde

20090503185127-deinde.jpg

Llevo tiempo ya con este blog duplicado, poniendo los posts en blogia y en Zaragozame.

Emilio Jio me invitó a instalarme en su casa y creo que ni a las modelos más cotizadas les habrán puesto nunca delante una alfombra roja con tanta elegancia como la que Zaragozame desplegó conmigo.

No migré inmediatamente por dos motivos: porque le tengo cariño a Blogia y porque todavía no me aclaro mucho con WordPress, así que por un lado me daba pena "mudarme" y por otro la mudanza se me hacía cuesta arriba, por falta de dominio de la nueva "arramienta"...

Pero creo que ya vale: me instalo ya en Zaragozame, porque si no nunca voy a acabar de aprender a manejarme bien en el otro formato.

Dejo abierto este blog, de todos modos. Me gustaría transformarlo en "inde-docs", como ya figura en la cabecera... Pero eso, si consigo llevarlo a cabo, ya os lo explicaré.

Muchas gracias a Blogia por haberme brindado este lugar durante casi tres años. A partir de ahora, el blog de Inde está aquí.

03/05/2009 18:51 Marisancho Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

April, the veintidosth: mi cumple

Para celebrar las cuatro decenas y cuatro unidades de años que cumplo en esta tan singular y primaveral fecha, voy a decir algunas cosas buenas de estos días que han sido como regalos. (Me gusta el cuatro: el que no se consuela, porque no quiere.)

1. Ya dije yo que acabaría colándome en una de las funciones de "Cajal, el rey de los nervios". Me colé, of course. Y me lo pasé bomba, como todos los críos que habían ido ese día. Qué bien, qué bien, qué bonitas son las cosas bien hechas. Flipé con el rap del esqueleto, por ejemplo. Toda la obra y la puesta en escena es tan buena como prometía. Toda. Ole y ole, que diría mi amigo Sonfór.

[Santiaguico y don Jacinto, que lo funde, cuando aún estaban a medio hacer. La foto está tomada del blog de Víctor Rebullida, autor de la música, que es otra parte magnífica de la obra.]

2. También me lo pasé bomba el día de la presentación de Aragón a la Brasa. Labordeta dijo que le parecía fantástico que ese libro hubiera conseguido lo que él no consiguió en cuatro años en las Cortes: cargarse un estatuto que no vale para nada. Julián Casanova puso el punto genial al asegurar estar admirado de que alguien tuviera tanta imaginación para sacar ideas divertidas y luego escribirlas, y luego lograr que alguien se las editara. Carbonell tuvo que aclararle que el libro se lo autoeditaban. Casanova se ruborizó. Qué bonito me sigue pareciendo que la gente se ruborice. El profesor también dijo algo con lo que estoy absolutamente de acuerdo: es un libro, como todos los de este dúo, para ser leído en voz alta: se ríe uno mucho más a gusto.

Roberto Miranda, que dijo que este era "un libro del asombro", con un humor "sin retranca", un humor "de ida", leyó el fragmento "Primer viaje en globo hasta lo que dio el aire", dentro de la sección "Expediciones aragonesas olvidadas". Lo reproduzco seguidamente porque aún mestoy partiendo:

Federico Cajalón se pasó noches enteras cosiendo sacos sin respirar. No se lo contaba ni a su mujer. Creían que era para coger olivas o pescar. Un día de viento que vieron cómo se hinchaba, no pudieron sujetarle. Con semejante parapente, se lo llevó el aire. Antes de llegar al barranco ya se había roto la crisma, al grito de "¡Mecagüen la rarma del copón!". Ahora, noventa años después, le han reconocido su hazaña y le han concedido el premio I+D al denuedo inútil aragonés. Lo enterraron a cachos según iba apareciendo. Durante una semana hubo funerales todas las tardes y la gente encantada.

3. He vuelto, después de muuuucho tiempo, a consultar documentos antiguos por ahí. Busco datos sobre el Castillo de Sora, en Castejón de Valdejasa. Es un castillo maravilloso al que apenas nadie ha hecho caso, y la verdad es que voy encontrando cosas bonitas. Vaya, que me lo estoy pasando bomba (ya van tres, ¿no?).

Por una vez en la vida, además, voy a decir algo bueno de un banco. Bueno, de una caja de ahorros. Concretamente, de Ibercaja. ¿Me he vuelto loca? No, no: cuando las cosas se hacen bien, hay que decirlo y no sólo lo que se hace mal. En este caso, estoy encantada de los nervios (como Cajal) de la iniciativa de la susodicha entidad de digitalizar, ordenar y poner a disposición del respetable, con un buscador fénstico y un personal amabilísimo, los fondos del Archivo de la Corona de Aragón y del Archivo Histórico Nacional, referidos a Aragón. Es un trabajo todavía no acabado (llevan unos 9 años en ello) pero lo que tienen, que ya es mucho, se puede consultar en el Palacio de Larrinaga, que además es un edificio precioso.

4. Mi amiguico amigazo Víctor Gomollón, que es un artista de estos de campanillas que me tiene transida, está que se sale. Qué bueno que es, el jodío. Ha hecho un cartel precioso del copón para Pirineos Sur, véase:

Y ha diseñado unos libros deliciosos, véase también una muestra:

(Aquí, más muestras y más información.)

Desde esta humilde casa, un abrazo a la madre que lo parió.

5. Me voy a pasar el puenting a Barcelona, mi querida Barcelona. Que viví allí tres añicos y hace un montón que no piso mi antiguo barrio, ni veo a mi gente, ni me paseo por el puerto o por las Ramblas. Y ya toca. Ayyyy, no saben ustedes las ganas que tengo de verme por allí.

Como habrán dicho hoy en mi pueblo hasta desgañitarse: ¡¡VIVA LA VIRGEN DE SANCHOABARCAAAAAA!!  ¡¡VIVA!!

21/04/2009 23:53 Marisancho Enlace permanente. sin tema Hay 10 comentarios.

Aragón a la Brasa: se presenta hoy

He escrito ese post "vacío" que ha figurado aquí todo el día desde el ordenata de una biblioteca. Os puedo asegurar que no era un post vacío, pero algún duende se me lo ha comido.

Lo que yo había escrito era un recordatorio urbi et orbe de la presentación del libro de Carbonell & Miranda esta tarde a las 19: 30 en el Drinks&Pool (antes MasterPool).

 

El post original tenía más gracia. Ahora no me sale, que me he cabreao con la pirula informática que me han hecho... Cagontó...

Bueno, que nos vemos allí luego, ¿no?

16/04/2009 10:15 Marisancho Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Cajal, el rey de los nervios

Hoy se ha estrenado la obra de teatro de títeres “Cajal, el rey de los nervios“. Me han contado unos pajaritos que han ido al estreno, que ha sido una auténtica gozada.

No sabéis lo que me alegro.

Me gustaba de ese proyecto todo: la idea, los títeres, el objetivo, el título. Pero no conocía más que el pequeño dossier de presentación. No sabía cómo era la obra, cuál el resultado.

Pues, al parecer, es magnífico.

En realidad, no podía ser de otra manera, si…

…el autor es Adolfo Ayuso,

…la dirección es de Ignacio Fortún y Helena Millán,

…la ponen en escena Los Títeres de la Tía Elena,

…participa mi querida paisana Sol Jiménez,

…la escenografía es de Ignacio Fortún

y el diseño gráfico de Fernando Lasheras…

Mirad a las neuronas bailarinas, los personajes de la obra, el microscopio que utiliza el Cajal adulto…

¿No os dan ganas de verla ipsofactamente?

La ponen en el Centro Joaquín Roncal, de la CAI, pero sólo es para colegios. Tienen ya una tira de coles apuntados (entre los que, por cierto, no está el de mis críos: grrrrr) y apalabrada una gira posterior. No sé si no me acabaré colando en alguna función…

La idea partió de Ciencia Viva; un programa educativo que no conocía y que organiza, al parecer, actividades estupendas: exposiciones, viajes, conferencias de científicos en institutos... siempre con el objetivo de acercar la ciencia a los niños y jóvenes. Esto es lo que cuentan sus promotores que pretendían con esta obra:

Se presenta la figura de don Santiago desde perspectivas diversas, dado su carácter polifacético, dando realce a sus rebeldías y travesuras adolescentes y a su curiosidad, con el método científico sobrevolando la escena en todo momento y, en palabras de los guionistas, siempre con el microscopio presente, pero mirando más allá.

Se ha organizado para que los jóvenes alumnos disfruten con el conocimiento científico como fondo y entiendan que sin la curiosidad, el planteamiento de preguntas y la búsqueda de respuestas no hay avances científicos.

En la guía didáctica (que es otra gozada), de hecho, se plantea la cuestión de qué es un científico:

 Podríamos decir que un científico es alguien:

  • Que le gusta mirar todo lo que pasa a su alrededor
  • Que tiene curiosidad por saber y por entender las cosas que ve
  • Que busca explicaciones a esas cosas
  • Que intenta hacer pruebas o experimentos para comprobar que esas explicaciones son ciertas o falsas
  • Que tiene una gran paciencia para aprender de sus errores y una gran voluntad para seguir buscando nuevas explicaciones

Enhorabuena a todos los autores y promotores de este precioso trabajo.

Y voy a llamar ahora mismo al cole de mis críos (grrrrr) para que se apunten, puñetas ya.

15/04/2009 15:43 Marisancho Enlace permanente. sin tema Hay 6 comentarios.

Somos Aragón

20090413094832-20090411110904-09-04-09.jpg

 

¿A que Cano es el mejor?

13/04/2009 09:49 Marisancho Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Jóvenes, cello, multas

Recibo, por una lista de correo, esta carta que Adolfo Allué Blasco, presidente de la Asociación Cultural El Cantero de Torrero, ha enviado a la sección de "cartas al director" de diversos medios. No conozco a este señor pero, salvo el título de la carta --que me parece que no pega ¡ni con cello!--, me parece muy bien lo que cuenta.

Hay que ver lo contundentes que son nuestros poderes públicos cuando se les pone en el píloro.

JÓVENES, MENTIRAS Y CINTAS DE VIDEO

El pasado mes de febrero la Asociación Cultural El Cantero de Torrero organizamos un pasacalles contra los recortes sociales en juventud por parte del Ayuntamiento de Zaragoza.

Frente a quienes piensen que las Autoridades no responden a las peticiones ciudadanas, juveniles o vecinales hemos de decir que esta vez el Ayuntamiento sí ha respondido. Hemos recibido una carta donde pone que tenemos que pagar entre 30 y 750 euros porque apareció un cartel -con cello- en una marquesina.

[...] en Torrero solemos ser cuidadosos con los carteles, que muchos los ponemos con cello ante la duda de molestar a los dueños de las paredes, que pegamos siempre en los sitios habituales donde pegan discotecas, conciertos... y los actos del Ayuntamiento.

Pero sí, es cierto: quién nos manda meternos con las inversiones en juventud, qué nos importará la juventud y los barrios... Sigamos recortando, privatizando, vaciando los barrios de tejido social crítico y marcos simplemente asociativos. Cuando los jóvenes no encuentren nada más que botellón y grandes superficies comerciales -las dos caras de una misma moneda-, se aburran, odien una sociedad que no les ofrece otra cosa que lo que puedan pagar, cuando rompan cosas sin sentido entonces les pondremos una cámara y un policía en cada esquina.

Es vuestro círculo perfecto. Creais las condiciones del hastío, de la imbecilidad, de la violencia. La gente tiene miedo y os vota. Y vosotros os vais a cenar con los empresarios del ramo. A preparar el próximo macroproyecto que solo requiere espectadores y consumidores. El próximo fuego de artificio que nos endeudará aun más pero que os llenará de votos. Anda y miraros las muelas.

 

10/04/2009 17:50 Marisancho Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

Alberto Menjón en el Homenaje a Anita Larraz

20090407013458-alberto-2.jpg

Mi único hermano, Babil, es íntegramente musical. Como es mayor que yo, no puedo afirmar que lo fuese desde bebé, pero estoy segura de ello. No me cuesta nada imaginármelo, gordito gordito, atendiendo con los ojos bien redondos a las canciones que mi madre le cantara, si le gustaban, y haciendo pucheros si no eran de su gusto, exactamente como hacía su hijo cuando era una auténtica miniatura.

Con nueve o diez años, mi hermano tenía una voz preciosa. Le ponía a todo el mundo los pelos como escarpias cuando cantaba el Ave María de Gounod. (Es ésta; pero hay que imaginársela cantada por una limpísima voz blanca y sin gorgoritos. Yo no la puedo oír sin emocionarme; a veces la toca una violinista que se pone en la calle Alfonso, y siempre se me arrasan los ojos.)

Ya por entonces empezó a aprender a tocar el piano con Anita Larraz, una de las dos profesoras de música que había en el pueblo. Cuando aquella voz prístina suya se le tornó voz de canónigo, empezó a dar la tabarra con el piano; no tocándolo, sino pidiéndolo. Lo pedía a todas horas:

--Babil, ¿quieres tomate con la carne?

--Yo no quiero tomate: yo quiero un piano.

--Babil, necesitas comprarte unos pantalones. 

--Yo no necesito unos pantalones: yo necesito un piano.

Como en mi casa no teníamos perras, yo no pensaba que lo fuera a conseguir. Pero por fin un año, mi padre, supongo que rindiéndose ante aquel empeño tenaz (pero tenaz, ¿eh?, tenaz), cogió de la cooperativa el sobre con el dinero de lo que cosechó en el monte, y se fue con él a la Sala Rono. A los pocos días, teníamos en casa un precioso Yamaha negro.

Mi hermano tiene talento para la música y tocaba muy bien. Pero llegó un punto en el que tuvo que optar entre dedicarse plenamente a la música o a las síntesis de paladio y platino, que eran el tema de su tesis doctoral; y eligió esto último. Como en toda tesitura semejante, lo que no se elige da mucha pena no haberlo elegido.

Dejó, pues, de interpretar música; pero nunca ha dejado, ni dejará, de disfrutarla. Y eso, como ya he dicho alguna vez por aquí, a mí me parece un don.

Su talento se lo transmitió íntegro, vía genes, a su hijo. Alberto no sólo toca el piano que es una pasada, sino que tiene la fortuna de ese mismo don musical, manifiesto en su propia manera de ser.

Me da un poco de cosa ponerme aquí a echarle flores a mi sobrino; temo parecer la típica tía tontona, modelo "ay, no saben ustedes lo listo que es mi chico", y tal. Además, relatar la trayectoria de este crío, que tiene ahora 16 años (así que, ejem, ya no es tan crío; aunque en eso reconozco que sí soy la típica tía tontona), y glosar su brillantez, que es asombrosa, podría dar la impresión de que hablo de un tío pitagorín al uso... y déjenme que les diga que no van por ahí los tiros.

Lo mejor es escucharle. No va a poder ser aquí: no tengo grabación que enlazar, para mi pena (y la de ustedes). El sábado, sin embargo, tuvimos la ocasión de oírle por primera vez en Tauste, en un homenaje que se hizo a la memoria de las dos maestras de música que ha tenido el pueblo, y que trabajaron a la vez, en aproximadamente los mismos años: Ana Larraz y Rafaela Royo. En el título del post he puesto sólo a la primera, y ya me perdonarán los deudos de la segunda, pero es que a Rafaela prácticamente no la conocí. Ellas fundaron en 1980 la Escuela Municipal de Música y, sobre todo Anita, crearon coros e iniciativas musicales innumerables, sembrando la semilla del amor por la música en varias generaciones, como se pudo ver el otro día en el homenaje, en el que participó muchísima gente: miembros de los coros, del orfeón, antiguos alumnos... Su estela sigue bien viva y fértil.

Brilló Alberto en el concierto del sábado: encandiló a todo el mundo. Tocó tres piezas hermosísimas, impecables. No se oía una mosca en la sala, y los aplausos al final fueron un clamor. La vena musical de esa criatura me volvió a poner, como siempre hizo mi hermano, la emoción en la garganta.

Enhorabuena, cariño. Y un millón de gracias por toda la belleza que nos regalas.

07/04/2009 01:34 Marisancho Enlace permanente. sin tema Hay 7 comentarios.


Blog creado con Blogia.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris